Óscar Mario Beteta
Las clases medias han sido protagonistas de los grandes cambios en el mundo. Hacerlas víctima del desprecio y de la vejación política con decisiones injustas, puede propiciar vuelcos inesperados.
En México, las marchas, manifestaciones, bloqueos de calles y avenidas, concentraciones, toma de casetas, cierre de carreteras, pintas de monumentos y actos de vandalismo, envuelven y evidencian un grave problema ante el cual no se deben cerrar los ojos. Seguir dándole la espalda a ese fenómeno, que cada día es más grande y visible, es un error que podría acarrear serias consecuencias.
En la Ciudad de México, asiento de los poderes federales, es donde, con más frecuencia, se ven ese tipo de expresiones. Aquí, ‘todos’ protestan por y contra todo.
Incluso, no pocas veces algunos grupos de otras entidades, como habitual y periódicamente lo hace la disidencia magisterial de Michoacán, Oaxaca y Guerrero, se trasladan a la capital para hacer sentir más su resistencia a disposiciones oficiales.
Las exigencias de los manifestantes cubren un espectro muy amplio; últimamente, son más recurrentes y van desde las demandas para investigar la desaparición de personas, hasta el repudio de acciones y decisiones del poder, como la reforma electoral.
En la mayoría de los casos, a los inconformes les asiste la razón, así se reduzca a su libertad de expresar su desacuerdo con lo que sea en relación con el desempeño de sus gobernantes.
¿Qué, por ejemplo, no está dispuesto a hacer una madre, un padre, para exigir la intervención de las autoridades a fin de que, en un caso hipotético, se apliquen en la búsqueda de un ser querido desaparecido o de un familiar asesinado?
En esa situación, no importa el nivel social de las personas; su situación económica es intrascendente; que tengan o no educación es lo de menos. Tienen sentimientos y lo que quieren y buscarán legítimamente por cualquier medio es que se les escuche, se les atienda y se les resuelva su problema.
Porque eso, justamente, es lo que las autoridades federales, estatales y municipales no hacen; o no lo hacen con la diligencia y la prontitud que deberían, si bien su deber es, hasta donde sea posible, evitar que afloren los conflictos.
Hoy, la distancia entre gobernantes y gobernados es abismal. Si aquellos no cumplen con sus obligaciones, a estos únicamente les dejan el recurso de la presión callejera que, hasta ahora, se ha reducido a hacer pagar a justos por pecadores con los problemas que generan con sus movilizaciones.
Estas, en la actualidad, tienen otra composición y otras causas; notoriamente, son estelarizadas por ciudadanos con una mayor ilustración; son conciencia social en movimiento. Tienen estructura, organización, ideales, perspectiva de largo plazo.
Manifestaciones con estas características, más delicadas y preocupantes, son las del 13 de noviembre, en que miles de personas, que se podrían considerar de la clase media, salieron a las calles a decir “El INE no se toca”. La que tienen prevista para el 26 de febrero con el lema “Mi voto no se toca”, está motivada por la misma causa.
Por eso, los 11 consejeros del INE califican el plan B de la reforma electoral como regresivo e inconstitucional, atrevido y ominoso, y anuncian que interpondrán todos los recursos jurídicos al alcance contra esa propuesta.
Históricamente, las clases medias han sido protagonistas de los grandes cambios en el mundo; hoy, estos son susceptibles de catalizarse con el potencial de las redes sociales. A ellas están apelando.
Por eso, atenderlas y acrecentarlas es un acto de sabiduría del estadista y el mejor seguro para la preservación de los Estados.
Hacerlas víctima del desprecio y de una política de vejación con decisiones injustas, puede sumar fácilmente a las masas y propiciar vuelcos insospechados.
Si la democracia no está en el ADN de los mexicanos, como sostienen Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, es porque con el PRI vivimos 70 años con un régimen autoritario, manipulador, verticalista, controlador, clientelar y corruptor, disfrazado de “democracia perfecta”.
Como bien dicen los todavía consejeros electorales, veinte años de verdadera apertura democrática, son muy pocos como para cometer el error de frenarla o revertirla.
Sotto Voce.– El lamentable nivel de comportamiento y la degradación del lenguaje de algunos políticos que caracterizan este tiempo, no sólo no apuntan a detenerse; se acentuarán al calor de la sucesión presidencial… Separación del cargo, debate y encuesta creíble, que vuelve a demandar Marcelo Ebrard desde Argentina para que la competencia por la residencia en 2024 sea pareja, seguirá siendo un estribillo. Y un gran desafío para responder en un futuro próximo.