Jordi Gracia, autor de notables biografías sobre Cervantes, Ortega y Gasset o Javier Pradera, y quien ha explorado el papel de la cultura en la dictadura franquista, publicó un breve y provocador libro: Contra la izquierda. Para seguir siendo de izquierdas en el siglo XXI (Alfaguara, 2018).
Ante el auge de la extrema derecha en esta época, es necesario plantearse si queda lugar para los valores ilustrados de la izquierda democrática que aprecia la igualdad y la libertad.
Ello pasa por la autocrítica en la propia izquierda, extraviada con frecuencia en atavismos revolucionarios y autoritarios y, en su ala socialdemócrata, en la pérdida de identidad frente al neoliberalismo. En ese ánimo, comparto mis subrayados al libro de Gracia:
“El único fantasma que recorre hoy Europa es el del desengaño ante una izquierda sin respuesta ideológica a los desastres del presente”.
“La socialdemocracia se ha mimetizado con la derecha y ha dilapidado la expectativa de ser una alternativa real, y el lastre paleorrevolucionario de la nueva izquierda no seduce a mayorías suficientes”.
“No es de izquierdas el paternalismo que expulsa de la esfera pública el discurso culto por si suena a demasiado elitista para los hábitos de consumo de telespectadores, tuiteros o instagramistas supuestamente en babia; no es de izquierdas menospreciar la importancia de la clase intelectual como contrapoder político y contrapoder social; no es de izquierdas socavar la ley como auténtico instrumento del poder ciudadano y no lo es tampoco sabotear las leyes que no gustan, porque esa cultura jurídica, selectiva y oportunista, deslegitima a la izquierda.”
“A la izquierda le ha sobrado inercia revoltosa y le ha faltado coraje para oponerse a un discurso de fondo insolidario y antiguo”.
“La socialdemocracia acentúa su conservadurismo como solución mecánica y la nueva izquierda acentúa artificialmente su radicalismo”.
“Echo de menos el esfuerzo por conciliar realidad y proyecto, necesidad y plausibilidad, denuncia concreta y reforma factible; echo de menos una vocación estructural frente a la sobreabundancia de coyunturalismo”.
“[La izquierda] mantiene a menudo su discurso de redención cuando el principal daño está en una izquierda fingidamente inocente, hipócritamente anticapitalista, intolerante ante lo que tolera con toda tranquilidad”.
“En cuanto la izquierda oye un eslogan hímnico o la cantinela de turno de la revolución, en cuanto asoma la coreografía de una movilización estudiantil, sale disparada pavlovianamente a su encuentro y corea con el viejo fervor las consignas de la memoria”.
“Tras más de medio siglo de mentiras, sabemos que la izquierda real de los países soviéticos no fue de izquierdas. Sabemos que la izquierda de Fidel Castro fue sobre todo un simulacro despótico en sus últimas décadas, del mismo modo que se corrompió desde hace tiempo el sueño de la revolución bolivariana”.
“Me parece que prefiero una izquierda sin mitos ni héroes, porque ambos suelen llevar dentro alguna forma interesada de la falacia”.
“Ha renunciado íntimamente a la suplantación del capitalismo, pero no ha abandonado la retórica anticapitalista”.
“El pesimismo pragmático hace más fiable a la izquierda si su instrumento es una racionalidad efectivamente solidaria, insumisa ante la desigualdad, pero a la vez integrada en el mapa de lo real”.
“Ser de izquierdas hoy es más complicado que antes, y también más contradictorio y necesariamente más irónico […]; ser de izquierdas es reprobar el contagio neoliberal del Mario Vargas Llosa ensayista y conmoverse con el novelista de izquierdas en lugar de incurrir en la sectaria confusión entre ambos”.
“Ser de izquierdas es preferir el mal acuerdo a una batalla destructiva; ser de izquierdas es dar la batalla para conseguir un mal acuerdo”.
“El populismo de la izquierda es una imitación del modelo patentado del populismo de derecha”.
“El discurso del neoliberalismo individualista y antiestatalista, defensor cínico de la libertad del individuo, amedrenta y acompleja a una socialdemocracia que tiene en el Estado su único instrumento compensador”.
“Lo que puede cambiar todavía es la restitución del privilegio ciudadano de contar con el Estado como aliado moral y socio político, el Estado como estructura de contrapoder económico, el Estado como instrumento de la redistribución y garantía intencional de la igualdad de oportunidades”.
“O es el Estado democrático o no es nadie”.