Colaborador Invitado

Open banking, el próximo catalizador del sistema financiero mexicano

Entre las ventajas destaca la posibilidad de concentrar, en un solo sistema, información de las cuentas de los usuarios, ahorros, créditos y tarjetas bancarias.

Erick Padilla, director de crecimiento de Dapp

Los datos y la tecnología son activos que están revolucionando a la humanidad, gracias a que son capaces de optimizar tiempo y esfuerzo en diversos niveles y sectores. Ello cataliza desde cómo realizamos compras, buscamos entretenimiento o hacemos nuestras operaciones bancarias. Sin embargo, la puesta en marcha trae consigo áreas de oportunidad.

El open banking (o banca abierta) es un ejemplo donde convergen datos y tecnología. Ese punto de unión tiene que ver con el libre acceso a datos y cuentas de los usuarios, ya sean abiertos, agregados o transaccionales(1). Ese libre acceso se traduce en compartir información financiera, de forma digital, segura y en las condiciones que los cuentahabientes aprueban, ya sea por tiempo determinado o de manera indefinida. El objetivo es otorgar a los usuarios el poder de su información bancaria.

Entre las ventajas destaca la posibilidad de concentrar, en un solo sistema, información de las cuentas de los usuarios, ahorros, créditos y tarjetas bancarias, aunque esos servicios los reciban de diferentes entidades financieras.

Con lo anterior, es posible que, quienes recurran al sistema bancario, tengan acceso a recomendaciones sobre cómo pagar menos comisiones en servicios, de qué forma pueden liquidar sus deudas más rápido, productos o servicios que respondan a las necesidades de los clientes, así como a la ‘Iniciación de pagos’ (Payment Initiation).

La iniciación de pagos (PISP, por sus siglas en inglés) recae sobre dos pilares. El primero de ellos, que paguemos de forma digital, sin tener que utilizar ningún otro medio, como una tarjeta de crédito o una cuenta bancaria, al momento de la transacción. Esto gracias a que el cobro se hace a través de una plataforma que hace de intermediaria entre quien vende y quien adquiere.

El otro pilar es la simplicidad. En cuestión de segundos, una vez que un usuario permite a un proveedor externo acceder a sus datos bancarios, una interfaz de pago −propiedad del PISP−, le solicita información, que seleccionará su banco e introducirá las credenciales de su banca en línea para finalizar el proceso.

Los métodos de pago son una de las áreas de oportunidad que presenta el open banking, pero, en contraparte, los retos a los que se enfrentan responden a temas arraigados a la sociedad. De acuerdo con datos de la Política Nacional de Inclusión Financiera, 80 por ciento de las personas adultas en México pagan en efectivo, a pesar de tener una cuenta de captación o una tarjeta de crédito. La razón es la desconfianza a este tipo de métodos.

Ante la realidad de una sociedad, para implementar nuevas tecnologías como el open banking, es necesario encontrar un balance entre la facilitación del acceso a datos bancarios y herramientas que fortalezcan la confianza en la forma en la que se maneja su información.

La privacidad de datos personales es un tema de importancia, por lo que esta noción de consentimiento informado es todavía más relevante. De igual manera, la transparencia de las instituciones financieras será fundamental para traer beneficios a los usuarios y al ecosistema financiero en general.

Las reglas claras, y su correcta implementación, son importantes al hablar de open banking, ya que puede ser un aliado para alcanzar metas del Panorama Anual de Inclusión Financiera para 2024. Los objetivos más ambiciosos y en los que pueden existir beneficios directos la unificación de datos y tecnología son: la ampliación y la democratización del ecosistema financiero del país.

De cara al próximo catalizador del sistema financiero mexicano, la pregunta es cómo estamos preparándonos para dar esos siguientes pasos en cuanto a open banking. Sin duda, encontraremos retos por delante y, para hacerles frente, la colaboración y claridad de las instituciones financieras será indispensable. Con ello, será posible ofrecer productos más personalizados y empoderar a los usuarios sobre el manejo de su propia información financiera por medio de la digitalización.

Un caso de éxito y que revolucionó la banca europea se dio con la Segunda Directiva de Servicios de Pago (PSD2), que estableció e impulsó pagos modernos, eficientes, baratos y reforzó la protección de los consumidores y empresas(2). Sin duda, estamos cerca de ver algo muy similar en América Latina, con México como referente en la región.

1 ‘Open Banking’, ¿una realidad lejana para México? Deloitte

2 La Segunda Directiva de Servicios de Pago, Banco de España

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