Estamos en muy buen momento para preparar el 2026 en materia económica y presupuestaria. Como ya es una constante de los últimos años, el próximo se percibe como un periodo de dudas e incertidumbre, especialmente por la geopolítica mundial, la economía internacional y local, y el ambiente político nacional. Durante noviembre, se llevó a cabo el Foro Económico Estrategia Económica Nacional en la UP en el que participaron funcionarios de las tres principales instituciones económicas del sector público del país como Hacienda, Economía y Banco de México, y también algunos analistas económicos del sector privado.
Es interesante comprobar una vez más que cada quien ve la realidad desde su perspectiva y que, aunque todos los frentes puedan tener parte de verdad, cada uno va acomodando la información y resultados de acuerdo a lo que más le conviene. De parte de Hacienda, en voz de la Subsecretaria Bonilla se aseguró que las perspectivas económicas para México en 2025 mejoraron notablemente. Y en efecto, tiene parte de razón ya que las proyecciones de crecimiento del PIB que se tenían al inicio del año eran bastante sombrías. El FMI pasó de una estimación de -0.3% a una de 1%, mientras que la OCDE pasó de una proyección de -1.3% a una de 0.8%. Comparativamente, el cambio en la perspectiva es una muy relevante y, de acuerdo a la funcionaria, esto fue por una demanda interna resiliente impulsada por el buen ritmo de consumo e inversión y una confianza del consumidor mayor a tiempos de pre pandemia.
Sin embargo, la misma información se puede analizar desde otra perspectiva. En el panel de perspectivas económicas 2026, formado por analistas económicos, se señaló que la economía mexicana muestra un deterioro estructural de largo plazo. Se coincide en la buena revisión de perspectiva de crecimiento del 2025, pero sin olvidar que entre 1980 y 2017 el crecimiento anual promedio del PIB fue de 2.2% y que a partir de 2018 cayó a menos de 1%. ¿Estamos decreciendo? No, pero alarmó que nos sintamos cómodos en un país que está como en un pantano. No nos hundimos, pero llevamos casi una década con un crecimiento no adecuado para el tamaño de nuestra economía y de nuestras posibilidades. ¿Estamos en recesión? Tampoco, pero este estancamiento ocurre en un contexto internacional donde las cadenas globales de valor se reconfiguran por decisiones económicas, migratorias y de seguridad de Estados Unidos, y donde la adopción tecnológica, especialmente en inteligencia artificial, acelera cambios en mercados y productividad. El que la economía mexicana haya transitado de un ritmo histórico superior al 2% a un régimen de crecimiento persistentemente inferior al 1%, afecta la capacidad futura para generar progreso social y absorber choques económicos. No sería el momento de aplaudir un crecimiento que ronda en niveles propios a la mediocridad.
Algo positivo fue lo abordado por el Subgobernador del Banco de México, Omar Mejía, quien anticipó que la inflación se está acercando nuevamente al objetivo de largo plazo de un rango de 3% con una variación de más/menos 1 punto. Se espera que para este 2025 la inflación termine en 3.5% y para el 2026 regrese a los niveles del 3%. Lo anterior dentro de un entorno macroeconómico en el que la economía mundial atraviesa un periodo de incertidumbre moderada, con previsiones de crecimiento global revisadas al alza y con signos de enfriamiento en el mercado laboral de Estados Unidos. En México, el valor de las exportaciones manufactureras sigue creciendo y también se han vuelto evidentes algunos signos de enfriamiento en el mercado laboral doméstico.
Otro parámetro para analizar el 2026 sería observar más elementos con los que cerraremos el 2025, ya que lo más seguro es que reflejen una tendencia similar de un año a otro. Varios indicadores claves relacionados al crecimiento, a la inversión y a las finanzas públicas se mantendrán fuera de niveles deseados. Los más preocupantes, además del ya mencionado crecimiento del PIB, serán los niveles de inversión pública que llegará al 0.8% del PIB cuando el rango meta debería estar entre el 1.3% y el 2.6%; la producción de PEMEX se pronostica en 1,638 millones de barriles diarios, comparado con el mínimo esperado de 1,716 millones; y una deuda pública de más del 52%, muy por encima del límite máximo del 43.6%. Entre los rubros positivos o de estabilidad estarían el nivel de inflación antes mencionado, la tasa de interés, el tipo de cambio, las exportaciones y el precio del petróleo.
Algo digno de aplaudir, mencionado tanto por la Subsecretaria Bonilla, como por el Titular de Fomento y Crecimiento de la Secretaría de Economía, el Dr. Sergio Silva, es el Plan México y los Polos de Bienestar que el Gobierno Federal está impulsando para acelerar la inversión mediante una agresiva batería de incentivos fiscales y financieros. Un esquema similar se pensó rumbo al final del sexenio del Presidente Peña Nieto, pero se suspendió durante el sexenio del Presidente López Obrador. Un proyecto así implica promover la inversión mediante deducciones aceleradas de la inversión de casi 91%, descuentos del 100% en ISR por 3 años y exención del IVA por hasta 4 años, con opción de acceder a créditos y préstamos de FIRA a tasas preferenciales; todo esto particularmente en el corredor interoceánico. El Plan México tiene como objetivos promover la relocalización, la sustitución de importaciones y el desarrollo de polos de bienestar, lo que resultará en la creación de empleos mejor remunerados, mayor proveeduría local y la vinculación con la educación superior.
En otros retos geopolíticos está el desplazamiento global hacia China. Si bien México sigue siendo el principal socio comercial de Estados Unidos por arriba del país asiático, lo que ha sucedido con China es que en solo 24 años pasó a ser el socio principal de más de 120 países, mientras que los Estados Unidos mantienen este liderazgo en menos de 50 países. Por ello, los estadounidenses, en un intento por fortalecer su mercado interno, incrementaron la tasa arancelaria a niveles no vistos en casi un siglo. En la actualidad, dicha tasa está entre el 17 y 20% cuando en los primeros 18 años de este siglo estaba por debajo del 5%. El promedio de la tarifa efectiva de México es del 10.7% comparado con el de China que está en 20.2%, por lo que el efecto en el crecimiento para nuestro país es positivo, siendo uno de los pocos países beneficiados por estas medidas.
En el mes de julio de 2026 también nos enfrentaremos a la revisión del T-MEC. Estados Unidos plantea revisar reglas de origen automotrices, exclusiones energéticas y nuevos mecanismos laborales; México busca mantener tasas cero, reducir aranceles actuales en acero y aluminio, asegurar que no haya cambios unilaterales y proponer la inclusión de un capítulo sobre semiconductores.
Finalmente, analistas económicos del sector financiero como INVEX, MONEX y BX+ consideran que en 2026 el crecimiento del PIB estará en niveles de entre 1 a 1.6%, la tasa de inflación entre 3 y 4%, y un tipo de cambio en 19 pesos por dólar. También se prevé que el deterioro del mercado laboral limitará el consumo pese a mayor inversión, y, en positivo, que el efecto inflacionario de los aranceles será temporal y desaparecerá en 2026 siempre que no haya nuevas sanciones comerciales. En general, nada nuevo. Conclusión: seamos precavidos y estemos atentos en caso que los vientos cambien de rumbo.