Benjamin Hill

La Cartilla de Alfonso Reyes y la moral de hoy

El documento tiene un gran valor estético e histórico, pero no puede ayudar a construir en la sociedad actual ciudadanos capaces de reflexionar y valorar los dilemas que enfrentamos.

La semana pasada, el gobierno federal publicó una nueva edición de la Cartilla Moral, escrita originalmente en 1944 por Alfonso Reyes (Monterrey, 1889-Ciudad de México, 1959) por encargo del entonces secretario de Educación, el poeta Jaime Torres Bodet. La intención de Torres Bodet era incorporar a la campaña de alfabetización un documento que, con la orientación de los docentes, educara en valores morales a los estudiantes. La Cartilla estaba dirigida a los profesores para que enseñaran esos valores a los alumnos, aunque Reyes cuidó que la redacción fuera lo suficientemente accesible para que el mismo alumno pudiera acudir a la fuente original sin problemas.

Esta versión de la Cartilla difundida por el gobierno federal es en realidad una adaptación del original de Alfonso Reyes, realizada por José Luis Martínez en 1992, como parte de los Programas Emergentes de Actualización del Maestro y de Reformulación de Contenidos y Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública federal, cuando el responsable de esa cartera era Ernesto Zedillo.

No queda claro si la nueva publicación de la Cartilla de Reyes sustituye y elimina la intención original del presidente de redactar una "constitución moral". Lo que si podemos afirmar es que la publicación hoy de este documento no es un raro hallazgo de arqueología bibliográfica, o la feliz recuperación de una obra olvidada. Por el contrario, desde su publicación original siempre hemos tenido a la mano nuevas reimpresiones y ediciones de la Cartilla Moral, entre las que conozco existe una hecha por el PRI, en 1989, por instrucciones de su presidente Luis Donaldo Colosio; otra de la editorial Alianza Cien, de 1994, que es la que figura en mi biblioteca; una del Fondo de Cultura Económica, de 2004, y una de la Universidad Autónoma de Nuevo León, de 2005, además de otras versiones publicadas por la SEP y por revistas y diarios nacionales y locales, a las que habría que sumar las que no conozco.

Al revisar la Cartilla de Reyes es difícil no recordar el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, del venezolano Manuel Antonio Carreño, escrito en 1853, libro que casi no se menciona hoy, pero que mi abuela solía citar con frecuencia cuando cometíamos algún atropello a los modales de mesa. "¡Qué diría Carreño!". Vencido por la curiosidad, un día tomé la copia del famoso Manual de Carreño de la biblioteca de mi abuelo y me di cuenta de que en realidad había pocas aplicaciones prácticas del Manual. Una de las recomendaciones de Carreño, por ejemplo, era que "cuando viajan varias personas a caballo, el centro o la derecha son los lugares que deben cederse al superior".

Al igual que el Manual de Carreño, la Cartilla de Reyes tienen la misma intención general de ser una guía con una influencia positiva y formativa en los modales, las conductas y el carácter moral de las personas. Ambos documentos tienen una estructura parecida; mientras que el Manual está dividido en temas (Los deberes con Dios; Los deberes con la sociedad; Los deberes con la Patria, etcétera), la Cartilla está organizada en doce capítulos (La moral y el bien; Cuerpo y alma; Civilización y cultura; Los respetos morales [sic], etcétera), por lo que al menos en la temática y en la forma son documentos parecidos.

Sin embargo, las similitudes terminan en la intención y el formato, pues Carreño coloca como primer capítulo del Manual los deberes religiosos que derivan de la observancia de la religión católica, mientras que Reyes menciona en la Cartilla la moral cristiana más como un canon moral civilizatorio que como parte de una fe espiritual o persuasión confesional (Reyes no era creyente). En realidad Reyes quería que la Cartilla contribuyera de alguna forma a la labor de reconstrucción postrevolucionaria de México desde la moral, las ideas éticas y el carácter de los estudiantes. Emparejada a la construcción de instituciones y de una paz y un progreso orientados a la prosperidad futura del país, la Cartilla Moral representó un intento por dejar atrás la barbarie revolucionaria y reconstruir el edificio moral de los mexicanos.

Me gusta la publicación de la Cartilla, documento que tiene un gran valor estético e histórico, pero que no puede ayudar a construir, en la sociedad actual, ciudadanos capaces de hacer reflexiones y valoraciones éticas para los dilemas que hoy enfrentamos. Tal vez tenemos ante nosotros la oportunidad de pensar, no en Cartillas o Manuales, sino en nuevos contenidos y desarrollo de habilidades para las escuelas que no sean prescriptivos, sino orientados a ejercitar la reflexión ética y la discusión libre, alimentados con ideas y lenguaje nuevos, que no sólo incluyan los conceptos de Reyes y de pensadores mexicanos, sino que se abran también al mundo con las ideas de Savater, de Sanger, de Kuhn.

Creo que habría que ubicar la Cartilla de Reyes dentro del contexto histórico y la intención en los que fue ideada y escrita. No hay duda de que se trata de una muy bella muestra de las ideas morales de hace 74 años, y que se trata de un clásico de la literatura mexicana si se quiere, pero difícilmente es un documento que pueda ayudar a modelar el comportamiento moral de los mexicanos de hoy.

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