Carlos Serrano Herrera

¿El tigre mexicano?

México tiene una oportunidad que podría ser tan buena como la de los cuatro ‘tigres asiáticos’ en los años 60. Pero es necesario invertir en investigación y desarrollo.

La mayor historia de éxito económico en el siglo pasado es la de los llamados ‘tigres asiáticos’: Taiwán, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong. Estos países lograron convertirse en economías avanzadas en un corto tiempo: mientras que en 1960 tenían niveles de PIB per cápita similares a los de países del África subsahariana y menores al de México, hoy están entre las 30 economías que producen mayor riqueza por habitante en el mundo. Mientras que México tiene un PIB per cápita de alrededor de 11 mil dólares, el de Corea del Sur es de 35 mil, el de Taiwán de 36 mil, el de Hong Kong de 52 mil y el de Singapur de 84 mil dólares.

Estos países lograron un éxito económico sin precedentes. ¿Cómo?, supieron aprovechar un momento histórico clave: cuando las empresas estadounidenses del sector electrónico, en particular en el ramo de semiconductores, se dieron cuenta que no les sería posible ser competitivos tanto en el diseño de los productos como en su manufactura; así optaron por especializarse en su diseño, que es la actividad con mayor valor agregado y subcontratar la manufactura a empresas que tuvieran ventajas competitivas para ello, en particular menores costos salariales.

Los cuatro tigres decidieron tomar ventaja de esta coyuntura para convertirse en potencias en la elaboración de productos electrónicos. Para lograrlo, se necesitó que los sectores público y privado trabajaran conjuntamente. Dieron certidumbre jurídica a la inversión, se abrieron al comercio y otorgaron facilidades para que las empresas se instalaran en sus países. Los gobiernos de Singapur y Taiwán dieron un apoyo decidido a la fabricación de semiconductores al grado que hoy en Taiwán una sola empresa, TSMC, produce 60 por ciento de los semiconductores avanzados del mundo.

Hoy México tiene una oportunidad que podría ser tan buena como la que tuvieron los cuatro tigres en los años 60. Esto debido a que las empresas que sirven al mercado de Estados Unidos se han dado cuenta de que tener una parte significativa de su cadena de producción en Asia, y en particular en China representa riesgos significativos. Tanto por el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, como por los riesgos geopolíticos que conlleva producir en aquel país. Además, el gobierno de Estados Unidos está ejerciendo una fuerte presión para que la producción de productos electrónicos sofisticados, en particular de semiconductores, no se lleve a cabo en el gigante asiático (ni en un país que China reclama para sí). Se trata, sobre todo, de un conflicto por la supremacía tecnológica y militar, pues quien logre producir los semiconductores más eficientes, tendrá las principales ventajas en el terreno militar.

En este mismo sentido, el que la producción de semiconductores avanzados esté tan concentrada en un país, representa riesgos enormes. Es por ello que en su reciente visita a México, el presidente Biden insistió en la necesidad de ir migrando la producción de semiconductores a América del Norte. Es una oportunidad que México no debería desperdiciar. Desde luego que el país no está en condiciones de diseñar semiconductores (muy pocas empresas en el mundo pueden hacerlo), pero sí de atraer empresas que puedan manufacturarlos en nuestro territorio. Atraer la producción de equipos electrónicos sofisticados resultaría en la creación de empleos mayormente calificados y tendría externalidades positivas hacia otras ramas del sector de equipos electrónicos, y la manufactura en general, como ocurrió durante el ascenso de los exitosos cuatro tigres.

Pero para que esto ocurra, hay que aprender las lecciones de lo sucedido con estos cuatro países. Es necesario invertir más en investigación y desarrollo y en la preparación de más ingenieros que puedan formarse en las mejores universidades del mundo y regresar a aplicar el conocimiento de vanguardia en la industria. En este sentido, preocupa la reducción del financiamiento y promoción de estos rubros por parte del Conacyt. Además, como lo hicieron ellos, hay que crear un clima de inversión seguro y con certidumbre, lanzando señales de que los contratos serán respetados y de que el país es un socio confiable. Y, crucialmente, se debe corregir el rumbo de la política energética para asegurar a las empresas que vengan que podrán contar con una oferta de electricidad no contaminante y a precios competitivos. México está ante una oportunidad como la que tuvieron los tigres hace seis décadas. No se debe dejar ir. Para ello, los sectores público y privado, así como la academia, deben de trabajar de la mano.

El autor es economista en jefe de BBVA México.

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