Colaborador Invitado

Comprar en las caídas puede ser una trampa

Un motivo de la popularidad de estas estrategias es que se tiende a olvidar que los mercados bajistas mundiales, largos y profundos —como los que provocan las recesiones— pueden ocurrir.

Cada vez que la bolsa retrocede, algunos expertos recomiendan comprar para obtener ganancias con los rebotes. En México, la situación actual es la contraria, ya que, después del auge bursátil de 2025 y principios de 2026, los inversionistas que buscan comprar a precios mínimos mantienen altos niveles de efectivo —de manera equivocada— a la espera de mejores momentos de entrada al mercado, en la próxima caída. Pero, salvo que uno pueda adivinar el momento idóneo con una precisión absoluta, comprar en las caídas reporta malos resultados en los mercados alcistas y en los bajistas. Se lo explico en las próximas líneas.

La estrategia de comprar en las caídas suele implicar mantener efectivo para sacar partido del retroceso de las acciones. Sin embargo, mantener un exceso de activos líquidos de escasa rentabilidad en mercados alcistas tiene un gran costo de oportunidad, dado que las acciones suben mucho más a menudo de lo que bajan. Como sabe, los bancos mexicanos solo remuneran a entre el 1% y el 3% las cuentas de depósito, y en muchos casos incluso menos; cifras en todo caso por debajo de la moderada inflación actual, del 3.8%. O sea, el efectivo hace mella en su patrimonio. Si tenemos en cuenta, además, que para 2026 anticipo que se prolongarán las alzas, esperar a una caída, significa quedarse sin las ganancias que se acumulan con el tiempo.

Algunos inversionistas compran al descubierto, pidiendo préstamos para comprar con apalancamiento en las caídas y exprimir las ganancias todo lo posible. No obstante, esta estrategia encarece la inversión por el costo de los intereses. Otro de los problemas habituales es el exceso de confianza. Si resulta que estaba equivocado y las acciones bajan, el endeudamiento amplifica los retrocesos y puede provocar lo que en la jerga financiera se conoce como margin calls, es decir, ventas forzadas que consolidan las pérdidas.

Un motivo de la popularidad de estas estrategias es que se tiende a olvidar que los mercados bajistas mundiales, largos y profundos —como los que provocan las recesiones— pueden ocurrir. El último finalizó hace 17 años, en 2009. Hace tanto tiempo que la gente piensa que comprar en las caídas previene los golpes mayores: una creencia que se basa en que son los flujos de entrada y salida los que determinan los ciclos del mercado. No es así, porque, por cada comprador siempre hay un vendedor.

Por ejemplo, en febrero de 2000, la inversión neta en fondos de renta variable fue de 50,000 millones de dólares en Estados Unidos, y esa cifra siguió aumentando. El vertiginoso mercado alcista de los noventa tocó techo el mes siguiente. Y, tras dos años terribles, los inversionistas estadounidenses habían retirado la impresionante cifra de 55,000 millones de dólares en julio de 2002 y siguieron haciéndolo hasta principios de 2003. Pero en octubre de 2002 ya había comenzado un mercado alcista. Y lo mismo ocurrió en torno al mínimo de 2009.

Es cierto que la bolsa mexicana se disparó en 2025 mientras aumentaban las entradas de capital. Ahora bien, en el Reino Unido se retiraron miles de millones y, aun así, la bolsa se revalorizó un 17% en pesos. Quizá no tanto como la BMV, pero casi el triple que la renta variable mundial. En definitiva, los movimientos de fondos no condicionan la dirección de los mercados.

En los mercados bajistas, la única compra que vale es la última. Cualquier mala racha grave está llena de obstáculos, y los peores son los últimos. Se podría comprar en las caídas prácticamente hasta el final, quemando el efectivo hasta que el mercado toque fondo, cuando los grandes altibajos asustan y dan ganas de salir o se activan las margin calls.

Desde luego, quien sea capaz de calcular con precisión ese mínimo conseguirá batir al mercado. Quizá usted crea que puede hacerlo, pero es una habilidad poco común. La mayoría compra cuando se siente optimista, como a principios de la década de los 2000, y vende cuando el panorama le causa temor, tras haber afrontado grandes caídas. Por más gente que diga que compra en las caídas, casi nadie lo hace en el mejor momento.

Una mala sincronización con el mercado puede ser fatal. Desde 1994, cuando empezamos a contar con datos diarios, el MSCI México ha cosechado una rentabilidad anualizada del 13% hasta finales de enero de 2026. Si se excluyen las diez mejores sesiones bursátiles de ese período, la cifra baja al 7.7% y, sin las veinte mejores, al 4.3%; es decir, menos de una tercera parte. Además, muchos de esos mejores días tienen lugar cerca de los peores, por lo que acertar con el momento oportuno se convierte en una tarea ardua.

Por suerte, no lo necesita. Al final, invertir no tiene nada que ver con elegir el momento idóneo, así que abandone la idea de comprar en las caídas. Si comparte mi optimismo, no espere más y compre. Luego, tenga paciencia y deje que el crecimiento compuesto obre su magia.

Ken Fisher

Ken Fisher

Fundador, presidente ejecutivo y codirector de inversiones de Fisher Investments

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