Los mexicanos sufrimos un sentimiento de inseguridad y desconfianza en nosotros mismos, nos asalta el temor para construir el futuro. Tenemos un doble discurso político y dos comportamientos distintos: el de foros públicos, micrófonos y mítines, donde somos demócratas consumados; en la vida real, autoritarios y antidemócratas. Simuladores políticos. En el fondo, es el resultado de esta inseguridad que exhibe múltiples personalidades.
Las Leyes de Indias «se acatan, pero no se cumplen». Una constitución de avanzada social con poca efectividad en su aplicación, una república federal con ejercicio centralista, un país con división de poderes que por décadas fue inusual y virtual.
El México del revés. Urge acompañar el discurso democrático con la realidad. No es posible seguir suplantando. La atmósfera política está cargada y densa. En todo el país se respira agitación, inquietud y nerviosismo, la tómbola de la fortuna, la lotería de la suerte. A las y los mexicanos de alguna manera les impacta el fenómeno de la sucesión en los más de veinte mil puestos de elección popular. En un hilo el destino inmediato de millones de personas ligadas a la burocracia.
No respetar la política y su sentido común produce división, encono y confrontación. El dedazo y las imposiciones en nuestro estado han provocado violencia y degradación social. Fuerza Democrática surgió como rebeldía a la imposición antidemocrática del PRI. En el pecado llevaron la penitencia, perdieron la gubernatura y se alzó con el triunfo el movimiento de izquierda encabezado por el entonces PRD de López Obrador.
No aprendemos de la historia, con frecuencia incurrimos en los mismos errores. En días pasados, en un acto sorpresivo, Mario Delgado violentó los principios y compromisos que establece la convocatoria para seleccionar al candidato a la gubernatura de Chiapas. En esa convocatoria, en referencia a sus aliados, el Partido del Trabajo y el Verde, se establece su derecho de proponer a una persona para contender bajo las mismas bases establecidas y competir en las encuestas definitivas.
Roberto Albores Gleason fue propuesta única para esta contienda. Las encuestas lo apuntan con amplias oportunidades de reconocimiento popular. Sin embargo, por decreto lo excluyen del proceso en un acto antidemocrático y de falta de elemental inteligencia política. El PT está en legítima protesta, exigiendo que se restablezcan y respeten los términos de la convocatoria.
Ante la protesta del Partido del Trabajo por ese atropello político, la respuesta es de Perogrullo: no encuestaron al joven Albores. Encuestaron a todos y todas menos a él. Es una mentira y una violación fragante a sus derechos políticos. Esta acción lastima y mancha el proceso en Chiapas y pone en duda la promesa de Claudia Sheinbaum de respetar la voluntad democrática de la gente.
El PT, en asamblea de sus 300 delegados, sometió a consideración de esta la figura de Albores Gleason, quien obtuvo una votación de 298 votos a favor, un voto en contra y una abstención. Con esta legitimidad, el PT lo propuso y fue aceptado, en tiempo y forma, por Morena.
No corregir este proceder será una violación fragante de los derechos políticos del PT y de Albores Gleason. Lastimará y manchará el proceso electoral de Morena.
¡Cuidado! Chiapas no es coto de caza ni está en subasta política.
