Colaborador Invitado

¡El mexicano debe sacudirse miedos y temores, fortalecer su autoestima y recobrar su confianza y seguridad!

El mestizaje, con las virtudes y defectos de indígenas y españoles, debe ser nuestra identidad y orgullo nacional.

Los mexicanos tenemos que reencontrarnos con nosotros mismos, convencernos de nuestras fortalezas y rescatar nuestra confianza. Caminemos con determinación y certeza, erguidos y con pasos fuertes por la vida. No somos un pueblo predestinado a la fatalidad, resulta injusto echarle constantemente la culpa a nuestro origen y pasado. No debemos refugiarnos en la melancolía y en la postración que lleva consigo asumirnos como víctimas de un destino catastrófico.

Nuestro origen, luz y sombra, es como el de la mayoría de los nacimientos y atardeceres de todos los pueblos. Días soleados y venturosos, noches oscuras y tormentosas. El mundo es un escenario de infiernos y paraísos perdidos, conquistas, masacres, guerras, invasiones, abusos y avasallamientos inhumanos. Este es el horno del cocimiento de todas las naciones. Nadie ha estado a salvo de la ignominia y de la degradación del hombre. Es importante ubicarnos en este contexto, en esta realidad universal. No somos el único producto del sacrificio ni los únicos pobres herederos de la barbarie de la Conquista y la Colonia; tampoco los náufragos de las tempestades de la Independencia, la Reforma, el Porfiriato y la Revolución.

Es cierto que la llegada de Quetzalcóatl y de los hombres barbados de ultramar, el choque brutal de la conquista, el encuentro violento de dos culturas y la pérdida de la mitad de nuestro territorio marcaron el alma de los mexicanos. En el subconsciente colectivo yace la herida de estos dolorosos y traumáticos hechos que limitan seguridad y éxito. Muchos se quedaron anclados en el pasado, en la nostalgia y el sentimiento de los vencidos, sin valorar nuestra cultura, la fuerza del mestizaje, la restauración de la República y la construcción de un país independiente y soberano.

Somos el producto de la historia. El mestizaje, con las virtudes y defectos de indígenas y españoles, debe ser nuestra identidad y orgullo nacional. La ausencia de definición y la falta de querencia y raíz nos convierte en presa de nuestras contradicciones. En La visión de los vencidos, de Miguel León Portilla, en El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, y en La jaula de la melancolía, de Roger Bartra, se aborda este síndrome psíquico colectivo que explica, en parte importante, el modo de ser y la compleja y contradictoria personalidad del mexicano. El mexicano, en su mayoría, no toma en serio la vida. Es un jugador de las circunstancias, le gusta el malabar y muestra un rostro de múltiples máscaras.

Los mexicanos debemos reconstruir nuestro pasado, extraer su savia venturosa y darle valor y sentido heroico. Este es un requisito indispensable para afianzar el futuro, fortalecer la autoestima y desterrar el fantasma de la humildad pecaminosa. La gran tarea de futuro es crear al nuevo ser humano. Exaltemos nuestro mestizaje, es nuestra fuerza y razón de ser. Con esta convicción eduquemos a nuestras y nuestros hijos y pronto surgirá un nuevo y vigoroso individuo con mayores atributos de seguridad y autoestima. Otro México.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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