Colaborador Invitado

Una idea del amor de Dios

El amor de Dios nos pensó, somos una idea del amor de Dios. Tarde o temprano la vida, con sus peripecias y altibajos, nos presentará la ocasión para reflexionar sobre esta realidad.

Por Cristóforo Gutiérrez Vega LC

Ya casi anochecía. Con un grupo de jóvenes polacos salíamos del Vaticano por las escaleras del Portón de Bronce. Todos contentos y sonrientes, con una cara de alegría que todo mundo podía notar. Una pareja alemana nos preguntó qué pasaba. Nada, sólo una audiencia privada con el Papa Juan Pablo II. Cada uno había entrecruzado algunas palabras con él y con su mirada y sonrisa. Ellos nunca habían estado en una audiencia papal. Nos pusimos de acuerdo y el miércoles siguiente estaba con ellos en el Aula Pablo VI, en la tercera fila. Lo disfrutaron muchísimo.

Tiempo después me encontraba yo en Alemania y me invitaron a bautizar a una hijita suya, en Osnabruck. La cuarta de los hijos, algo no muy normal en Alemania. La iglesia estaba situada cerca de la Plaza de la Justicia. En tiempos antiguos, esta plaza tenía la particularidad de que si alguien era perseguido por la justicia, por cualquier razón que fuera, si llegaba a esta plaza, estaba a salvo, protegido. La justicia ya no lo podía perseguir.

Comenzamos la ceremonia, acompañados por varios amigos de la familia, entre ellos unos doce o quince niños, de diversas edades. En un determinado momento comenzaron a cantar un canto. No te olvides que tú eres una idea del amor de Dios. Después de cada estrofa repetían este estribillo: No te olvides que tú eres una idea del amor de Dios. Desde entonces no me puedo olvidar de esta expresión, del contenido profundo de esta idea. Además, sonaba especial cantada por voces infantiles. Somos creaturas de Dios. Existimos porque Dios nos ama. En un determinado y misterioso momento Dios pensó en mí, en ti. Nos pensó con amor o su amor nos pensó y comenzó nuestra existencia.

A veces pensamos que la vida es nuestra, toda nuestra, propiedad exclusiva. Nos cuesta trabajo o no queremos pensar en el papel de Dios. Sí, la fe nos dice que Dios crea e infunde personalmente cada alma y así venimos a la existencia. El amor de Dios nos pensó, somos una idea del amor de Dios. Tarde o temprano la vida, con sus peripecias y altibajos, nos presentará la ocasión para reflexionar con un poco de seriedad sobre esta realidad. No siempre podemos vivir como si tal cosa no importara. No olvides que eres una idea del amor de Dios. Los sobresaltos de la vida pueden hacer que esta verdad cale en tu corazón y podrás ver el mundo, las cosas, lo que te ha pasado en la vida con otra perspectiva. Con otra luz.

En el mundo de la Biblia resuena desde el inicio la voz de Dios: creced y multiplicaos. Dios está ahí, acompañando la acción de los esposos. Los hijos son una bendición de Dios. Con todo, me gusta reflexionar sobre unos casos especiales. Ahí aparece más directa la acción de Dios en la fecundidad femenina.

La madre de Sansón no tenía hijos, era estéril. En la Biblia no aparece su nombre, se le llama la esposa de Manóaj. Se le aparece el ángel del Señor. “Bien sabes que eres estéril y que no has tenido hijos… vas a concebir y a dar a luz un hijo. No pasará la navaja por su cabeza, porque el niño será nazir de Dios desde el seno de su madre. Él comenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos”. Dios interviene en el nacimiento de Sansón. Será nazir, consagrado a Dios desde el seno de su madre y Dios le confía una misión salvadora.

Elcana tenía dos esposas, Ana y Penina. Esta maltrataba durante mucho tiempo a Ana porque era estéril. Le pidió Ana a Dios tener un hijo. Dios se lo concedió y en agradecimiento ella lo llevó al templo para consagrarlo al servicio de Dios.

“Este niño pedía yo y Yahveh me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo cedo a Yahveh por todos los días de su vida; está cedido a Yahveh”. Y le dejó allí a Yahveh. Llegaría a ser el profeta Samuel. El nombre de Samuel significa: escuchado por Dios.

El encuentro de María con su prima Isabel es mucho más elocuente. Una anciana y una virgen han concebido. Para Dios no hay nada imposible. La cercanía del Hijo de Dios hace que Juan se regocije en el seno de su madre, porque presiente la cercanía de Dios en el seno de María. Bendito el fruto de tu vientre, bendita tú porque has creído.

Algunos quieren desentenderse de Dios, ¿qué vale todo el mundo en comparación con Dios, dueño y señor de todo lo creado? Me agrada escuchar aquella melodía y aquellas voces infantiles que alegres cantaban: No te olvides que tú eres una idea del amor de Dios. La vida aparece con una luz nueva y un horizonte extraordinario.

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