Lo que propone la MAGAización de Europa es blanquear la historia y las narrativas de la memoria, oponiéndose a los avances hacia la igualdad racial y étnica.
¿Alguna vez se ha preguntado usted por qué Donald Trump y sus acólitos en MAGA promueven la narrativa de que la Unión Europea es débil y va por el camino equivocado?
Yo sí. Y de mis preguntas me han surgido muchas más dudas.
¿Será porque en el auge de opciones políticas ultranacionalistas y de extrema derecha en países de la Unión Europea como Alemania, Francia o Países Bajos ven una oportunidad de MAGAnizar al continente?
¿Será porque en Europa se promueve la igualdad social, racial, étnica y religiosa, y se impulsan políticas de inclusión de los inmigrantes que los MAGAS consideran peligrosas?
¿Será porque los MAGAS recelan del estado de bienestar que ha caracterizado al modelo social demócrata europeo al combinar el libre mercado con regulación estatal e impuestos progresivos para garantizar un sistema educativo y sanitario básicamente gratuitos, así como una norma obligatoria de pensiones a sus ciudadanos?
Sin duda, su antipatía a Europa tiene mucho que ver con estos temas, pero no clarifican adecuadamente la feroz hostilidad de los MAGAS.
La animadversión de Trump hacia la UE empezó ideando disputas comerciales dañinas e innecesarias, se intensificó con la exigencia de un mayor gasto en defensa dentro de la OTAN, una reclamación que sin duda es justificada, se agravó por sus declaraciones imperialistas e impertinentes sobre Groenlandia y culminó con su alucinada teoría de que Europa enfrenta un “borrado civilizatorio”.
Descendiente de expatriados (aunque de dudosa reputación), en su racismo xenófobo, Trump sostiene que la entrada de personas del tercer mundo, mayormente pero no exclusivamente musulmanes, está destruyendo la identidad nacional y la cultura occidental de Europa y Estados Unidos.
En un documento reciente, Trump expone en su estrategia de seguridad nacional para Estados Unidos en el mundo que EU debería “cultivar la resistencia” en toda Europa apoyando a partidos políticos, que aunque no nombra específicamente, es obvio que se refiere al Reform U.K. en Gran Bretaña y el AfD, Alternativa para Alemania, un partido clasificado como extremista por los servicios de inteligencia alemanes.
Es decir, insta a Estados Unidos a apoyar un patriotismo europeo asociado principalmente a movimientos conservadores de derecha y neofascistas que buscan desmantelar la protección federal de los derechos civiles y la diversidad étnica y racial.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich este febrero, el vicepresidente JD Vance sorprendió a los líderes europeos al instarlos a poner fin al aislamiento de los partidos de extrema derecha en el continente.
Días después, en el mismo escenario pero con mayor inteligencia maquiavélica, el secretario de Estado, Marco Rubio, inscribió la MAGAización europea en el marco de la civilización de Occidente.
El Occidente que Rubio describió fue un mundo blanco, cristiano y nacionalista, rotundamente privado de la maravillosa contribución de la Ilustración que transformó la esencia de la civilización occidental al priorizar la razón, el individualismo y el escepticismo hacia la tradición, reemplazando la monarquía absoluta por ideales democráticos, estableciendo derechos naturales y la separación de poderes.
Que impulsó grandes revoluciones, que promovió de manera especial el secularismo para disminuir la influencia de la superstición y el dogma religioso, que fomentó la investigación científica y sentó las bases de las democracias liberales.
Lo que propone la MAGAización de Europa es blanquear la historia y las narrativas de la memoria utilizando lo que, acertadamente, la historiadora Carol Anderson ha denominado “Rabia Blanca”, es decir, la reacción de la población americana, protestante, de raza blanca que se opone a los avances hacia la igualdad racial y étnica.