Las autoridades chinas dieron a conocer la caída de la población de China, señalando que las muertes superaron en número a los nacimientos el año pasado por primera vez en seis décadas. Los expertos ven importantes implicaciones para China, su economía y el mundo. El país más poblado del mundo ha llegado a un momento crucial: la población de China ha comenzado a reducirse, luego de una disminución constante de años en su tasa de natalidad que, según los expertos, es irreversible. De acuerdo con el gobierno, 9.56 millones de personas nacieron en China, mientras que 10.41 millones de personas murieron. Fue la primera vez que las muertes superaron en número a los nacimientos desde el Gran Salto Adelante, el experimento económico fallido de Mao Zedong que condujo a una hambruna y muerte generalizadas en la década de los sesenta. Esta situación parece ser el producto de la política del hijo único que se estableció a finales de siglo en China, política que el gobierno intentó revertir ofreciendo incentivos para animar a las familias a tener más hijos. Ninguna de esas políticas funcionó. Ahora, frente a una disminución de la población, junto con un aumento prolongado en la esperanza de vida, el país se ve empujado a una crisis demográfica que tendrá consecuencias no solo para China y su economía, sino también para el mundo.
A esto se sumó el anuncio de que la economía de China creció sólo un 3 por ciento en 2022, un año marcado por los confinamientos y las disrupciones derivados de la férrea política de cero Covid, a la que el Gobierno puso punto final de forma abrupta en diciembre tras una ola de protestas sociales. Es el peor dato de crecimiento del gigante asiático desde el primer año del coronavirus en 2020 –cuando el PIB de la segunda economía del planeta aumentó apenas un 2.2 por ciento–. Y para encontrar otro año de menor dinamismo hay que remontarse a aquella China aislada de 1976, casi medio siglo atrás, cuando acabó el convulso decenio de la Revolución Cultural y murió el histórico líder Mao Zedong. El oscuro panorama del final de 2022, con un tsunami de contagios de Covid y decenas de miles de muertos tras el relajamiento de medidas sanitarias, abre la puerta en cualquier caso a un esperado efecto rebote pos pandémico en 2023.
Es momento de reflexión ya que durante las últimas cuatro décadas, China emergió como una potencia económica y la fábrica del mundo. La evolución del país de la pobreza generalizada a la segunda economía más grande del mundo condujo a un aumento en la esperanza de vida que contribuyó a la disminución de la población actual: más personas vivían más tiempo y nacían menos bebés. Esa tendencia ha acelerado otro evento preocupante, se vislumbra el día en que China no tendrá suficientes personas en edad de trabajar para impulsar su crecimiento, ya no será la población joven, vibrante y en crecimiento. Comenzaremos a apreciar a China, en términos de su población, como una población envejecida y en disminución.
Las donaciones del gobierno, como dinero en efectivo para bebés y recortes de impuestos, no han logrado cambiar el hecho subyacente de que muchos jóvenes chinos simplemente no quieren tener hijos. Hay un sinfín de relatos sobre la decisión de no querer tener hijos. Según la Oficina de Estadísticas de China, es el sexto año que se reduce el número de nacimientos. Esto cambiará el perfil demográfico y de acuerdo con las autoridades chinas, se espera que para el año 2035, 400 millones de personas en China tengan más de 60 años, lo que representará casi un tercio de su población. La escasez de mano de obra que acompañará al rápido envejecimiento de la población de China también reducirá los ingresos fiscales y las contribuciones a un sistema de pensiones que ya se encuentra bajo una enorme presión. La pregunta que surge es si el gobierno podrá proporcionar o no acceso generalizado a la atención de ancianos, servicios médicos y un flujo estable de ingresos más adelante en la vida, lo que afectará la sustentabilidad del gobierno.
A lo anterior se suma que el crecimiento económico ha tendido a ser menos vigoroso, en 2022 el crecimiento de la economía China sólo alcanzó el 3 por ciento, lo que implica que el gigante asiático enfrenta una menor expansión y por lo mismo dejará de jalar a la economía mundial. Es momento de reflexión para la comunidad internacional, las tasas de crecimiento aceleradas son las que impulsaron el modelo de crecimiento basado en el consumo masivo, estos parámetros se modifican y por lo mismo, requerimos rediseñar la expansión del mundo. En México, la tasa de crecimiento de la población ha venido disminuyendo lentamente de 1.7 por ciento en la década de los noventa a sólo 0.9 por ciento en 2020, que en términos absolutos pasó de una expansión de 1.5 millones en 1994, a sólo 900 mil en la segunda década del siglo XXI.
Es momento de reflexión, ya que uno de los motores del crecimiento había sido la expansión de la población. Hoy esta variable está perdiendo dinamismo, requerimos como sociedades pensar cómo será el futuro y cómo estructuraremos las sociedades cuando uno de los factores de crecimiento tienda a estabilizarse; requerimos diseñar nuevos modelos de desarrollo, de lo contrario la inestabilidad provocará un mundo de conflictos y de deterioro social. Rediseñemos hoy para evitar caer en conflictos e ingobernabilidad el día de mañana.