Colaborador Invitado

IA para todos: Del riesgo existencial al motor de desarrollo global

La Cumbre de Impacto IA 2026 en India marcó un giro: más de 80 países apuestan por democratizar la inteligencia artificial, atraer inversión y potenciar empleo, sin ignorar riesgos.

De hace unos pocos años a la fecha, uno de los cursos que he impartido está relacionado a temas de innovación y tecnología. En algún momento de la sesión, aprovecho para generar una discusión y una reflexión a partir de la primera de ley de la robótica formulada por Isaac Asimov en 1940 que dicta que “un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño”. El foco del debate es plantear si esta ley, llevada al extremo, no causaría que los robots lleguen a la conclusión de que es necesario “gobernar” a los seres humanos y privarles de su libertad, ya que es justamente por gozar de dicha libertad, la razón por la que un ser humano es capaz de lastimar a otros.

Sabiendo de antemano que este pensamiento podría parecer radical y hasta con un toque de ficción, que de hecho sí ha sido llevado a una película de Hollywood, parte del itinerario es evidenciar el avance que las máquinas han ganado en materia de conocimiento de nuestros hábitos, gustos e intereses y de lo vulnerables que nos estamos haciendo a nivel social y empresarial. Si bien un primer propósito es inquietar a los participantes, el punto real de inflexión es cuando comenzamos a preguntarnos sobre todas las ventajas que pudiéramos lograr gracias a la evolución que hemos visto en materia de tecnología e inteligencia artificial. Es decir, pasar del miedo y la parálisis a un estado de optimismo y de oportunidad.

Con esperanza, pude constatar que mi intuición y enseñanza acerca de la tecnología y de su acelerado crecimiento, es acorde a las conclusiones de la reciente Cumbre de Impacto IA 2026 que se llevó a cabo en la India del 16 al 20 de febrero. En dicho foro, se declara que como sociedad debemos pasar de la era de considerar a la IA como riesgo existencial hacia una nueva etapa en donde la IA sea vista como motor de desarrollo. Lo relevante de la Cumbre fue congregar a relevantes actores mundiales: líderes políticos de la India, Francia, España, Brasil, titanes tecnológicos como OpenAI, Google, NVIDIA, Microsoft, Anthropic, y organismos internacionales como la ONU, el FMI y la OCDE. El lema del evento fue una “IA para todos” y fue muy significativo el que la sede haya sido en una economía emergente ya que tuvo un cambio de narrativa con respecto a eventos anteriores en el que el foco principal eran los riesgos. En esta ocasión el hilo conductor fue la implementación, la inclusión y la democratización.

Me parece que la Cumbre no trató de eliminar la idea de que la IA representa riesgos en materia de seguridad y estabilidad política y empresarial, o de que la evolución tecnológica va mucho más rápida que la capacidad que tienen las autoridades internacionales, regionales y nacionales para regularla, pero sí partió de una premisa básica: la tecnología y la IA llegaron para quedarse y que es mejor optar por una postura de integración que una de aislamiento.

De lo más relevante fue que más de 80 países firmaron la Declaración de Nueva Delhi que entre sus puntos principales incluye: (a) la democratización del código para que la IA no esté bajo el control de pocas empresas o naciones, sino que se otorgue acceso y se destinen recursos especialmente hacia la parte sur del mundo, en donde se ubican la mayoría de las economías en desarrollo o con mayor rezago en el planeta; (b) lo anterior se reflejará en inversiones masivas de aproximadamente de 68 mil millones de dólares en países en desarrollo por parte de empresas como Microsoft, Amazon o Google; (c) ejes de gobernanza en tres pilares como Personas (para la protección del empleo), Planeta (para usar la IA en la lucha contra el cambio climático) y el Progreso (para impulsar el crecimiento económico inclusivo); (d) se presentaron normativas para obligar a las plataformas a retirar contenidos falsos en pocas horas y así proteger la integridad informativa; y (e) se consolidaron nuevas alianzas como la inclusión de la India en la Pax Silica Alliance para asegurar las cadenas de suministro de semiconductores, elemento necesario para el correcto despliegue de la IA.

Si lo firmado en esta Cumbre en efecto se llevara a cabo, eso significará que nuestro país y, en general, toda América Latina, dejaríamos de ser meros espectadores y comenzaríamos a tomar un rol más protagónico en el desarrollo de la IA a nivel mundial. Si bien todavía me cuesta creer que eso se hará realidad en un futuro cercano, sí hay indicios que nos pueden dar luces. Por ejemplo, las inversiones que AWS ha realizado en Querétaro con el objetivo de consolidar esa región como el hub de procesamiento de datos para Norteamérica o que empresas mexicanas y latinoamericanas que ya utilizan IA evolucionen a la utilización de agentes autónomos integrados en sus cadenas de suministro y con costos más bajos.

A pesar de lo anterior, una de las preocupaciones que sigue sin una solución clara sería lo concerniente a la generación o conservación de empleos. En efecto, la tecnología y la IA se han visto como el gran reto a vencer. En mi punto de vista, estos fenómenos sí afectarán a ciertas posiciones o tipos de empleos, pero no creería que al nivel de catástrofe como en ocasiones se piensa. Para algunos podría sonar a una visión ingenua o demasiado optimista, pero me parece que este fenómeno, al igual que varios otros que la sociedad ha afrontado en años recientes, siempre parten de una etapa en la que la emoción es alta y los bandazos claros, y al paso del tiempo se llegan a los puntos medios.

Hace unos meses se llevó a cabo un estudio entre la Organización Internacional del Trabajo y el FMI en la que estimaron la proporción de empleo en exposición debido a la IA. Los resultaos a nivel mundial marcan que únicamente el 20% de los empleos tendrían una alta exposición y una baja complementariedad con la IA, es decir, que esos empleos tenderían a desaparecer. El restante 80% se mantendrían o tendrían una alta complementariedad con la IA. Cuando se visualiza ese porcentaje en economías emergentes como la mexicana, el porcentaje de pérdida de empleaos incluso es menos trágico.

Ante la pregunta obvia de si no me parecería que una quinta parte de pérdida de empleos ya es algo de relevancia, volvería a contestar que no, pero no por el porcentaje, sino por dos razones: (1) la IA no es nueva y lleva ya unos años y si en esta primera etapa de bandazos no ha desaparecido empleos de forma masiva, dudo que lo vaya a ser en el futuro próximo, y, más importante, (2) porque en lugar de tener una mentalidad proteccionista basada en que las empresas siempre buscarán estrategias de únicamente eficiencia y de desaparición de empleos, soy un convencido de que la naturaleza humana y empresarial por lo general buscará nuevas oportunidades de crecimiento en el que la gente seguirá siendo relevante. Sí desaparecerán unos empleos, pero las oportunidades evolucionarán y esas personas que se quedaron sin trabajo, verán emerger nuevas oportunidades.

Entonces, ¿debemos cuidarnos de los cambios tecnológicos y de la invasión de la IA? Sí, desde una óptica de ser siempre cautelosos ante los cambios que se nos presentan, pero no desde una postura de pensar que debemos crear un mundo paralelo sin tecnología, pues eso nos rezagaría y perderíamos la oportunidad de integrar y potenciar a las organizaciones.

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