Óscar Mario Beteta.
Tristemente, en México ya se ha hecho costumbre que todos los días se pinten de rojo. Basta salir a las calles o revisar los encabezados y noticias para ser testigos de la violencia que se ha apoderado del país.
Esto no es nuevo. Lleva pasando al menos 13 años con esta intensidad, pero cada día la situación se agrava más y más. Con zozobra y estupefacción vemos que en México se vuelven cada vez más comunes medidas extremas adoptadas por criminales y que hasta hace no mucho parecían exclusivas de zonas de guerra como lo son los actos terroristas.
Algunos expertos mencionan que padecemos una situación similar a la que vivió Colombia con Pablo Escobar. Impacta que la delincuencia organizada ya está utilizando hasta drones y minas terrestres para atacar a fuerzas de seguridad e incluso a la población civil.
Actos como este ya son cosa de un día sí y otro también, como el coche bomba en Celaya que dejó heridos a elementos de la Guardia Nacional, o el ataque con explosivos a personal de seguridad y de la Fiscalía de Jalisco en Tlajomulco de Zúñiga ocurrido la noche del martes.
En otros países el uso de este tipo de armamento y ataques como estos serían calificados de terrorismo.
Reportes oficiales de la Sedena indican que se han utilizado minas terrestres, regalos bomba y drones con explosivos en varios estados de la República.
Entre las entidades con mayor violencia destacan Guerrero, Chiapas, Tamaulipas, Sonora, Chihuahua, Zacatecas, Nuevo León, Aguascalientes, Quintana Roo, Colima, Morelos, San Luis Potosí, Veracruz y Guanajuato.
En este punto el debate está más allá de las alegres cifras oficiales, que de manera optimista hablan de que se ha registrado una reducción de 17.9 por ciento en la incidencia de delitos federales y de 17.5 por ciento en homicidios dolosos desde que comenzó la actual administración.
Un promedio de 83 homicidios diarios en los primeros seis meses de este 2023 no es motivo de orgullo si tomamos por ejemplo a El Salvador, que el 10 de mayo pasado marcó un hito al cumplir 365 días sin un solo asesinato.
Y es que todos los días vemos horrorizados nuevas muestras de debilidad del Estado y de las fuerzas de seguridad, que se encuentran aparentemente paralizadas frente al poder de la corrupción y la violencia de bandas criminales.
El gran problema es que los delincuentes ya le tomaron la medida a las autoridades, que debido a ignorancia, permisividad o colusión aplican la ley de manera discrecional. Esto ha convertido a la ley en solamente un vulgar instrumento para negociar y no un criterio que se imponga a todos y todas por igual, dejando el camino abierto para la impunidad.
¿De qué le sirve a Morena tener 23 gobernadores y gobernadoras si en la mayoría de sus entidades prevalece la inseguridad, que provoca un estado de indefensión, desesperación y desesperanza entre la sociedad?
Por todo lo anterior pareciera que en México sucede mucho y nada pasa.
SOTTO VOCE
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