Cada país tiene sus propias costumbres, incluso cuando alguien se refiere al tema económico. Y es que comparar economías entre diferentes naciones es realmente arriesgado, ya que implica tratar temas tan diversos como su ambiente en el trabajo, sus tradiciones laborales o la relación de su vida personal con su vida profesional, lo cuál denota asimetrías más que coincidencias.
Proponer cambios en una estructura laboral nunca será sencillo, sobre todo si se toma en consideración el contexto de contracción económica que se vive en la actualidad, o la incertidumbre en los mercados internacionales que se ha extendido durante meses. Pero más allá de esta situación, las modificaciones en la estructura laboral siempre acompañan cambios en la manera de ser y de pensar de los empleadores, y por supuesto, de los trabajadores. Cambiar el cuerpo normativo que acompaña una jornada laboral nuca será sencillo, pero será aún más complejo rediseñar la cultura que lo rodea.
No obstante los aspectos antes referidos, siempre será provechoso y visionario para cualquier gobierno en el mundo poder revisar con detenimiento las tendencias internacionales en materia laboral, para poder adaptar de mejor manera las condiciones de trabajo en sus regiones y mejorar por ende su productividad.
En este sentido, México lidera la lista de los países con mayor cantidad de horas de trabajo de manera anual. Pese a ello, su aporte al PIB no es proporcional al desgaste de su planta productiva, lo que refleja un profundo atraso en la cultura laboral que se tiene en este país, ya que, por lo que puede inferirse en esta primera aproximación, los trabajadores del territorio nacional no solamente no están motivados, sino, en suma, sus condiciones laborales no les permiten sentirse cómodos en el desempeño de sus funciones.
Un mexicano trabaja anualmente alrededor de 2 mil 120 horas, unas 350 horas adicionales que quienes laboran en Estados Unidos durante todo un año. Sin embargo, su esfuerzo vale mucho menos, ya que mientras un empleado en New York aporta 73 dólares del PIB de su nación cada 60 minutos, alguien que hace lo mismo en Ciudad de México apenas suma en su país 20.2 dólares en el mismo periodo.
Estos datos son recogidos de un informe de 2020 elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Se repiten en proporciones similares en Colombia y Costa Rica que, junto con México, son los tres países de la región donde más horas se trabaja anualmente. Los colombianos, por ejemplo, laboran 2 mil 172 horas (47.6 en promedio a la semana) y los costarricenses mil 913 (43.9 a la semana).
Asimismo, México es uno de los países que trabaja 500 horas más que todos los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), comentó la senadora de Movimiento Ciudadano, Patricia Mercado, acerca de las modificaciones que se han planteado en semanas recientes a la Ley Federal del Trabajo.
Por otra parte, Ricardo Alcocer, especialista en temas laborales de la UNAM, ha referido que la baja productividad en el trabajador no es su responsabilidad. Es producto, dijo, de la ausencia de políticas que incentiven su trabajo cotidiano. Y en ese sentido, el gobierno mexicano tiene décadas de atraso y omisión respecto a este tema, lo que, por supuesto, ha devaluado la calidad del trabajo nacional al no aportarle nuevos incentivos a su planta de mano de obra, para que esta situación se revierta lo antes posible.
“¿Cómo ser productivo en un mercado laboral que explota al trabajador con tantas horas laboradas al año?... Somos el país que más trabaja en una lista de 33 naciones de la OCDE. ¿Cómo ser productivo con empleos y salarios precarios?... Imposible”, destaco el académico.
Por lo tanto, urge replantear los esquemas laborales en el país, que desde hace décadas no han sufrido modificaciones sustanciales. Países como Alemania, Francia, Finlandia, Dinamarca y ahora Reino Unido, sin contar con muchos otros pertenecientes a la OCDE, ya han reducido su jornada laboral de ocho a seis horas, en muchos de los sectores productivos y gubernamentales de sus naciones. También han acompañado estas medidas con acciones como la ampliación de facilidades para mejorar el ambiente laboral y las prestaciones que gozan sus trabajadores, además de su salario, por supuesto. Lo que hasta ahora la evidencia internacional ha demostrado en la mayor parte de los casos analizados, es que la motivación que ha dejado la disminución de las horas en la jornada laboral se ha traducido en un incremento en la productividad en la mayor parte de los países en donde se ha llevado a cabo. Aunado a lo anterior, en el caso de México el incremento en el salario mínimo deberá ser una política sostenible y transexenal, que incluya a todos los sectores productivos de la sociedad para su implementación y crecimiento a largo plazo.