Carlos Serrano Herrera

El complicado camino de la Fed

La historia no está del lado de la Fed: siempre que se ha intentado combatir una inflación así de alta se ha terminado con una contracción económica.

Los bancos centrales tienen por delante retos como los que no habían tenido en décadas. En Estados Unidos, después de más de una década en que la inflación estuvo consistentemente por debajo del objetivo de la Reserva Federal (Fed), ésta ha aumentado hasta alcanzar niveles no vistos en 40 años. Al cierre de abril, la inflación general se ubicó en 8.3 por ciento a tasa anual mientras que el dato comparable para la subyacente, que excluye los precios más volátiles, fue de 6.3 por ciento.

Parte de la complicación para la Fed es que esta elevada inflación tiene múltiples causas. Por otro lado, se explica por factores asociados a la pandemia como lo son los cuellos de botella en las cadenas de distribución globales que se han visto afectadas por cierres de puertos y una menor disponibilidad de embarcaciones y transporte de carga a medida que surgen brotes de la enfermedad. Ahora mismo China y Hong Kong están experimentando tasas muy elevadas de contagios, lo que les ha llevado al cierre de algunos de sus puertos.

Otra parte de los importantes aumentos en los precios en Estados Unidos tiene su origen en los extraordinarios estímulos, tanto monetarios como fiscales, que se implementaron como respuesta a la crisis económica desatada por la pandemia. Si bien estos apoyos fueron adecuados en un inicio pues ayudaron a amortiguar el golpe económico producido por el cierre de actividades, hoy en retrospectiva se puede decir que duraron más de lo necesario, en particular la última ronda de estímulos fiscales resultó ser excesiva como ha insistido el economista Olivier Blanchard. En defensa de las autoridades estadounidenses, el nivel de incertidumbre acerca de los daños económicos que podía provocar la pandemia no tenía precedentes y, además la economía de ese país es de las que más pronto se recuperó y la que mejor minimizó el impacto al segmento más pobre de su población. Finalmente, la muy alta inflación también se explica por la agresión de Rusia a Ucrania que ha resultado en altos incrementos en precios de energéticos y alimentos.

Para las autoridades monetarias es muy complicado, si no imposible, determinar qué tanto del fenómeno obedece a factores de oferta (la pandemia y el conflicto en Ucrania) y qué tanto a factores de demanda (los estímulos económicos), siendo estos últimos ante los que la política monetaria es más efectiva. Por ello, es muy difícil saber qué tan detrás de la curva va la Fed y qué tanto más debe apretar la política monetaria: hacerlo de menos puede resultar en una inflación todavía mayor y más difícil de controlar y hacerlo de más puede llevar a la economía de Estados Unidos a una recesión. Este es justamente el reto de la Fed: lograr una disminución en la inflación sin crear una recesión ni provocar disrupciones en los mercados financieros.

La historia no está de su lado. Siempre que se ha intentado combatir una inflación así de alta se ha terminado con una contracción económica. No obstante lo anterior, en esta ocasión hay factores que hacen pensar que esta vez la Fed puede lograr un aterrizaje suave, es decir, controlar la inflación sin terminar en una recesión. Uno de ellos es la enorme masa de ahorros que han acumulado las familias que equivale a 11 por ciento del PIB. Además, el mercado laboral está en una situación de fortaleza con una tasa de desempleo de 3.7 por ciento que, si bien es mayor al 3.0 por ciento previo a la pandemia, es un nivel bajo desde la perspectiva de los últimos 20 años. Otra diferencia respecto a otros ciclos es el punto de partida de la Fed: ahora las tasas están en un rango de entre 0.75 y 1.00 por ciento, bastante por debajo del nivel neutral que se estima en torno a 2.5 por ciento. Es decir, hay margen para apretar la política monetaria sin entrar demasiado en terreno restrictivo. La Fed seguirá con su trayectoria de subidas; incrementando muy probablemente la tasa de política monetaria en medio punto porcentual en cada una de sus próximas reuniones, llevando –me parece– la tasa a 2.75 por ciento a fin de este año y entre 3.5 y 4.00 por ciento al cierre de 2023.

Ya veremos si es que Estados Unidos consigue lograr un aterrizaje suave, pero lo que es claro es que su economía cuando menos se desacelerará, con importantes consecuencias negativas para el proceso de recuperación de la economía mexicana.

El autor es economista en jefe de BBVA México.

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