Reforzar el papel de las cámaras empresariales en México es clave para elevar la inversión, pasar del nearshoring pasivo a una industrialización con valor agregado, y articular mejor la triada Estado–empresa–territorio. En esta perspectiva se requiere diseñar un marco estratégico con instrumentos concretos, alineado con una visión de desarrollo productivo de mediano plazo.
Con este propósito es necesario revitalizar los órganos gremiales a agentes de desarrollo productivo, las cámaras deben evolucionar de la representación sectorial a plataformas de inversión, innovación y encadenamientos. Para ello es necesario crear unidades técnicas permanentes dentro de cámaras como CANACINTRA, CONCAMIN y COPARMEX, con perfiles en economía industrial, financiamiento y tecnología. La propuesta es que estas unidades técnicas pudieran elaborar portafolios sectoriales de inversión (metal–mecánica, semiconductores, agroindustria, logística, economía digital), con proyectos listos para financiar, lo que se conoce en el lenguaje empresarial como listo para la inversión (investment-ready). Estos equipos técnicos se encargarían de medir y reportar impacto (inversión inducida, empleo formal, contenido nacional), en coordinación con INEGI.
Complementando estas tareas de elaboración de proyectos, las Cámaras podrían servir como intermediarias financieras del desarrollo, con el fin de reducir costos de información y riesgo para invertir. La propuesta sería crear ventanillas conjuntas con banca de desarrollo (NAFIN, Bancomext) para: garantías parciales y blended finance; capital semilla y coinversión para pymes proveedoras. Se podrían constituir fondos sectoriales administrados por cámaras para proveeduría local y sustitución competitiva de importaciones.
Se buscaría que las Cámaras tuvieron un anclaje territorial y encadenamientos productivos, constituyéndose en nodos territoriales que conecten inversión con capacidades locales. La propuesta sería que se mapearan proveedores, capacidades tecnológicas y brechas por región (corredores del norte, Bajío, Istmo). Para reforzar el ámbito local se podrían constituir consorcios empresa–universidad–gobierno con universidades públicas (p. ej., UNAM) para I+D aplicada, formación técnica y transferencia tecnológica. En esta perspectiva las oficinas regionales de las Cámaras podrían contribuir al desarrollo de proveedores para preparar a las pequeñas y medianas empresas s para integrarse a cadenas globales.
La propuesta en este entorno sería desarrollar gobernanza público-privada con reglas claras, cuyo propósito sea atraer inversión sostenida con corresponsabilidad.
Se buscaría crear consejos sectoriales vinculantes donde cámaras y gobierno acuerden metas de inversión, innovación y empleo. Con el fin de crear esquemas sólidos se propone condicionar incentivos a compromisos medibles (reinvención de utilidades, capacitación, compras locales). Se buscaría dar a estas instancias de promoción esquemas de transparencia, mediante esquemas de evaluación con estándares como los de Cepal y OECD.
En esta nueva perspectiva las Cámaras deben desarrollar inteligencia económica y prospectiva, es decir las cámaras deben anticipar, no solo reaccionar, para lo cual requieren desarrollar observatorios sectoriales (demanda futura, estándares tecnológicos, riesgos geopolíticos), con la capacidad de desarrollar escenarios de inversión a 5–10 años (automatización, IA, transición energética). Una tarea fundamental para mantenerse actualizadas las Cámaras deberían de hacer difusión de mejores prácticas internacionales para elevar productividad y sofisticación exportadora.
Con el fin de que esto funcionara adecuada se requiere de una reforma institucional de las cámaras, para que de entidades burocráticas actuales se conviertan y funcionen como agentes de cambio, para ello son necesarios ciertos cambios, tales como profesionalización de cuadros técnicos (no rotación política), cuotas diferenciadas ligadas a servicios de alto valor (finanzas, tecnología, mercados), coordinación inter-cámaras bajo el paraguas del Consejo Coordinador Empresarial para evitar fragmentación.
Los responsables tendrían que diseñar indicadores de éxito, tales como inversión inducida por peso de incentivo; contenido nacional en exportaciones; productividad y salarios en empresas afiliadas; tasa de formalización y escalamiento de pymes proveedoras. Todo esto en la perspectiva de cámaras como motores de inversión. La propuesta es que si se reforman institucionalmente las cámaras locales y regionales y se integran a la política industrial, las cámaras pueden pasar de ser gestores de intereses a arquitectos de inversión productiva, acelerando el tránsito de México hacia un modelo de crecimiento con innovación, encadenamientos locales y mejores salarios. En cada corredor, la “cámara ancla” funciona como ventanilla de proyectos, desarrollo de proveedores, articulación con banca de desarrollo, y convoca a las cámaras complementarias (construcción, digital, agro, logística, etc.) para cerrar brechas específicas