El proceso histórico de México define con precisión los tiempos de la política y las estaciones del poder. Tiempos de caudillos y tiempos de instituciones. En todas las épocas, en las distintas estaciones del poder, el sistema político no ha cambiado, sólo ha asumido diferentes modalidades, estilos y formas de gobernar. La República, su división de poderes y la democracia están vigentes.
En la conducción política del país ha habido avances y retrocesos. Luces y sombras. Días soleados y tardes tormentosas. Gobiernos exitosos y gobiernos fallidos. El problema nacional es que pocos han trascendido y dejado un legado importante en la historia de México. La gran mayoría: mediocridad, falta de honradez y de patriotismo.
El poder es el destino de la política. La organización social se conforma y preserva como resultado del desarrollo democrático. La libertad es consustancial al poder democrático. La política es profesión de servicio, ciencia y arte a la vez, tiene ritmo, cadencia y método. Es un instrumento para construir acuerdos, evitar confrontación y garantizar la paz.
La política ha hecho posible el desarrollo mexicano. Después de la Revolución construimos un andamiaje de gobierno funcional, apegado a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Del caudillismo pasamos a la etapa de las instituciones, como lo anunció Calles a raíz del asesinato de Obregón en La Bombilla.
El maximato y el presidencialismo: el hombre fuerte, el poder por seis años, el partido único, el tapado y la teoría del péndulo. Toda una época. Otra estación del poder: el nacionalismo revolucionario y el desarrollo estabilizador. Otra más, el populismo revolucionario: el Estado poderoso, economía cerrada, acendrado nacionalismo y proliferación de instituciones nacionales.
La política, signo de los tiempos. El neoliberalismo: la globalización, la privatización de lo oficial, la tecnocracia y los tratados de libre comercio. Ahora, la 4T, una simbiosis de nacionalismo revolucionario, populismo y neoliberalismo financiero. La recuperación del petróleo y la electricidad, la nacionalización del litio, programas sociales y atención al sureste mexicano (Tren Maya, Dos Bocas y Transístmico).
Tiempos de la política. En el proceso electoral de 2024 estará en juego la posibilidad de continuar una etapa o iniciar otra con su respectiva estación de poder. En tierra minada y en conflicto, la política y su aplicación inteligente debe garantizar elecciones libres y en paz. La buena política hizo posible la transición democrática y la alternancia del poder. La política es sentido común y civilidad responsable; su olvido y desprecio produce encono, confrontación y violencia. La antipolítica lesiona el tejido social y convierte a los seres humanos en víctimas y presas de la ignominia.
Está por concluir el proceso de selección del candidato o candidata de Morena. El Frente Amplio por México ya designó a Xóchitl Gálvez. En ambos habrá un reacomodo de fuerzas y se pondrá en marcha la selección de candidatos a las nueve gubernaturas, el Senado, las diputaciones federales y otros puestos de elección popular. Morena y el Frente estarán a la caza de personajes con prestigio, arraigo, honradez y capacidad competitiva. De ello depende el triunfo o la derrota.
La política es un juego de espejos con figuras yuxtapuestas. El clima, frío, caliente o húmedo le da forma y tonalidad. Escudriñar su fondo es requisito indispensable para respetarla y actuar en consecuencia. Vayamos a la contienda electoral con ánimo sereno y entusiasmo. No está en juego el destino del país, es sólo una importante y trascendente jornada democrática. Que nuestra voz se escuche en las urnas electorales.
