Clemente Ruiz Duran

El debate sobre el crecimiento

Los escenarios de crecimiento son más complejos de lo que aparentan, ya que los vendavales de la economía internacional podrían afectar negativamente a nuestro país.

En las últimas semanas se ha debatido la posibilidad de que el crecimiento de la economía en 2022 se dinamice y supere el dos por ciento de crecimiento, lo cual serían buenas noticias para todos. La OECD ha señalado en su revisión de sus proyecciones a nivel global, que México podría alcanzar 2.5 por ciento de crecimiento y algunas previsiones gubernamentales lo sitúan incluso por arriba de 3 por ciento. La pregunta es: ¿en qué se fundamenta esta nueva previsión de crecimiento? Analizando el reporte se observa que estas nuevas estimaciones de la OECD se fundamentan en la fortaleza de tres factores, uno es el consumo privado que a pesar de la inflación ha observado un repunte importante con la expectativa de que crezca en un 7 por ciento derivado del apoyo que ha dado la política salarial, la inversión en 6.5 por ciento y las exportaciones en 7.6 por ciento.

Esta visión optimista se corrobora con los datos que este lunes dio a conocer el INEGI sobre las exportaciones enero-octubre de 2022, las que crecieron respecto al mismo periodo de 2021, en 19.5 por ciento. Cabe destacar que las exportaciones no automotrices crecieron en un 18.6 por ciento y las automotrices en 19.7 por ciento, lo que permitió obtener un superávit en la balanza comercial no petrolera de 3 mil 249 millones de dólares. El factor negativo fue el déficit comercial petrolero que alcanzó los 30 mil 558 millones de dólares, lo que se ha convertido en un lastre para el país.

En este escenario hay que considerar el gran aliento que han dado las exportaciones al crecimiento, en este sentido nuestro país está aprovechando el nearshoring con Estados Unidos. El pilar de este proceso recae en la industria automotriz, que se ha convertido en el eje toral del gran cambio que se ha dado en América del Norte para la producción de vehículos de transporte ligeros y para automóviles. De los 2 millones 789 mil 988 unidades producidas hasta octubre en nuestro país, de acuerdo con la AMIA, unos 2 millones 391 mil 171 se destinaron a la exportación y el resto para el mercado interno. Un punto que es necesario resaltar es que México se ha especializado en su producción en camiones ligeros y no tanto en automóviles; del total 80 por ciento son camiones ligeros y sólo un veinte por ciento automóviles. Esto significa que México es productor básicamente de camiones para complementar las necesidades de autotransporte que requiere Estados Unidos.

Esta situación positiva para el crecimiento presenta riesgos ya que el nearshoring nos hace más dependientes del crecimiento de Estados Unidos. En esta perspectiva, los escenarios de crecimiento son más complejos de lo que aparenta, ya que los vendavales de la economía internacional podrían afectar negativamente a nuestro país. Si el crecimiento de Estados Unidos disminuye en 2023, esto podría afectar la tasa de crecimiento a través de una reducción de la demanda externa, poniendo en jaque a la economía mexicana, donde uno de los hilos conductores podría ser una contracción de la demanda automotriz.

Requerimos diversificar las plataformas exportadoras para reducir la dependencia respecto al mercado estadounidense. En un mundo tan competido es necesaria una auténtica política industrial que reduzca la vulnerabilidad respecto al mercado estadounidense, sin dejar de obtener las ventajas que representa el nearshoring.

Sin embargo, con un mundo en conflicto, es necesario fortalecer los factores internos de crecimiento como es el consumo privado, el cual se ha beneficiado del aumento al salario mínimo, el cual se prevé sea de 20 por ciento para 2023. Sin embargo, se requieren de medidas más audaces como es la formación de cadenas de valor entre empresas nacionales, para lo cual se requiere crear cadenas de valor regionales que entrelacen los esfuerzos de las micro y pequeñas empresas. La tarea es ardua pero lo que está en juego es la mejora del aparato productivo nacional en sectores que se encuentran en un gran letargo después de la pandemia. Esto plantea, en cierto sentido, la reestructuración del aparato productivo desde abajo y con ello sacar a millones de empresas de la trampa del bajo valor agregado, esto requiere entretejer en multitud de medianas y pequeñas empresas que se han quedado rezagadas en el proceso de recuperación.

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