El conflicto entre Ucrania y Rusia no debería de haberse dado, es una situación que escaló a partir de una propuesta para incorporar al país centroeuropeo a la OTAN, bajo el supuesto de que esto permitiría a Ucrania protegerse de una posible invasión. Esto provocó una reacción negativa de la Federación rusa; sin embargo, se siguió insistiendo, lo que se fue complicando poco a poco, hasta el estallido del conflicto. La pregunta que surge es: ¿porque no se retiró esta propuesta para evitar el conflicto? La crisis se profundizó alentando la fragmentación hacia el interior de Ucrania, las provincias del este (Donetsk y Lugansk) retomaron su búsqueda de independencia para unirse a la Federación rusa. Esta situación agravó el conflicto y abrió la puerta a las hostilidades y la invasión de Ucrania por parte de la Federación rusa el 21 de febrero.
Ucrania, pequeño país del centro Europa caracterizado por su fortaleza en la producción agrícola, quinto productor de maíz, tercer productor mundial de patata, séptimo productor mundial de remolacha azucarera, de cebada y colza, noveno productor mundial de soja, decimotercer productor de tomates, quinto productor mundial de repollo, undécimo productor mundial de manzana, tercer productor mundial de calabaza, sexto productor mundial de pepino, quinto mayor productor de zanahoria, tercer productor mundial de trigo sarraceno, todo esto es lo que le ha dotado del nombre de granero de Europa.
Con estas características, por qué un país tan próspero se involucra en un conflicto de grandes dimensiones con la Federación rusa. La respuesta es su geolocalización, la cual lo coloca en un lugar estratégico por su salida al mar Negro, la Flota del Mar Negro es una gran subunidad estratégica dependiente de la Armada rusa, que opera en el mar Negro y el mar Mediterráneo desde finales del siglo XVIII. En esta perspectiva, Ucrania se convierte en una zona estratégica para la Federación rusa. Sin embargo, su tránsito requiere pasar por los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos pertenecientes a Turquía, que ha advertido que cerrará el tránsito a buques de guerra. De esta forma la raíz del conflicto deriva de esta geolocalización estratégica tanto para Europa como para la Federación rusa.
De esta forma desescalar el conflicto implica acuerdos de gran magnitud que salvaguarden la seguridad de Ucrania y permitan que la flota rusa cuente con accesos seguros al mar Negro, sin que se imponga una restricción por parte de la OTAN. Lo anterior implica el retiro de la propuesta de incorporación de Ucrania a la OTAN y garantizar un acceso seguro a la Federación rusa a las instalaciones de su flota en el mar Negro. Este entendimiento requiere de una gran negociación entre todas las partes involucradas. En 2014 la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Francois Hollande lograron un acuerdo por la invasión rusa a la península de Crimea, con los acuerdos de Minsk; sin embargo, no se dio una solución integral, dando lugar a la actual crisis.
Se requiere de una acción colectiva coordinada para evitar lo que ha acontecido anteriormente que es la falta de consistencia en política exterior por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. Ha sido evidente la debilidad estadounidense, que el verano pasado retiró de manera abrupta y caótica de Afganistán a sus fuerzas, dando lugar a la violencia interna. En esta ocasión tanto la Unión Europea como Estados Unidos han dado muestra que no tienen una visión de largo plazo para la conformación de una comunidad internacional de coprosperidad global, su respuesta ha sido lenta y centrada en la disrupción más que en una visión de cómo resolver esta crisis en la perspectiva de generar una paz duradera y promover sinergias que desemboquen en una sociedad de coprosperidad mundial.
En el caso mexicano la respuesta ha sido ceñirnos a los principios de no intervención, lo cual parece sensato. Sin embargo, es insuficiente ya que se requiere que el país sea más propositivo, requerimos pugnar por un proceso de paz de larga duración y un rediseño de acuerdos globales para la coprosperidad. En realidad, México tiene que verse como gestor de una nueva sociedad internacional, ya que en el momento actual nuestra relación con las áreas en conflicto es sumamente limitada. Rusia es nuestro trigésimo quinto socio, con un comercio internacional en 2020 de 421 millones de dólares de exportaciones y de 821 millones de dólares de importaciones. Esta situación se dinamizó en 2021 aumentándose en los primeros seis meses los niveles de comercio, alcanzando las exportaciones de 2 mil 594 millones de dólares y las importaciones mil 894 millones de dólares. Como puede verse, el comercio bilateral es limitado. Lo esencial en este caso es que México impulse una visión de reordenamiento global que permita la coprosperidad. Es un nuevo momento de reordenamiento global, es necesario rediseñar la arquitectura institucional global de forma que evite los conflictos y abra las puertas a una sociedad global de mayor cooperación.