La Inteligencia Artificial: una herramienta poderosa para enfrentar el cambio climático
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La Inteligencia Artificial: una herramienta poderosa para enfrentar el cambio climático

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La Inteligencia Artificial: una herramienta poderosa para enfrentar el cambio climático

08/10/2019

Nombremos la situación ambiental como lo que es: una emergencia climática, ni más ni menos.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) identifica tres variables que determinan la vulnerabilidad de un país ante este fenómeno: la sensibilidad, la exposición y la capacidad adaptativa. Tomando en cuenta estas características, así como la geografía, topografía y situación socioeconómica de desigualdad de México, éste es considerado un país de alta vulnerabilidad a los efectos del cambio climático, ocupando el lugar 62 de 124 del Índice Global de Riesgo Climático. Se estima que 71% del PIB mexicano tiene una alta probabilidad de ser afectado por el fenómeno y que 68% de la población está altamente expuesta a sequías, ondas de calor, inundaciones y lluvias torrenciales. Estas características llevarán a que las poblaciones con menos recursos vivan las consecuencias de manera más aguda que el resto de la sociedad.

Desde C Minds, vemos clave explorar el potencial de la Inteligencia Artificial (IA) para desarrollar nuevas soluciones de adaptación y mitigación que respondan al nivel de complejidad que representa el reto climático. Esta aplicación de la IA se alinea al documento de Principios sobre la IA de la OCDE (firmado por México el presente año), que subraya la necesidad de poner a la IA al servicio de las personas y el planeta, impulsando un crecimiento inclusivo, el desarrollo sostenible y el bienestar.

El aprendizaje de máquina (rama de la IA) tiene una multitud de aplicaciones que pueden servir a minimizar el impacto negativo del cambio climático, desde su uso para la reducción de gases de efecto invernadero a través de la optimización del uso de recursos energéticos en el transporte, la industria y la agricultura o el mejoramiento de la infraestructura, entre muchas otras temáticas. En Argentina, por ejemplo, se está usando la IA para entender el impacto del uso del suelo en la calidad del agua de la región, a través del análisis de imágenes satelitales. En México, se está usando IA para fortalecer las estrategias de adaptación al cambio climático en la región del Golfo de California, al analizar datos en medios digitales y así permitir un mejor entendimiento de la comunicación que se ha llevado a cabo en la zona. Lo que permite la IA en estos casos es acelerar el análisis de información, una consideración importante dado que el tiempo va a contrarreloj. Además de crear estrategias para fomentar la adopción de la IA, también será importante explorar cómo se pueden minimizar las emisiones que genera su uso.

Es fundamental tomar en cuenta el valor de priorizar el desarrollo y la adopción de esta tecnología en nuestro país y nuestra región, no solo como una herramienta que puede llevar a un crecimiento económico importante, si no como una herramienta que, en conjunto con la correcta distribución de la inversión, el pensamiento creativo y la innovación, puede hacer toda la diferencia en una emergencia que no puede quedarse en línea de espera.

En las palabras de Greta Thunberg, “Quiero que actúen como si hubiera una crisis, quiero que actúen como si su casa estuviera en llamas”.

La transformación del potencial de la IA en realidad a través de proyectos pragmáticos necesita de una esfuerzo significativo, en particular en regiones con mayor vulnerabilidad como lo es Latinoamérica y el Caribe (LAC). Iniciativas que promueven el uso responsable y ético de IA para impacto, como la plataforma regional fAIr LAC y otras, se vuelven fundamentales para avanzar estos temas en momentos estratégicos donde se necesita de más colaboraciones ambiciosas entre sectores y países para orientar el poder de la IA hacia la solución de retos sociales y medioambientales.

Constanza Gómez Mont, Claudia May Del Pozo, Cristina Martínez Pinto y Analisa Ruiz

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.