Colaborador Invitado

Ciberseguridad, talento y datos: la nueva frontera de la competitividad latinoamericana

La pregunta ya no es si ocurrirán incidentes, sino qué tan rápida, coordinada y efectiva será la respuesta.

Davos 2026 nos dejó una verdad incómoda pero necesaria: la ciberseguridad ha dejado de ser un asunto meramente técnico para consolidarse como un factor estratégico. En un mundo marcado por la digitalización acelerada y la creciente interconexión, la protección de la información se ha convertido en un elemento clave para la competitividad, la generación de confianza y, en muchos casos, la estabilidad institucional y económica.

Para Latinoamérica, esto no es un concepto teórico, sino una realidad palpable. La región enfrenta el desafío de fortalecer sus capacidades de ciberseguridad no solo como una medida de protección, sino como un habilitador de crecimiento, inversión y resiliencia frente a un contexto cada vez más complejo.

El Global Cybersecurity Outlook 2026 del Foro Económico Mundial ofrece cifras que no pueden ignorarse: el 94% de los líderes globales considera que la inteligencia artificial será la principal fuerza que moldeará la ciberseguridad este año, mientras que el 87% reconoce un aumento de vulnerabilidades asociadas a su uso. No estamos discutiendo escenarios futuros; hablamos de condiciones presentes. La ciberseguridad ha dejado de ser un ejercicio de anticipación para convertirse en un desafío cotidiano de gestión.

En Latinoamérica, el reto no es la adopción tecnológica, sino la fragilidad de las estructuras de respuesta: solo 13% de los líderes confía plenamente en la capacidad nacional para gestionar incidentes graves. El fraude ciber habilitado ya superó al ransomware como principal preocupación de los CEOs, afectando directamente a personas, consumidores y mercados, con impacto en inclusión financiera, pagos digitales, comercio electrónico y reputación sectorial.

La brecha latinoamericana se explica por capacidades desiguales y falta de talento: 65% de las organizaciones reporta habilidades insuficientes para cumplir objetivos de seguridad. Esta carencia limita la defensa, encarece seguros, frena la modernización y reduce la inversión en sectores intensivos en datos.

Si Davos planteó el “porqué” del riesgo, el Kyndryl Readiness Report 2025 ayuda a identificar “dónde se rompe” dentro de las organizaciones. A nivel global, los ciberataques son el riesgo externo que más preocupa, pero solo el 37% de las organizaciones se considera completamente preparada para gestionarlos. Esta brecha entre preocupación y preparación explica por qué el impacto ya es tangible: 82% reportó interrupciones significativas relacionadas con incidentes cibernéticos en el último año. La pregunta ya no es si ocurrirán incidentes, sino qué tan rápida, coordinada y efectiva será la respuesta.

En Latinoamérica, esta tensión se amplifica por una dimensión crítica: el dato se convirtió en frontera. La soberanía de datos ya no es un debate teórico, sino un factor real que influye en decisiones de inversión y arquitectura tecnológica. Según el Readiness Report, el 83% de las organizaciones considera que las regulaciones de soberanía y repatriación de datos se volvieron más importantes en decisiones de TI en los últimos 12 meses.

En países clave como México y Brasil, el 79% y el 77%, respectivamente, expresan preocupación creciente por los riesgos geopolíticos asociados con almacenar y administrar datos en la nube global. Para estas economías, la conversación sobre nube dejó de ser solo eficiencia o escalabilidad: también implica riesgo, confianza, cumplimiento y continuidad.

La pregunta estratégica para la región es cómo transformar esta realidad en ventaja competitiva. La respuesta está en dejar de visualizar a la ciberseguridad como cumplimiento mínimo y gestionarla como infraestructura de competitividad. La resiliencia debe medirse como KPI ejecutivo, el talento debe ser un eje estratégico de la industria, y la gobernanza de datos tiene que adaptarse a un mundo fragmentado. Se requiere defensa colectiva, compartición de inteligencia, coordinación regional y un compromiso decidido con IA segura por diseño.

En un mundo donde la confianza se mide en resiliencia, Latinoamérica enfrenta una decisión estratégica. Invertir de forma reactiva o construir capacidades sostenibles. Coordinar esfuerzos o fragmentar respuestas. La ciberseguridad ya no define solo qué tan protegidos estamos, sino qué tan competitivos podemos ser.

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