Por Dr. Juan Manuel Lira, médico especialista, analista en temas de salud.
Red social X: @doclira1
El sarampión no es una simple erupción del pasado; es un virus implacable. Si una sola persona enferma entra en una habitación donde hay 18 personas sin vacunar, lo más probable es que las 18 terminen contagiadas. Para contenerlo, la epidemiología moderna exige un escudo de inmunidad de rebaño del 95%. Hoy, ese escudo está fracturado.
De acuerdo con el informe oficial de la Secretaria de Salud con corte al 11 de febrero de 2026, México enfrenta 9,187 casos confirmados y 28 muertes -Lo más probable es que esas cifras continúen a la alza en las próximas semanas-. La narrativa del director del IMSS Zoé Robledo ha intentado simplificar el fenómeno señalando a los “gobiernos neoliberales” como los únicos arquitectos de estas cifras, sustentando sus afirmaciones en un estudio del 2025 publicado en la revista Vaccine [1]. Sin embargo, cuando se realiza un análisis objetivo mediante la evidencia científica, el argumento político se desmorona frente a la complejidad biológica y la parálisis operativa del presente.
Los autores del artículo citado por el director del IMSS claramente concluyen que “estudios que abordan la inmunidad inducida por la vacuna de dos dosis indican una decadencia progresiva de anticuerpos 10-15 años después de la segunda dosis”, por lo que la disminución de los anticuerpos neutralizantes contra el virus del sarampión científicamente es lo esperado al no haber circulación del virus en las calles, los adultos vacunados hace décadas no reciben “refuerzos naturales”, provocando que sus títulos de anticuerpos caigan por debajo del umbral protector.
Una omisión en el “discurso político” es el sesgo de selección que los autores del articulo reconocen: no se tiene evidencia física (suero para hacer la prueba se seroprevalencia) de la protección en hombres adolescentes ya que “por razones logísticas y presupuestarias se excluyeron a los varones de 12 a 19 años”. Además de que también reconocen de manera honesta que: “Una limitación importante de los estudios de seroprevalencia, incluido nuestro estudio, es la falta de controles negativos para evaluar el rendimiento de la prueba, en particular la especificidad”;. Por lo que los resultados tienen un grado de fragilidad metodológica como para tomarse como “verdad rigurosa”.
Culpar exclusivamente al pasado es un error metodológico que ignora la biología de la inmunidad. El fenómeno del “desvanecimiento de la inmunidad” (waning immunity) es una constante en países que, como México, lograron eliminar el virus silvestre.
El argumento de la “deuda histórica” tiene un asidero estadístico real, pero mal interpretado. Es cierto que entre 2006 y 2024 se gestó una inconsistencia programática profunda. Un análisis retrospectivo de 19 años revela que México dejó de aplicar 22.5 millones de dosis de la vacuna contra el Sarampión (SRP), dejando al 25% de la población objetivo sin la protección necesaria.
Lo más grave es la asimetría institucional: mientras la Secretaría de Salud reportó aplicaciones por encima de sus metas, el IMSS y el ISSSTE administraron apenas el 46% y 42% de las dosis requeridas para sus derechohabientes, respectivamente. Esta negligencia administrativa generó una “falsa sensación de seguridad” contra el sarampión [1].
Donde la narrativa de la “herencia” pierde toda fuerza es en el grupo de estudio infantil. La seroprevalencia en niños de un año (nacidos en 2021) cayó al 67.2%. Un niño que hoy enferma o muere en el grupo de incidencia más alta -el de 1 a 4 años, con 51.37 casos por cada 100,000 habitantes- no es víctima de una omisión del pasado, sino de una falla crítica en la cobertura primaria gestionada entre 2021 y 2024.
El virus no distingue sexenios, pero la estadística sí: la caída de la vacunación infantil contemporánea es responsabilidad directa de la gestión actual, exacerbada por una operatividad deficiente en las instituciones de seguridad social que, a pesar de tener el biológico, han fallado en llevarlo al brazo del paciente [2].
Estamos ante una responsabilidad compartida. El pasado falló al construir un sistema con brechas de mantenimiento, pero el presente ha fallado al permitir el colapso de la red de protección en los lactantes y al ser incapaz de ejecutar un “barrido” vacunal efectivo tras la aparición de los primeros brotes en octubre de 2025.
La salud de los mexicanos no puede seguir siendo el campo de batalla de una narrativa de culpas. Politizar una epidemia que ya ha cobrado 28 vidas es, en sí mismo, un síntoma de un Sistema de Salud que ha perdido la brújula científica, quizás eso un politólogo no lo logre entender, aunque lo trate de comunicar.
La estrategia para contrarrestar la aparición de casos de sarampión ahora lidereada por la misma presidenta Claudia Sheiunbaum es el camino correcto: La vacunación masiva hasta alcanzar un escudo de inmunidad del 95% todo lo demás es solo politiquería.
El sarampión es el espejo que nos devuelve la imagen de un sistema fragmentado; si seguimos buscando culpables en el retrovisor mientras la nave atraviesa una zona de desastre, el próximo brote nos encontrará aún más divididos y vulnerables.
[1] Carnalla, M., et al. (2025). A population-based measles serosurvey in Mexico. Vaccine.
[2] Romero-Feregrino, R., et al. (2025). Nineteen-Year Evidence on MMR Immunization in Mexico. Vaccine.