Competencia 2.0

Roberto del Cueto y su legado para las instituciones

Fue de los más férreos defensores de sus fundamentos legales (Banxico), incluyendo la mayor piedra angular del órgano central: su autonomía.

A don Roberto del Cueto lo conocí en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) a finales de los noventa. En ese entonces, se integró a dar clases tras haber sido el director general de Banamex por algunos años. Mantuvimos el contacto esporádico por muchos años más.

Las clases de don Roberto cubrían muchos temas. Desde materias básicas de contratos y obligaciones, hasta temas avanzados de instituciones de derecho financiero. Un abogado de la Escuela Libre de Derecho, de gran formación como abogado, que había logrado ser parte de la creación de instituciones del derecho financiero como pocos en México, naturalmente a don Roberto también le interesaban mucho los temas económicos y financieros. Sus clases eran una buena mezcla de temas jurídicos, principios económicos y muchas anécdotas.

Roberto del Cueto fue un artífice de importantes leyes y regulaciones. Se le buscaba en todo momento para dar consejo sobre el rumbo de las instituciones, y su participación en el sector desde diversas trincheras, incluyendo la académica, fue siempre sobresaliente. Muy conocido por su rol en Banamex o la ABM entre muchos otros, quizá lo que más marcó su trayectoria y su enseñanza del derecho, fue su cercanía a la evolución del Banco Central.

Todos recordamos su rol tan importante como subgobernador del Banco de México. Justamente por ser abogado y no economista como la mayoría de los gobernadores y subgobernadores del Banco Central, Roberto se destacó como un critico de diversas políticas y criterios de la época, y destacó por su defensa de los temas legales y los principios jurídicos del actuar del banco. Esto no era fortuito. Aunque pocos lo recordaban por eso, fue uno de los constructores de esa institución y de los más férreos defensores de sus fundamentos legales, incluyendo la mayor piedra angular del órgano central: su autonomía.

En alguna plática con él sobre temas de gobierno corporativo y reguladores, don Roberto repetía incansablemente algo que para él era lo esencial: el Banco Central debe contar con la mayor autonomía para que logre sus objetivos. Sin ello, un banco central no serviría de nada e incluso, decía, podía hacer más daño que bien si fuere capturado por los intereses de los bancos o por los intereses del gobierno. Sus actuaciones como subgobernador probaban su dicho.

Cuando tuvo la responsabilidad de ser presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), su énfasis era precisamente lograr la autonomía del regulador y la eficacia en la aplicación de la ley. Con gran soltura mencionaba en sus pláticas que lo que se necesitaba era más enforcement, y que las instituciones hicieran su “chamba” con eficacia y eficiencia y que esa Comisión necesitaba autonomía.

Hay muchas cosas que se pueden decir sobre su trayectoria profesional y sus logros en tan importantes cargos, pero creo que este espacio amerita hablar sobre algo que pocos comentarán o conocerán, que es su gran calidad humana. Don Roberto fue un buen maestro y amigo para muchísimas personas, un mentor, un asesor y un consejero cada vez que se le buscaba para ello, sin pedir nada a cambio. Sé que varios economistas, abogados, contadores del ITAM y de otras instituciones educativas tuvieron siempre el apoyo y el consejo desinteresado de don Roberto y lo mismo quienes lo conocieron en los bancos donde laboró; en el Banco de México, en la CNBV o en la Asociación de Bancos de México.

Creo que México ha tenido pocos profesionales como Roberto. Profesionales que puedan destacar en tan variados ámbitos de la vida empresarial, académica y de gobierno con un énfasis en lo técnico y en este caso, en lo jurídico. Descanse en paz y mi solidaridad para su familia.

COLUMNAS ANTERIORES

Precios personalizados y regulación de algoritmos
Comisión Antimonopolio: inicios de una nueva era

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.