Colaborador Invitado

La soledad y el estrés, la pandemia de los tiempos modernos

El uso intensivo de celulares y redes sociales transforma relaciones humanas y alimenta soledad y aislamiento social.

Si bien es cierto que la tecnología ha democratizado el acceso a la información, hoy los que están cerca están alejados y los que están lejos se han acercado, todo dentro de un mundo virtual.

Nuestro mundo es otro. La transmutación ha sido enorme. Un nuevo entorno espacial en el que el ser humano se ha vuelto tecnológico, informativo y multifacético. Seres humanos que viven dentro de una pantalla y ahí hacen toda su vida. Ese ámbito se vuelve su contexto y su realidad, y establecen redes afectivas con grupos que nunca conocen personalmente, solo a través de la tecnología y el internet.

Estamos viviendo en un espacio desconocido. El desarrollo de la ciencia y la tecnología ha sido impresionante. Las aplicaciones tecnológicas y las redes sociales —Facebook, Instagram, X, Signal y muchas más— han cambiado la convivencia humana. Hoy estamos comunicados con todos y en todas partes.

Sin embargo, hoy también estamos más solos. Más íngrimos. Esclavos de los celulares. En la casa, en las calles, en las escuelas, en los restaurantes, en los museos, en todas partes todas y todos prendidos de los aparatos.

Hemos perdido la interacción social. La conversación familiar se ha vulnerado; la amistosa, ausente y remota. Durante meses y años no hay reuniones presenciales.

La gente, ensimismada consigo misma, ajena a su entorno. No saluda, perdida en su ser y en su tráfago interior.

La gente no disfruta sus alimentos ni de la paz y la tranquilidad de una comida apacible y placentera. Inclusive, su asistencia a espectáculos no es concentrada: su mente está en otra parte, operando el celular. Menos aún le atraen las bellezas naturales: las flores, la lluvia, los días soleados y las tardes tranquilas.

El impacto ha sido muy brutal. La gente ya no saluda; pasa sin atender a su entorno ni a sus semejantes. Somos extraños en un hábitat nuevo.

Los jóvenes, producto de los nuevos tiempos, muestran un comportamiento inédito, un lenguaje diferente, único y, para muchos, desconocido.

La soledad es la enfermedad de la época, una pandemia perniciosa. La gente está aislada en el trabajo, en su casa o en sus oficinas, sin comunicación individual y mucho menos social.

La tecnología ha cambiado a la sociedad. Ha modificado las relaciones de amistad. El movimiento de la vida moderna impide las relaciones presenciales entre amigas y amigos. Pasan años sin contacto cara a cara.

Ha cambiado nuestra forma de ser y hemos perdido valores esenciales del pasado. Se ha modificado la sensación de afecto; la forma de convivir y de tener contacto ha pasado a segundo plano y como van la tecnología y la inteligencia artificial están en puerta grandes novedades tecnológicas: oficios, carreras y modos de trabajo serán desplazados por las máquinas y la robotización. La gente tendrá que jugar otro papel.

Ya estamos en la era de la tecnología y de la inteligencia artificial. Dentro de esta revolución ojalá se pudiera darle humanidad y acompañarla de lo básico, de lo elemental, de lo aristotélico, lo platónico y lo socrático para rescatar la sensibilidad humana y poder contemplar y disfrutar un tranquilo amanecer, un día apacible, saludar a un amigo o amiga, darle un beso a los seres queridos, abrir nuestro corazón y apaciguar nuestra alma.

La soledad y el estrés han invadido el alma de los nuevos seres humanos. Son la pandemia de los tiempos modernos.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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