Benjamin Hill

¿Corrupción buena y corrupción mala?

La corrupción no se puede manipular o controlar a voluntad por los gobernantes; termina generando condiciones de inestabilidad y presiones sobre la legitimidad de un país.

Desde hace años se ha debatido en círculos académicos si la corrupción puede, en ciertos casos, promover el crecimiento económico de países en desarrollo. La opinión prevaleciente hoy en día es que la corrupción impide el crecimiento económico de los países al desviar recursos de las prioridades de política pública, distorsionar la libre competencia y generar un ambiente de incertidumbre sobre el cumplimiento de las leyes, lo que termina ahuyentando las inversiones. El consenso también sostiene que la corrupción genera una mayor inequidad social y erosiona las instituciones a tal grado que los gobiernos pierden su legitimidad. En contrario a esa tesis dominante, Nathaniel Leff y Samuel Huntington, entre otros académicos, han propuesto que la corrupción en algunos casos tiene un papel facilitador de las transacciones económicas. Más recientemente, Ricardo Hausmann ha argumentado que el combate a la corrupción es una preocupación banal frente a lo que realmente debe preocupar a los países, que es crear instituciones capaces de asegurar el bienestar y el crecimiento.

Yuen Yuen Ang es una politóloga nacida en Singapur que trabaja para la Universidad de Michigan. La doctora Ang ha propuesto una nueva forma de clasificar y medir la corrupción que diverge de la manera en la que tradicionalmente se ha tratado de medir este fenómeno, que es con índices de percepciones elaborados mediante una combinación de entrevistas a expertos y encuestas de opinión. El problema de estas mediciones, dice Ang, es que meten en un solo concepto, el de corrupción, distintos actos que ejecutan distintos actores y que generan consecuencias también distintas. La corrupción, en opinión de Ang, tiene distintos efectos en distintos momentos del tiempo dependiendo del tipo de acto cometido, de la intención del acto y de quién lo hace. Ang divide los actos de corrupción en cuatro tipos: 1. Corrupción menor; 2. ‘gran’ corrupción; 3. pagos de facilitación y 4. pagos de acceso. Tanto la corrupción menor como la gran corrupción y los pagos de facilitación generalmente son actividades prohibidas en todos los países, los pagos de acceso pueden ser actividades legales e ilegales. La corrupción menor son los actos que involucran a funcionarios de bajo perfil, como el policía que pide una mordida; la corrupción mayor sería el cohecho a gran escala. Este es el tipo de corrupción con mayor capacidad corrosiva para un país; no genera mayor actividad económica, afecta la legitimidad de los gobernantes y en el caso particular de la corrupción mayor, se pueden desviar enormes cantidades de recursos fuera del país, como ha sucedido por décadas en países del centro de África y algunos de América Latina. Los otros dos tipos de corrupción en la clasificación de Ang son eventos transaccionales, en donde se paga una mordida o se pacta con un funcionario para facilitar o acelerar un trámite o servicio. En el caso de los pagos de facilitación, se trata de los sobornos y mordidas que se pagan para pasar por encima de trámites burocráticos excesivos; son las mordidas que se pagan, por ejemplo, para que un negocio pueda funcionar o para que una persona pueda acceder a un servicio al cual tiene derecho. Permiten que la vida diaria, los negocios y la economía siga operando, pero no ayudan realmente al crecimiento de las empresas. Un caso claro de este tipo de corrupción es Cuba, en donde opera un mercado negro de alimentos, artículos básicos de consumo y servicios diversos que es ampliamente tolerado por las autoridades, y sin el cual la vida diaria sería imposible. Los pagos de acceso, en cambio, son como los esteroides para una economía; son los arreglos de alto nivel que se hacen entre políticos y empresarios por medio de grandes transacciones, cabildeo —una forma elegante de corrupción— y otros medios legales e ilegales con los que las empresas ganan poder y capacidad de crecer y, en consecuencia, pueden ayudar al crecimiento de la economía de un país. Pero al igual que los esteroides, terminan generando efectos dañinos en el largo plazo.

En suma, la respuesta a la pregunta de si la corrupción ayuda al funcionamiento y al crecimiento económico de un país puede ser si o no, dependiendo de las circunstancias; la respuesta también debe incluir que, en el largo plazo, la corrupción no es una variable que se pueda manipular o controlar a voluntad por los gobernantes; que termina generando condiciones de inestabilidad y presiones sobre la legitimidad de un país, de tal forma que los supuestos beneficios que puede ofrecer la corrupción a una economía rara vez pueden aprovecharse sin pagar graves consecuencias.

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