Colaborador Invitado

Recuperación económica con vocación social

El modelo de desarrollo urbano que la Sedatu ha implementado está basado en una visión de cooperación mutua para direccionar los recursos a través de quienes más los necesitan.

Román Meyer Falcón, secretario de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano Gobierno de México

Hace poco más de un año, cuando la pandemia global por Covid-19 amenazaba los mercados en todo el mundo, una de las primeras necesidades del gobierno mexicano fue implementar un modelo de recuperación para amortiguar los estragos a la economía nacional. Era necesario actuar pronta y eficazmente, así que la apuesta del Estado fue por cumplir la demanda de bienes y servicios para mantener los ciclos económicos relativamente estables. Con ello se buscó contrarrestar las tendencias de desempleo, mitigando el estancamiento de sectores clave para la economía nacional, como la industria constructora o los mercados de importación y exportación.

La estrategia ha implicado una inversión extraordinaria por parte del sector público en regiones y sectores en donde no se invertía antes. Una de las principales tareas de la Sedatu en este proceso ha sido la implementación de estrategias y proyectos de infraestructura y desarrollo urbano que dinamicen las economías locales a través de la generación de empleos, al tiempo que contribuyan a cuidar la salud e incrementar el bienestar de las y los mexicanos. El primer enfoque ha estado en las comunidades con mayores índices de marginación y pobreza, las más golpeadas desde el inicio de la pandemia.

Nuestro Programa de Mejoramiento Urbano (PMU) #MiMéxicoLate se ha convertido en un eje central para este modelo de recuperación, tanto en lo económico como en lo social. Comenzó desde 2019, con el cometido de transformar nuestras ciudades desde sus colonias más pobres y violentas, y con ello, mejorar la vida de sus habitantes, desde la construcción de obra pública, vivienda y escrituración. De esta forma, a partir del año pasado, se convirtió también en un instrumento clave para enfrentar el panorama económico post-pandémico.

Durante su primer año, el PMU intervino 24 municipios en 11 estados de la República con 348 obras de infraestructura y equipamiento urbano, además de realizar más de 17 mil acciones de vivienda. En el proceso, se invirtieron 6 mil 800 millones de pesos, se generaron más de 70 mil empleos y se benefició a más de dos millones de personas.

Al año siguiente, a pesar de la gran incertidumbre producida por las crisis sanitaria y económica, el Programa invirtió 4 mil 900 millones de pesos para sacar adelante 128 obras públicas y más de 13 mil acciones de vivienda en 10 estados, principalmente de las zonas sur y sureste del país. Ayudó con la creación de 30 mil empleos y benefició a un millón y medio de personas.

Para este 2021, el potencial del PMU había quedado claro. Seguiremos generando empleo y bienestar en la región de la Península de Yucatán, los Pueblos Yaquis y las comunidades aledañas al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Durante estos primeros tres años del programa esperamos haber concluido más de 700 obras de espacio público e infraestructura urbana, también haber apoyado a más de 180 mil familias con la mejora de su vivienda y haber generado más de 300 mil empleos de forma directa.

Han sido tres años de mucho trabajo, entre otros equipamientos se han construido 90 planteles educativos, más de 150 deportivos y más de 200 espacios públicos. Los beneficios sociales de estas obras son incalculables, pues no es fácil cuantificar, por ejemplo, el valor de la identidad comunitaria generada al interior de un barrio, o de ayudar a una familia a edificar su patrimonio. Sin embargo, los empleos generados, el impulso a las industrias involucradas y la derrama económica hablan por sí mismos.

Si el PMU incrementó en tamaño y alcance durante su tercer año, es porque el país atravesaba una situación que requería acción inmediata para alcanzar una recuperación completa, y el Programa había dado ya prueba de su eficacia. Pero había un factor más que resultaba esencial, y era la vocación de servicio social. México no podía implementar una recuperación basada en el papel del Estado como garante del orden económico sin antes poner al centro de las políticas y de la toma de decisiones las necesidades más urgentes de la gente en el territorio. El PMU representa precisamente esa vocación. Por lo tanto, su mandato ahora se cumple por doble partida: atender en el contexto urbano a las poblaciones que en el pasado fueron ignoradas, y en el proceso contribuir al saneamiento y crecimiento de la economía nacional.

El modelo de desarrollo urbano que la Sedatu ha implementado está basado en una visión de cooperación mutua —entre el sector público, la iniciativa privada y la sociedad civil— para direccionar los recursos a través de quienes más los necesitan, llegando a una distribución más equitativa. El PMU resulta una parte instrumental de dicho modelo, donde la meta común es un futuro económico más incluyente, sostenible y viable para todas las personas en México.

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