Colaborador Invitado

Capitalismo reformado, la creación de valor a partir de la empresa

El capitalismo a ultranza, ese que persigue retornos financieros a cualquier costo y antepone intereses de inversionistas al cuidado del planeta y de las personas, parece tener contados sus días.

El capitalismo a ultranza, ese que persigue retornos financieros a cualquier costo y antepone intereses de inversionistas al cuidado del planeta y de las personas, parece tener contados sus días.

¿Cuál es el papel que se espera de la empresa en esta nueva realidad, en esta nueva concepción de capitalismo reformado?

¿Cómo conciliar el legítimo interés de obtener retornos financieros atractivos con la necesidad de atender, desde la empresa, los derechos, aspiraciones y anhelos, también legítimos, de los grupos de interés que coexisten alrededor de la empresa?

Hoy, más que nunca en la historia moderna, la empresa está llamada a atender necesidades de sustentabilidad inherentes a las actividades que desarrolla.

Hoy, más que nunca, la empresa está llamada a hacer comunidad, a hacer país, a lograr un planeta sustentable.

Se trata de lograr la creación de valor a partir de la empresa para los distintos grupos de interés que coexisten a su alrededor y que de hecho permiten y justifican su existencia misma.

El cuidado al medio ambiente y a la persona se posicionan en forma inevitable e irreversible como elementos esenciales en la nueva manera de hacer negocios. Temas medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG) se incrustan en la agenda de órganos de gobernanza y al interior de empresas, inversionistas y financiadores.

Mientras algunos gobiernos continúan debatiéndose entre izquierdas y derechas, aliados y adversarios, y filias y fobias de poca monta, otros han comprendido los nuevos retos y el papel conjunto que están llamados a desempeñar de la mano de las empresas. Comienzan a abandonar el concepto tradicional de la empresa como ente regulado y fiscalizado, para evolucionar a uno de aliado estratégico en la persecución y eventual consecución de bienestar, respeto a derechos fundamentales de la persona y cuidado al medio ambiente.

Las cadenas de valor han comenzado a exigir a sus integrantes el cumplimiento con acuerdos y métricas de sustentabilidad que, se insiste, van más allá de temas medioambientales e incluyen el respeto irrestricto de derechos humanos y una forma ética de hacer negocios. Es, literalmente, una carrera de renovarse, de evolucionar, o morir.

Los costos de no apegarse a esta realidad serán cada vez mayores.

El acceso a financiamiento y capital de riesgo incluye, cada vez más, una evaluación del comportamiento real de la empresa objetivo, en estos temas.

El costo reputacional de violentar estos principios puede también ser enorme, ejemplos sobran. El control de daños puede resultar una labor titánica, por demás costosa y desgastante y, en el peor escenario, el daño puede resultar irreversible.

Las nuevas generaciones juegan un papel sumamente relevante en temas de sustentabilidad. Con el ejemplo vienen predicando y aleccionándonos: con la dignidad de la persona y con el cuidado al medio ambiente no se juega.

Las empresas que no evolucionen corren un riesgo muy serio de perder talento y clientela. Estas generaciones se alejan ya de organizaciones que lastiman y vulneran principios y valores que son claramente irrenunciables y no negociables.

Es este un movimiento esperanzador que trasciende fronteras, agendas y orientaciones políticas. Es la persona ocupándose de la persona y del planeta. Es, en palabras de Al Gore, el umbral de una Revolución de Sustentabilidad de magnitud y escala solo semejantes a aquellas de la Revolución Industrial.

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