Clemente Ruiz Duran

El reto de transformar la movilidad: el compromiso público-privado

Si la apuesta del país ha sido por la movilidad terrestre, se requiere de un gran esfuerzo por adecuar la infraestructura carretera y la industria automotriz.

México requiere embarcarse en uno de los más grandes proyectos de su historia, que es la transformación de la movilidad en el territorio, el mundo está cambiando aceleradamente y nuestro país marcha lentamente al encuentro de esa nueva realidad. ¿Por dónde empezar? El proyecto de transformación más importante ha sido el de China que ha pasado de no tener ni un centímetro de vías de tren de alta velocidad a poseer la red de ferrocarriles de alta velocidad más larga del mundo. Durante los últimos 15 años, el país asiático pasó de tener sólo 800 km a conformar una red de 38 mil km de trenes de alta velocidad (HSR), con una longitud total que supera con creces al resto del mundo. La velocidad de sus trenes ha aumentado de un máximo de 200 km/h a casi 400 km/h, la más rápida del mundo. Los otros países que han logrado construir una red importante de trenes de alta velocidad son Japón con 3 mil 31 km, España 2 mil 852 km y Francia 2 mil 734 km. Se suma a este esfuerzo de movilidad, el de trenes de carga en este caso la red más importante se encuentra en Estados Unidos con 293 mil 654 km, seguido por China con 131 mil km, Rusia con 87 mil 157 km, Canadá con 77 mil 932 km y México con sólo 20 mil 825. Lo anterior muestra el gran esfuerzo de transformación de la movilidad en el mundo.

México le ha apostado a la movilidad terrestre, aunque aún ahí tenemos un fuerte rezago. Sólo contamos con 398 mil km de carreteras, en tanto países con menor extensión territorial cómo los europeos tienen una mayor densidad. Alemania cuenta con 625 mil km, Francia 1 millón de km y España 683 mil de km. En esta perspectiva queda claro que como país no hemos dimensionado adecuadamente el problema de la conectividad para una mejor movilidad en el territorio o en el espacio urbano.

Si la apuesta del país ha sido por la movilidad terrestre, se requiere de un gran esfuerzo por adecuar la infraestructura carretera y la industria automotriz. En esta perspectiva se necesita la actualización del programa carretero nacional y lo interesante será el reto de transformar el sector automotor de motores de combustión interna hacia un sistema que sea compatible con las metas de reducir las emisiones de efecto invernadero fijadas en el Acuerdo de París. Las empresas automotrices establecidas en nuestro país han empezado esta transformación. Ford inició con la producción de coches híbridos en Hermosillo y ahora empezará a producir coches eléctricos en su planta de Cuautitlán. General Motors ha anunciado la producción de un automóvil eléctrico en sus instalaciones de Ramos Arizpe. De igual forma VW-Audi se ha unido a esta transformación con sus motores híbridos en Silao, Guanajuato, en donde se espera que también fabrique motores eléctricos. El cuarto productor que ha anunciado producción de motores híbridos-eléctricos es Toyota en su nueva planta de Al Paseo el Grande en el estado de Guanajuato. En esta perspectiva México podría convertirse en un gran fabricante de automóviles de nueva generación. Sin embargo, eso requiere de un esfuerzo adicional que tiene que ver con el apoyo que tendrá que dar el sector público a este proyecto.

En Estados Unidos la administración Biden ha hecho del desarrollo de vehículos eléctricos una prioridad para lo cual ha prometido instalar 500 mil estaciones de carga para asegurar que los nuevos coches eléctricos cuenten con estaciones de recarga en todo el país. Adicionalmente para impulsar el desarrollo de esta tecnología, destinará 174 mil millones para dar una serie de subsidios para quienes compren autos eléctricos y apoyos financieros para reacondicionar fábricas e impulsar el suministro nacional de baterías, así como subvenciones y programas de incentivos para la infraestructura de carga.

El sector público en México debería estar consciente de que un esfuerzo por modernizar la movilidad en el país requiere de un gran esfuerzo de inversión pública que complemente a la privada, ya que se requerirá actualizar la red carretera del país, no sólo en extensión, sino con los nuevos parámetros que requieren los automóviles y camiones eléctricos, que demandan no sólo estaciones de carga, sino el tendido de redes que permitan que este medio de transporte pueda desarrollar su potencial de comunicación y de seguridad. En esta perspectiva requerimos que el nuevo Presupuesto para el período 2022–2024 contemple este proyecto, ya que de lo contrario nuevamente nos colocaremos a la saga de las nuevas tecnologías para cambiar el modelo de movilidad. Es una oportunidad que se abre, para ello se requiere que las adecuaciones que se hagan a las leyes para la generación eléctrica permitan la amplia participación del sector privado. Es una oportunidad para que el gobierno muestre su compromiso con la modernización de la movilidad en el país, que será estratégica para el desarrollo futuro. De lo contrario se estarán poniendo obstáculos a uno de los proyectos claves para la modernización de la economía mexicana.

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