Gilberto Macías, representante de Yara
La conciencia ambiental sigue creciendo. Entender las necesidades del planeta, y alinearlas con el impacto que las actividades humanas suelen implicar, es el camino más eficaz para reducir los daños y comenzar a cultivar un futuro alimentario positivo para la naturaleza.
Casi al unísono, las industrias se unen para elaborar estrategias conjuntas y planteamientos que les permitan reducir las emisiones dañinas de sus operaciones, sin embargo, siguen existiendo múltiples incógnitas.
Para profundizar en el entendimiento de las necesidades medioambientales, se ha comparado incluso el pulso de la corteza terrestre con el del ser humano. Sí, tal como las personas, la corteza terrestre también respira y palpita.
Lars Eivind Augland, profesor asociado del Departamento de Geociencias de la Universidad de Oslo, explica que, cada 26 segundos, las estaciones sísmicas de todo el globo terráqueo capturan un pulso de la Tierra. ¿En qué consiste? En microtemblores regulares en la corteza, cuya explicación contempla desde el impacto de las corrientes marítimas, como la actividad volcánica y otros elementos.
Es este pulso de la Tierra el que deja clara la conexión que tiene con la especie humana, una relación de miles de años, con la agricultura como eje central, una actividad clave para la construcción de un mejor porvenir.
AGRICULTURA SOSTENIBLE, PRIORIDAD PARA EL CAMBIO
La industria alimenticia, particularmente, representa un amplio campo de oportunidad para la conciencia y protección medioambiental.
La agricultura representa alrededor del 25 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero y el 70 por ciento del uso de agua dulce en el mundo. No es casualidad que China, uno de los máximos productores agrícolas, sea también el país que más emisiones de CO2 registra anualmente.
Por ello, nuevas estrategias son necesarias para la optimización de esta industria. Una alternativa es la agricultura sostenible, la cual representa una oportunidad para cambiar las malas prácticas hechas hasta ahora.
La prioridad debe ser entonces ofrecer mayor apoyo al campo y a sus productores para que puedan invertir en la innovación, ciencia y tecnología necesaria para adoptar, finalmente, nuevas herramientas de trabajo y nutrientes eficientes para la reducción del impacto ecológico en sus procesos diarios.
Algunos ejemplos son el desarrollo e implementación de amoniaco limpio y fertilizantes verdes, que contribuyen a descarbonizar la producción de alimentos, así como tecnología útil para optimizar la eficiencia en el uso de nutrientes, promoviendo una agricultura regenerativa en toda la industria.
Este hecho permitiría, también, que las ganancias económicas mejoren, ya que las estrategias y acciones de cuidado climático, de acuerdo con un reporte de The New Climate Economy, generarán hasta 26 mil millones de dólares en beneficios, de cara al 2030(1).
Además del impacto medioambiental, existen otras problemáticas globales relacionadas con la industria alimentaria, como la desigualdad, desnutrición e interrupciones en la cadena de suministro, puntos que refuerzan la necesidad de un replanteamiento y adaptación.
La meta de todas estas iniciativas es cultivar un futuro alimentario positivo y sostenible para la naturaleza y con una mejor eficacia, ya que, de acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos, cerca de 828 millones de personas viven con incertidumbre respecto a su próxima comida(2).
Este panorama debe revertirse y desde el sector estamos preparados para lograrlo con tecnología y el talento mexicano que son la fórmula perfecta para evolucionar la agricultura.
(1) The 2018 Report of The Global Commission on The Economy and Climate, The New Climate Economy.
(2) Una crisis alimentaria mundial, WFP.