Colaborador Invitado

Apaguemos la narcocultura

La clave está en entender que la narcocultura no se impone por decreto, se infiltra por repetición, por estética, por seducción narrativa.

En México, la violencia no solo se impone con armas, también se normaliza con contenido. Desde hace años, nuestra juventud está expuesta de forma cotidiana a narrativas que glorifican al crimen organizado, romantizan el dinero fácil y trivializan la muerte. Esta exposición, constante y sin filtros, ha generado un entorno social donde la apología del delito ya no escandaliza, sino que entretiene.

Frente a este escenario, surgió el movimiento Apaguemos la Narcocultura, una iniciativa ciudadana que busca desactivar la seducción del crimen desde su raíz cultural. A diferencia de estrategias punitivas o censuras superficiales, esta propuesta plantea una batalla de ideas, de conciencia y de educación.

Como fundador del movimiento, he tenido la oportunidad de dialogar con cientos de jóvenes, padres de familia y educadores en todo el país. El punto de partida es claro: no se trata de censurar, sino de despertar. Despertar el pensamiento crítico, el diálogo en casa, la capacidad de analizar qué consumimos, por qué lo hacemos y qué efectos tiene en nuestra percepción del mundo.

Las cifras son alarmantes y deberían ser motivo de acción inmediata. Según un estudio realizado en el marco del movimiento, el 98% de los jóvenes tiene acceso constante a contenido que enaltece al narcotráfico, ya sea a través de redes sociales como TikTok, Instagram y Facebook, plataformas de streaming como Netflix o servicios de música como Spotify. Más grave aún: el 68% de los jóvenes consume ese contenido habitualmente, el 43% no ve ningún problema en hacerlo y el 27% estaría dispuesto a colaborar con el narcotráfico si eso le asegura una buena paga.

Estos datos muestran que el crimen no solo se infiltra en las calles, sino también en los algoritmos, en las playlists, en las series de moda y, finalmente, en las aspiraciones de nuestros jóvenes.

Por eso, Apaguemos la Narcocultura propone tres acciones concretas para contrarrestar esta normalización de la violencia:

1. Un libro gratuito disponible en apaguemoslanarcocultura.com, que ofrece herramientas prácticas para dialogar sobre estos temas en familia, con ejemplos reales y ejercicios de análisis.

2. Una conferencia breve y dinámica, pensada especialmente para jóvenes, que los invita a reflexionar sobre su consumo de contenido y a identificar las señales de alerta.

3. Una plataforma de contenidos positivos, con videos, recursos y materiales que fortalecen el pensamiento crítico y la cultura de paz.

La clave está en entender que la narcocultura no se impone por decreto, se infiltra por repetición, por estética, por seducción narrativa. Y que solo será posible erradicarla si generamos una respuesta igual de constante, atractiva y poderosa desde los hogares, las escuelas, los medios y las instituciones públicas.

Además, urge sumar a gobiernos, medios de comunicación, plataformas digitales y líderes de opinión a este esfuerzo colectivo. La responsabilidad no recae solo en las madres y padres de familia: es un desafío nacional que requiere coordinación y voluntad.

No podemos permitir que la cultura del crimen siga marcando el rumbo de nuestras juventudes. Apagar la narcocultura es más que un lema: es una decisión valiente, un llamado a recuperar el control de las narrativas y a reconstruir los valores que sí merecen ser contados.

En este 2026, invito a quienes me leen a formar parte del movimiento. A descargar el libro, a compartir el contenido, a abrir la conversación en casa y en la escuela. Porque si no actuamos hoy, mañana será demasiado tarde.

La batalla contra la narcocultura no se libra solo en los operativos o los tribunales: se gana o se pierde en la mente de nuestros jóvenes.

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