Colaborador Invitado

Saber hacer, poder hacer, querer hacer

La productividad y la competitividad tienen un papel relevante para los países por lo que respecta a su capacidad para enfrentar el reto de un mayor desarrollo económico.

Probablemente ustedes compartan conmigo el asombro por los avances que un evento fatídico de proporciones no vistas en muchas generaciones, como ha sido la pandemia por el Covid-19, ha propiciado en diversos ámbitos. Comenzando por el desarrollo de vacunas contra dicha enfermedad en un tiempo y escalas inimaginables, hasta la posibilidad de continuar con una buena parte de nuestras vidas en modo “virtual”. Para tener una idea de esta proeza, por ejemplo, a esta fecha se han administrado en el mundo 2.7 miles de millones de dosis de vacunas, y aproximadamente el 22 por ciento de la población mundial -que actualmente asciende a 7.8 miles de millones de personas-recibió ya una primera dosis de tal vacuna1. A su vez, en nuestro día a día, actualmente es relativamente normal decir que “compraremos la despensa en línea”, o que “tendremos reuniones de trabajo en videoconferencia”, o “tendremos clases en alguna plataforma de Internet”.

No cabe duda de que ha sido un periodo lamentable por los millones de vidas que se han perdido y las rupturas familiares que ello implica, pero es también un periodo de grandes lecciones y de una asombrosa capacidad de adaptación. Hay mucho que estudiar y aprender de todo esto, pero quiero concentrarme en algunos esbozos de lo que considero ha hecho posible esta capacidad de enfrentar retos sin precedentes: la productividad y la competitividad. ¿Por qué pienso que son factores relevantes en esa explicación? Porque el primero de ellos se refiere fundamentalmente a la forma en que usamos los recursos - escasos- que tenemos, es decir, se refiere al producto obtenido por unidad de insumos utilizados en la producción de bienes y servicios; mientras que el segundo tiene que ver con la forma en que, comparados con otras economías, los podemos aprovechar, y en una de sus múltiples acepciones, se refiere al conjunto de instituciones, políticas, y factores que determinan el nivel de productividad de un país2.

Partiendo de la idea propuesta de que la productividad y la competitividad tienen un papel relevante para los países por lo que respecta a su capacidad para enfrentar el reto de un mayor desarrollo económico, así como también frente a retos inéditos como los descritos al inicio, ¿cómo hemos empleado nuestros recursos escasos en México? ¿Cómo nos comparamos con otros países que enfrentan también estas decisiones respecto a la mejor asignación posible de sus recursos escasos? Estos temas son fascinantes y amplios, pero me arriesgo a ofrecer aquí un vistazo a través de algunos datos y experiencias.

Por una parte, diría que, en años recientes, hemos perdido el terreno recuperado después de la crisis financiera internacional de 2008, y hemos empeorado consistentemente en el uso de nuestros recursos para producir bienes y servicios. Al respecto, si revisamos la evolución del índice global de productividad laboral en el periodo 2005-2021, identificamos tres grandes aspectos; primero, una caída considerable de la productividad en el periodo 2005-2009, que en buena parte se explica por los efectos de la crisis financiera internacional de 2008-2009; segundo, una recuperación sostenida de la productividad laboral a lo largo  de nueve años (2009-2017); y, tercero, nuevamente una contracción persistente en los  últimos cinco años (2017-2021; ver gráfica), seguramente agravándose a partir de 2020, cuando inició la pandemia por Covid-19.

Productividad (Especial)

En lo que respecta a la competitividad de la economía mexicana, y considerando las  mediciones que al respecto realiza año con año el Foro Económico Mundial, entre 2008 y  20193 vemos que luego de pasar del lugar 60 (entre 134 países) en 2008-2009, al 66 (entre  139 países) en 2010-2011, en el periodo 2011-2013 México concretó diversas mejoras en  los determinantes de su productividad, tanto en el ámbito privado como en el público, que  lo llevaron al lugar 53 (entre 144 países) en 2012-2013. Es preciso aclarar que se trata de  aspectos dinámicos tanto al interior de los países como entre los países, y si bien en esa  dinámica México observó retrocesos en esta clasificación en los años 2013-2014 (lugar 55  entre 148 países), y 2014-2015 (lugar 61 entre 144 países), en la última clasificación  disponible nuestra economía se posicionó en el lugar 48 entre 141 países.

Esto es relevante, pues desde la perspectiva planteada es una medición de la capacidad que  tenemos para aprovechar nuestros recursos escasos, y debe ser un llamado a persistir en el  esfuerzo, particularmente en el sector público en todos los niveles de Gobierno, para mejorar ese conjunto de instituciones y políticas que determinan nuestro nivel de  productividad. Un llamado de atención a este respecto lo constituye el deterioro observado  recientemente en otras mediciones de competitividad, como la realizada por el IMD 4, en la  que México pasó de la posición 48 (2017), a la posición 55 (2021), entre 64 economías  estudiadas, y en todos los componentes de esa clasificación retrocedió en los años  referidos: en desempeño económico, del lugar 30 al 49; en eficiencia gubernamental, del  51 al 59; en eficiencia empresarial, del 36 al 47; y, en infraestructura, del 55 al 58.

Identifico tres aspectos que en mi paso por la Secretaría de Economía, junto con el sector  privado y social, buscamos robustecer para precisamente incrementar nuestras posibilidades de aprovechar los recursos con que contamos: buscar una integración más  extensa y profunda con otras economías mediante el desarrollo de cadenas globales de  valor y la promoción del comercio internacional; cumplir y hacer cumplir las leyes y  simplificar trámites y gestiones particularmente en el ámbito administrativo; y, desarrollar  capacidades en nuestro país mediante la adopción de tecnologías, procesos y  conocimientos orientados a desarrollar una mayor complejidad económica.

Cada minuto y cada peso cuentan, no debemos cejar en los esfuerzos por lograr un mayor  aprovechamiento de nuestros recursos escasos, y para ello es vital que, por una parte,  exijamos a las autoridades el trabajo y rendición de cuentas que se espera de ellas para el  fortalecimiento del conjunto de instituciones y políticas, y por otra, una participación activa  en nuestros respectivos ámbitos de acción para fortalecer, en un plano individual nuestras  capacidades y conocimientos, y en un plano colectivo, nuestra contribución a un país más  productivo y más competitivo.

1 Usted puede consultar la información referida en https://ourworldindata.org/covid-vaccinations

2 Esta definición es la empleada por el Foro Económico Mundial, el cual realiza mediciones de la competitividad  de los países desde 1979.

3 A partir de 2020, el Foro Económico Mundial informó que suspendió temporalmente la publicación de su Índice Global de Competitividad, y con ello, los rankings de las economías que son analizadas.

4 Información disponible en https://www.imd.org/centers/world-competitiveness-center/rankings/world competitiveness/

COLUMNAS ANTERIORES

De la curiosidad infantil a la ciencia con impacto
Empresas como actores de la salud social y bienestar social

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.