Por Sergio Chagoya, experto en inversiones y asesoramiento de empresas en materia corporativa y regulatoria.
El paquete económico para 2023, que se cocina en ambas cámaras legislativas y está a punto de ver la luz en el Senado, en materia de ingresos, conlleva un alto riesgo de tentación de gastar con fines electorales, situación que debe cuidarse con mucho esmero, así como el gobierno federal tomar con cautela los comicios en el Estado de México y Coahuila.
Recordemos que la pandemia sigue, así como la guerra de Rusia en Ucrania y, en consecuencia, los altos niveles de inflación y carestía que afectan a millones de personas en todo el mundo. Tal parece que en México vamos sorteando la crisis, si bien en días recientes salieron a la luz noticias financieras que pronostican una próxima devaluación del peso, un poco exageradas.
El Banco de México ha actuado en estos tiempos turbulentos con mucha visión de Estado, cumpliendo los objetivos fijados en la Constitución Política, lo que nos da un entorno razonablemente tranquilo. Pero hay otros factores de desestabilización, como el político; el de la seguridad pública, con la militarización recién aprobada, y la falta de certeza en el tema energético que, con el cambio de titular en la Secretaría de Economía de Tatiana Clouthier por Raquel Buenrostro, no parece que vaya a tener el giro que esperan los inversionistas extranjeros, los cuales ven con desconfianza a un gobierno cambiante que no respeta las reglas del juego o se manejan según amanezca el presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que aumenta el riesgo-país.
Debemos ver el panorama con optimismo, pero sin dejar de lado asignaturas pendientes como hacer valer el Estado de derecho, cumplir las reglas, no invadir las competencias de los poderes Judicial o Legislativo por parte del Ejecutivo... además de evitar los berrinches presidenciales.
El fenómeno inflacionario va a tomar varios meses más en estabilizarse y un ejemplo muy fuerte y abrupto, paradigmático, es Reino Unido, donde la primera ministra, Liz Truss, renunció con solo 44 días en el cargo, luego de intentar mejorar las condiciones de la economía británica, a través de un recorte de impuestos que no se dio de la mano de la reducción del gasto público del gobierno, o con algunos impuestos menores para compensar.
En un entorno adverso como el que vivimos, esta medida de Truss generó incertidumbre porque provoca demasiada actividad económica, consumo. Y aunque despidió al ministro de Hacienda, Kwasi Kwarteng, el daño político fue grave porque Gran Bretaña resentía ya la inflación derivada de la pandemia del Covid-19 y lo que gastó en apoyos a Ucrania por la guerra con Rusia. De hecho, toda Europa sigue en ese proceso y Estados Unidos se mantiene con el mismo fenómeno inflacionario debido a la excesiva recuperación que aplica con la generación de empleos que detonaron el consumo.
Lo mejor es que haya prudencia en México, no gastar de más y dejar que las elecciones que vienen no se interpongan con el gasto público o lo vamos a lamentar.