Clemente Ruiz Duran

Renta petrolera y finanzas públicas 2021

El fin de semana pasado la OPEP alcanzó un acuerdo para incrementar en 400 mil barriles diarios la producción de crudo a partir de agosto.

El fin de semana pasado la OPEP alcanzó un acuerdo para incrementar en 400 mil barriles diarios la producción de crudo a partir de agosto, lo que supone que dará estabilidad al mercado de petróleo, el cual ha atravesado por un periodo de zozobra derivado de la guerra de precios de Arabia Saudita con Rusia. A México esta situación le da un respiro ya que tuvimos que enfrentar en 2020 la fuerte caída de los precios del petróleo que golpeó a las finanzas públicas. En enero de 2020 el precio de la mezcla mexicana estaba en 58.88 dólares el barril, para abril fue de 8.53 dólares, siendo este el punto de inflexión. A partir de entonces se dio un aumento progresivo alcanzando en diciembre 46.46 dólares. En los primeros meses del año el precio de la mezcla mexicana se ha elevado alcanzando el 9 de julio 70 dólares.

Esta recuperación de los precios del petróleo sin lugar a duda que ayudará a las finanzas públicas de México, a través de lo que se ha denominado renta petrolera. Sin embargo, el escenario es algo más complejo de lo que se ve a simple vista. Veamos primero los efectos positivos de esta situación. Los ingresos petroleros representaron en 2018 una quinta parte de los ingresos públicos, en 2019 se redujo a un 18 por ciento, en 2020 se desplomó esta contribución a 11 por ciento y en lo que va de 2021 la aportación se ha empezado a recuperar para situarse en 13 por ciento de las finanzas públicas. El escenario ideal es regresar a la situación prevaleciente en 2018, sin embargo, esta situación es difícil de alcanzar al menos en este año, por lo que las finanzas públicas también se verán limitadas, lo que expone la necesidad de replantear el tratamiento que damos a la renta petrolera y a Pemex.

El panorama está realmente complejo, el repunte de la inflación en el mundo desarrollado ha causado inquietudes y en parte lo achacan a precios más altos de los energéticos. Esto combinado con el repunte del Covid llevaron a que el lunes pasado se diera un macroajuste en las bolsas de valores, que afortunadamente el martes mejoró; sin embargo, esta situación muestra la fragilidad de la recuperación, y por lo mismo la necesidad de mantener una visión de largo plazo para la reestructuración de la renta petrolera mexicana.

En esta perspectiva hay que tener en cuenta que la transición energética conllevará, al menos durante un periodo de tiempo, un alza de los precios energéticos para que industria y consumidores internalicen los efectos medioambientales de sus decisiones, siempre y cuando los gobiernos del mundo no insistan en subsidiar el precio de la gasolina, ya que ello creará distorsiones entre los consumidores que optarán por seguir consumiendo auto de combustión interna en vez de optar por los híbridos o los eléctricos. El sector público tiene la responsabilidad de proteger a los consumidores más vulnerables en esta fase, evitando que las políticas climáticas acentúen las desigualdades, pero no deben diluir las decisiones más difíciles. Cuando éstas fructifiquen, no solo habrá un beneficio medioambiental, sino también un gran cambio geopolítico, en el que la caída de la demanda de crudo afectará, y mucho, a los países productores de petróleo que bajo el supuesto de apoyar a las masas, se abstengan de realizar cambios a profundidad de la matriz energética.

El panorama tan complejo que se plantea es entre el corto, mediano y largo plazos. Es un hecho que para las finanzas públicas hoy continúan siendo indispensables los recursos de la renta petrolera, sin ellos se tendría que recortar muchos de los programas del sector público. Aceptando esta premisa la cuestión es que la actual administración sea capaz de plantear la transición, de forma que la renta petrolera pudiera utilizarse hacia finales del actual sexenio para apoyar la transición de Pemex en una empresa de energía del siglo XXI, como lo es Equinor de Noruega, con el siguiente lema: Impulsada por un propósito, inspirada por una visión y guiada por valores.

Esta transición requiere de una amplia estrategia de diseño de instituciones que sean capaces de comprometerse con una política que aliente las energías limpias, en donde Pemex pueda jugar un papel estratégico como lo ha jugado Equinor en Noruega, que hoy es uno de los proveedores de energías limpias más importantes de Europa del norte. Pemex podría ser el ejemplo de América Latina y liderar este esfuerzo, nunca es tarde para iniciar el cambio.

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