Economía Política

Desarrollo Humano: el espejo de Marruecos

Marruecos ha logrado mejorar sus indicadores de progreso social en treinta y cinco años, mientras que para México, ese tiempo ha sido perdido.

La semana pasada estuve en Rabat invitado por la Universidad Mohamed V al coloquio “Marruecos y México: fronteras y alcances trasatlánticos”. Al preparar la ponencia que me correspondió sobre desarrollo en ambos países, me llevé una grata sorpresa y, también, una desalentadora constatación.

Por un lado, Marruecos ha logrado mejorar de manera importante sus indicadores de progreso social en tres décadas y media, mientras que, para México, este ha sido un tiempo prácticamente perdido. Veamos.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) elabora desde 1990 el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que permite conocer el bienestar en los países desde una mirada que trasciende el Producto Interno Bruto (PIB), pero que lo incluye.

El desarrollo humano abarca tres dimensiones:

1). Una vida larga y saludable, que se estima a través de la esperanza de vida al nacer en cada país, lo que en buena medida refleja la salud de la población.

2). El acceso a la educación, de la que depende la posibilidad de que las personas puedan desarrollar proyectos de vida autónomos, así que se consideran los años de escolaridad que se espera tenga un niño o niña que inicia su educación básica, así como los años de escuela efectivos que cursaron los adultos.

3). Un estándar decente de vida, que se aproxima a través del producto por persona que genera cada país.

El IDH tiene valores que van de cero a uno y, entre más elevado sea el índice, mejor es la calidad de vida en ese país. El PNUD clasifica a las naciones en cuatro niveles: IDH bajo, si es inferior a 0.55; IDH medio, con valores de 0.55 a 0.699; IDH alto, que va de 0.70 a 0.799, e IDH muy alto, para los países que alcanzan o superan 0.800.

Hoy en día, tanto México (con un IDH de 0.79) como Marruecos (0.71) son considerados países de desarrollo humano alto, pero lo sobresaliente son las trayectorias de las últimas décadas.

En 1990, cuando empezó la medición, Marruecos era un país de IDH bajo (0.45) y México casi de desarrollo humano alto (0.67). El país del norte de África a la fecha logró incrementar su IDH en 57 por ciento y México sólo en 18 por ciento.

Marruecos progresó más que el conjunto de los países árabes (31 por ciento), que Latinoamérica (21 por ciento) y que el promedio mundial (24 por ciento). En cambio, México avanzó menos que todos esos grupos.

¿Qué permitió a Marruecos abandonar un desarrollo humano bajo, llegar al desarrollo humano medio a inicio de siglo y alcanzar al grupo de desarrollo alto esta década? Notables mejoras en salud, en educación y en el producto por persona, aspectos en los que nuestro país se estanca.

En esperanza de vida, Marruecos logró adelantar a México: tenía 62.4 años en 1990 y ya alcanza 75.3 años. Amplió la existencia promedio en trece años, una fuerte expansión de 20.7 por ciento. En México, la ampliación en la esperanza de vida fue menos que la mitad de Marruecos, solo seis años (de 69 a 75.1 años), un avance de 8.7 por ciento.

En educación, la expectativa de años de escolaridad de un niño que empieza su formación básica en Marruecos pasó de 6.4 a 15.1 años, más que se duplicó (136 por ciento más). En México se pasó de 11.2 a 14.5 años, una ganancia de 29 por ciento. Y en los años efectivos de escolaridad entre adultos, Marruecos fue de 2.1 a 6.2, triplicando su indicador, un avance de 194 por ciento. México fue de 5.9 a 9.3 años, un incremento de 57 por ciento. Como se ve, los niños en Marruecos ahora tienen una expectativa de escolaridad (15.1 años) más alta que los niños de México (14.5 años).

En materia de ingresos, México tiene un producto per cápita que es 2.5 veces el de Marruecos, pero en 1990 era cuatro veces mayor. El PIB por persona creció 103 por ciento en Marruecos y en México 28 por ciento. Marruecos duplicó la riqueza que genera por habitante, mientras que nosotros apenas producimos una cuarta parte más por persona.

En estas tres décadas y media, el PIB per cápita de los países de IDH muy alto creció 61 por ciento; en los de IDH alto, en 245 por ciento; en los de IDH medio, en 214 por ciento; en los de IDH bajo, en 40 por ciento. La evidencia es contundente: tirios y troyanos crecen mucho más que nosotros.

No deja de ser una triste paradoja que las comparaciones internacionales revelen que México es una economía estancada, que se rezaga, que ve pasar de largo el tren del desarrollo y que, a pesar de eso, se insista en preservar una política económica que da tan mediocres resultados.

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