Una de las mayores lecciones que dejó el año pasado a las empresas mexicanas fue el verdadero valor que hoy tiene el compliance para su operación y continuidad.
Lo que durante años fue visto como un requisito administrativo o un asunto secundario, adquirió tal relevancia que se convirtió en un elemento crítico para la estabilidad de los negocios en un entorno cada vez más complejo y vigilado.
Una muestra fue cómo, a lo largo de los últimos doce meses, distintos sectores enfrentaron episodios de tensión derivado de la falta de prácticas de control y cumplimiento que les permitieran enfrentar los desafíos que se les iban presentando.
Ejemplo de ello fue el sector financiero, cuyos bancos se vieron envueltos en crisis que pusieron en evidencia distintas debilidades estructurales y la ausencia de acciones sólidas de compliance.
Estos episodios no solo generaron impactos reputacionales y económicos, sino que también encendieron alertas en todo el ecosistema empresarial.
Fue así como la conversación en torno al cumplimiento se convirtió en un tema central en los consejos de administración, en las áreas de riesgo y en la toma de decisiones estratégicas.
Este tipo de sucesos demuestran que el cumplimiento no se limita a seguir normas, sino que es un sistema de protección frente a riesgos operativos, legales y comerciales que pueden comprometer la viabilidad de una empresa en cuestión de meses o semanas.
A este aprendizaje se suma un contexto que, lejos de relajarse, apunta a ser todavía más exigente. México enfrentará en 2026 un entorno con mayor fiscalización, escrutinio regulatorio y estándares más estrictos, tanto a nivel local como en su relación con socios comerciales internacionales.
En este escenario, contar con una estrategia de compliance robusta ya no es una ventaja competitiva: es una condición indispensable para operar con certidumbre y aspirar a un crecimiento sostenido.
Del reto operativo a la palanca de crecimiento
Pero si bien hoy aplicar una política de cumplimiento dentro de las organizaciones es estrictamente necesario, avanzar en este terreno no es fácil.
Las empresas operan en entornos cada vez más regulados, con mayores exigencias de información, controles más estrictos y una presión constante por cumplir estándares locales e internacionales sin frenar su operación.
Esta percepción no es aislada, según la Encuesta Global de Cumplimiento 2025, elaborada por PwC, 85% de los ejecutivos a nivel mundial considera que el entorno de cumplimiento es hoy más complejo que hace tres años.
Sectores como servicios financieros, industria y consumo son algunos de los que más coinciden en este diagnóstico.
Sin embargo, es importante precisar que el mismo estudio revela un punto clave: 77% de las compañías reconoce que, aunque la complejidad representa un reto, no avanzar en materia de cumplimiento les ha generado afectaciones en distintas áreas del negocio.
Por ello, trabajar en una política sólida de esta naturaleza traerá beneficios claros: Fortalecer la toma de decisiones al contar con información confiable y relevante, favorecer la transparencia al tener mayor visibilidad sobre la operación y contribuir a una ejecución más eficiente de las acciones estratégicas de la empresa.
Afortunadamente, cada vez más organizaciones están invirtiendo en este frente. Un 82% de las empresas asegura contar con un plan para apoyarse en la tecnología y avanzar en sus procesos de cumplimiento.
En un entorno complejo y altamente competitivo, sólo las empresas que han madurado en materia de compliance están en posición de crecer con certidumbre, acceder a nuevas oportunidades y mantener su desarrollo en el largo plazo.
