Colaborador Invitado

Pantallas, aprendizaje y lo que el foro de la SEP debería responder

Lo que la era actual exige es priorizar que los estudiantes mexicanos aprendan a leer con comprensión, a expresarse con claridad, por escrito y de forma oral, a desarrollar bases matemáticas sólidas y a razonar con rigor.

La SEP hizo un foro con la UNESCO para evitar el abuso del celular en los estudiantes. Qué bien. ¿Pero hay coherencia entre ese discurso y las acciones?

La evidencia ya no deja margen para el debate: el uso intensivo de pantallas en las etapas formativas no mejora el aprendizaje, sino que lo deteriora.

El caso de Suecia es claro. En el año 2000 eran de los más altos de Europa en comprensión lectora. Luego, apostaron por sustituir los libros físicos por tabletas desde edades tempranas. Para 2022, uno de cada cuatro estudiantes terminaba la secundaria sin alcanzar la comprensión lectora básica.

Ante esa evidencia, el gobierno sueco reorientó su política y, en 2025, destinó recursos a la compra de libros y al fortalecimiento de las bibliotecas escolares. Finlandia, por su parte, encendió las alarmas al limitar el uso de teléfonos en las aulas debido a sus efectos sobre la atención.

Canadá, Australia, distintos distritos escolares en Estados Unidos y en otros países están adoptando acciones similares. Estas no son medidas nostálgicas ni ideológicas, sino correcciones basadas en evidencia.

Estudios de neurociencia educativa, como el del Teachers College de la Universidad de Columbia, muestran que la lectura en papel activa procesos cognitivos distintos a los de la pantalla y favorece una comprensión más profunda. Escribir a mano, en particular, fortalece la memoria y consolida el aprendizaje de una manera que ningún monitor replica.

La evidencia apunta a que los estudiantes que leen principalmente en pantalla se encuentran, en promedio, hasta dos años académicos por detrás de quienes leen en papel. A ello se suma que el uso excesivo de dispositivos antes de dormir afecta la calidad del descanso, lo que deteriora aún más la capacidad de atención y retención al día siguiente.

La diferencia crucial entre el caso sueco y el mexicano

Suecia tenía cimientos sólidos antes de digitalizar los aprendizajes, y aun así los perdió. México ha entrado en las estrategias de digitalización sin haber construido esos cimientos fundamentales. PISA 2022 confirma que apenas poco más de la mitad de los estudiantes mexicanos de 15 años alcanza el nivel mínimo de comprensión lectora necesario para la vida adulta. Los docentes enfrentan aulas en las que los estudiantes no entienden lo que leen, no se comunican con claridad y están distraídos recurrentemente por el celular.

A esto se suma la inteligencia artificial: la OCDE 2026 muestra que la IA generativa puede aumentar el desempeño en tareas prácticas hasta en más de 127 por ciento, pero reducir hasta 40 por ciento el aprendizaje real del estudiantado en evaluaciones a libro cerrado. La tentación de delegar en la IA las tareas escolares puede producir, paradójicamente, estudiantes que aparentan saber más, pero aprenden menos.

Para evitar el abuso del celular en los estudiantes, la SEP y la UNESCO organizaron el foro «Más allá de las pantallas: Impacto de las Tecnologías Digitales en la Educación y en la Salud Mental». Que la SEP abra esta discusión es una buena señal. Pero hay cierta incoherencia entre el discurso y las acciones que se han tomado.

El presupuesto de la Dirección General de Materiales Educativos, responsable de mejorar los libros de texto, se recortó 76.3 por ciento desde 2024; la formación continua de docentes perdió poco más de la mitad de sus recursos; y apenas una de cada dos escuelas públicas de educación básica tiene al menos una computadora y, de éstas, sólo 48 por ciento tienen acceso al internet.

En cambio, lo que la era actual exige es priorizar que los estudiantes mexicanos aprendan a leer con comprensión, a expresarse con claridad, por escrito y de forma oral, a desarrollar bases matemáticas sólidas y a razonar con rigor. Esto implica invertir en formación docente de calidad, corregir a profundidad los libros de texto y garantizar materiales educativos con contenido y secuencias didácticas adecuadas.

Los sistemas educativos que hoy son referencia mundial no son los que mejor digitalizaron sus aulas, ni los que simplemente apostaron por prohibir los celulares en el salón de clases. Son los que primero resolvieron lo básico: garantizar la calidad y la pertinencia de los aprendizajes.

Marco Antonio Fernández Martínez

Marco Antonio Fernández Martínez

líder de la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad (IEEC) de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey y coordinador de los programas de Educación y Anticorrupción en México Evalúa.

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