Educarse para la vida (en los 50 años de nuestro ingreso al CUM)
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Educarse para la vida (en los 50 años de nuestro ingreso al CUM)

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Educarse para la vida (en los 50 años de nuestro ingreso al CUM)

07/06/2019

Hace 50 años ingresé a la prepa en el Centro Universitario México (CUM), un aniversario que me permite hacer algunas reflexiones sobre la educación, en estos tiempos de debate de la “Reforma Educativa”.

¿La educación es el principal problema de la humanidad? En junio de 1980, el Papa Juan Pablo II dio un importante discurso acerca de la educación en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en París. Entre otras cosas, afirmaba que el principal problema de la humanidad no es el hambre, ni la salud, sino que es la educación. “La primera y esencial tarea de la cultura en general, y también de toda cultura, es la educación. La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más hombre, que pueda ‘ser’ más y no solo que pueda ‘tener’ más y que, en consecuencia, a través de todo lo que ‘tiene’, todo lo que ‘posee’, sepa ‘ser’ más plenamente hombre. Para ello es necesario que el hombre sepa ‘ser más’ no sólo ‘con los otros’, sino también ‘para los otros’. La educación tiene una importancia fundamental para la formación de las relaciones interhumanas y sociales”, dijo. Esa fue la formación que recibimos en el CUM.

Aprender a aprender. Se ha vuelto muy común cuando los estudiantes ingresan a la universidad que, quien los recibe, les diga que lo que van a aprenden se volverá obsoleto. ¡Vaya manera de motivar! Aunque, si se trata de conocimientos, puede ser cierto, pero si se trata de habilidades, de laboriosidad, de buscar la verdad; entonces no lo es, por eso las buenas escuelas no solo enseñan conocimientos, enseñan a aprender, enseñan a ser mejor. Y quien sabe aprender, podrá adaptarse a las nuevas circunstancias o, en términos darwinianos, sobrevivir.

El CUM. Un grupo de más de 600 jóvenes de 15 años en promedio ingresamos a la preparatoria del CUM hace 50 años. Nunca pensé la magnitud de la formación que recibiría, y es que no solo hablo de atiborrarnos de conocimientos, fue un verdadero esfuerzo de parte de nuestros maestros de hacernos mejores personas, mejores ciudadanos, más comprometidos, pero también más aptos y capaces, más dueños de nosotros mismos y con capacidad de proponernos logros audaces. Muy en el sentido de lo comentado por Juan Pablo II. Las exitosas (y plenas) carreras de muchos de mis compañeros atestiguan lo anterior.

¿Cómo lo lograron? Principalmente con el ejemplo. Como en toda buena educación, se aprende más de cómo “es” el maestro y de lo que “hace”, que de lo que “dice”; ver a maestros apasionados con su materia, aprendiendo constantemente y procurando transmitirlo eficazmente, es un gran aprendizaje. Se cuidaba también el entorno, aulas bien iluminadas, mesa-bancos cómodos, lugares donde hacer ejercicio, una buena biblioteca donde se nos atendía con cortesía, un buen auditorio y hasta una cafetería. Clases de muy buen nivel. Fuimos afortunados.

Pero además, actividades extracurriculares para buscar un desarrollo equilibrado. El grupo de teatro lo llevaba Germán Dehesa, un cineclub, eventos culturales como la Semana Universitaria organizada por los alumnos, el Consejo Estudiantil elegido por nosotros, la CUM Laude, una revista de mucha tradición, noches coloniales, misas dominicales, en fin. Y pido disculpas por los excelentes maestros que no menciono por falta de espacio.

Ideario Marista. El colegio Marista hace una propuesta educativa en la que se armonizan fe, cultura y vida, haciendo realidad su lema “Formar buenos cristianos y honrados ciudadanos”. Es simple, ciudadanos honrados; simple, pero muy necesario.

Un paradigma de maestro: El viejo López. El 24 de diciembre de 2006, Paco Calderón, el genial caricaturista del periódico Reforma publicó un cartón (Mi querido Viejo) donde, como egresado de una escuela marista, lamentaba la muerte de Miguel “El Viejo” López, que entre muchas otras cosas, fue director del Instituto México y también director del CUM, al final afirmaba: “El Viejo López era el director de mi escuela, nunca quedará claro quien padeció a quién, si yo a él o él a mí, pues invariablemente me la pasaba reportado a Dirección por ‘mala conducta’ ¿Mala conducta? Ahora cuando veo a los ‘maestros’ pintarrajear, incendiar y linchar mientras sus líderes se pasean en crucero por Hawai, hago votos navideños porque algún día todos los niños mexicanos cuenten con un maestro como el que yo tuve: El Viejo López”.

Cincuenta años han pasado y tengo la certeza de que mis compañeros (algunos de ellos, mis mejores amigos) y yo agradecemos mucho habernos formado en el CUM.

* El autor es Profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el IPADE y egresado del CUM (69-72) cruiz@ipade.mx

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.