Colaborador Invitado

‘Banca inteligente’, el siguiente destino del ‘open banking’

La banca abierta tiene el potencial único de innovar y personalizar los productos y servicios; sin embargo, estas características no han sido plenamente aprovechadas.

Edgardo Torres-Caballero, director general para América Latina de Mambu

La banca abierta (open banking) es una de las actividades de mayor foco en el sector bancario. Esta iniciativa promueve principalmente, la democratización de servicios financieros a través de la entrega autorizada de información de usuarios a terceros, para que las instituciones tengan la facultad de ofrecer servicios más integrados, personalizados y completos.

La confusión entre los clientes es uno de los retos a los que enfrenta la banca abierta y la vuelve uno de los conceptos más incomprendidos en servicios financieros. De hecho, a nivel mundial, 52 por ciento de los consumidores nunca ha escuchado acerca de banca abierta, a pesar de que 80 por ciento de los encuestados usa una o más aplicaciones financieras móviles.

En México hay avances significativos en esta materia, al grado de convertirse en un país clave dentro de la conversación de open banking en América Latina. Incluso, ha sido el primero en la región en desarrollar una normativa en torno al intercambio de datos financieros como parte de su Ley Fintech de 2018.

Si bien la banca abierta plantea oportunidades de negocio, la falta de comprensión sobre qué es y los temores por parte de los consumidores acerca de su seguridad y la privacidad de sus datos está obstaculizando su aceptación.

Para avanzar es vital contrarrestar esta falta de entendimiento. El camino idóneo a seguir es dejar de hablar de banca abierta para enfocarnos en demostrar que se trata de una banca inteligente que permite a los usuarios realizar operaciones conforme a sus necesidades.

Entonces, ¿por dónde deberíamos comenzar para generar un cambio? Identificamos cinco puntos en los que el sector debe trabajar para lograr impulsar la adopción de la banca abierta.

1. Cambiar la mentalidad entre las instituciones del sector. Los grandes bancos deben ver a la banca abierta como una oportunidad −en lugar de una amenaza− al permitirles ofrecer servicios de valor agregado, diseñados con base en la información que conocen de sus clientes, por ejemplo, qué servicios usan más o qué aplicaciones prefieren.

2. Estrategias centradas en los clientes. Una de las ventajas que brinda el open banking es que las instituciones pueden ofrecer servicios de gran valor y hacerlos sentir que ellos tienen el control absoluto de sus operaciones.

3. Seguridad es prioritaria. La encuesta mostró que, al tratarse de la banca abierta, casi tres de cada cinco clientes tienen inquietud en materia de privacidad y seguridad. El mensaje por parte de las instituciones debe empezar por garantizar estas dos características.

4. Pensar en ecosistemas. Es necesario trabajar dentro de un ecosistema de socios que contribuya a complementar su oferta para maximizar su alcance y tener un portafolio atractivo.

5. Desacoplar los sistemas legados. Los tiempos de desarrollo tecnológico tienen que ser mucho más cortos. Para lograrlo, las instituciones requieren de herramientas que les permitan responder ágilmente a las necesidades cambiantes de sus clientes. La adopción de plataformas en la nube con modelos de Software as a Service (SaaS) permite sacar al mercado desarrollos en cuestión de semanas y asegurarse de que siempre cuenten con la tecnología más reciente.

La banca abierta tiene el potencial único de innovar y personalizar los productos y servicios; sin embargo, estas características no han sido plenamente aprovechadas. En la medida en que entendamos los beneficios que brinda una ‘banca inteligente’, las personas serán capaces de diferenciar una oferta de un banco de otra. En ese camino las instituciones podrán construir la lealtad de sus clientes.

COLUMNAS ANTERIORES

Historia de la ciencia en México, héroes y logros por conocer
Aprovechemos la oportunidad

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.