La reciente decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos de invalidar aranceles impuestos bajo la IEEPA y el anuncio posterior de nuevos gravámenes bajo la sección 122, modifican el entorno comercial en vísperas de la revisión formal del T-MEC.
En el corto plazo, el impacto directo sobre México parece limitado.
Una proporción significativa de sus exportaciones cumple con las reglas del tratado, lo que acota el efecto sobre el arancel efectivo promedio. Sin embargo, el riesgo relevante es estructural.
Si la política comercial estadounidense migra hacia instrumentos como la sección 232 o 301, potencialmente con menos exenciones para México, el marco podría volverse más restrictivo en sectores estratégicos como el automotriz y la manufactura avanzada.
La revisión del T-MEC ocurre en un contexto de redefinición industrial en Estados Unidos, con énfasis en fortalecer su base manufacturera y reducir dependencias externas.
Es probable que la negociación incluya reglas de origen más estrictas, mayor contenido regional y ajustes en mecanismos de cumplimiento.
En paralelo, el frente de seguridad ha adquirido una dimensión estratégica.
México ha mostrado avances medibles en la reducción de flujos migratorios y en la cooperación contra el tráfico de fentanilo.
La reciente operación que derivó en la muerte de Nemesio Oseguera, “El Mencho”, fue bien recibida por autoridades estadounidenses y reflejó un mayor nivel de coordinación bilateral, incluyendo inteligencia compartida.
Este giro hacia una postura más activa en materia de seguridad puede fortalecer la posición negociadora de México en el proceso de revisión.
No obstante, el impacto interno es menos predecible. Históricamente, la eliminación de liderazgos criminales ha generado periodos de reacomodo que pueden traducirse en episodios de violencia regional.
En el pasado, vacíos de poder han coincidido con fases de mayor volatilidad.
La clave será la capacidad institucional para contener efectos secundarios y evitar que el proceso derive en disrupciones económicas más amplias.
El escenario más probable para el T-MEC es una negociación prolongada, con ajustes graduales más que cambios disruptivos.
Más que un punto de ruptura, esta etapa representa una recalibración estratégica.
México sigue siendo un socio clave en la integración regional; la cuestión central es bajo qué condiciones evolucionará esa relación en un entorno global más fragmentado.
La consistencia institucional será determinante para preservar la certidumbre económica en los próximos años.
La incertidumbre sobre el futuro del T-MEC está lastrando la inversión física y el crecimiento económico en México.
Sin embargo, las variables financieras —como el peso o la bolsa mexicana— parecen descontar una resolución constructiva en el frente comercial.
Compartimos ese optimismo, a pesar de la complejidad de las negociaciones que se avecinan.