Benjamin Hill

Los precandidatos y el ‘political standing’

El ‘political standing’ es una cualidad esencialmente democrática, es una concesión social que se adquiere en acuerdo con los ciudadanos por vía de la confianza ganada.

Es natural que hoy, a dos años y medio de las elecciones federales de 2024 se empiece a hablar de posibles candidatos a la presidencia. Es parte de la cultura política mexicana invadir el futuro imaginando proyecciones y arriesgando predicciones sobre lo que pasará y sobre quién podría ser el o la siguiente presidente de México. Y es natural también que la vista se alargue, pues lo que ocurre hoy necesariamente afecta las posibilidades futuras de los distintos candidatos. En política futuro y presente se retroalimentan de una forma cuántica. No solamente los actos del presente afectan el futuro de cada candidatura, los políticos modulan su conducta actual con la vista puesta en el mañana, de tal forma que el presente incide sobre el futuro, y éste a su vez le da forma al presente.

Se discute hoy sobre las posibilidades de convertirse en candidatos a la presidencia de personajes cercanos al poder y también de opositores con atributos en los que se adivina capacidad de sostener una candidatura presidencial viable. Algunos de esos atributos son sin duda, notables o difíciles de encontrar en la generalidad de la población: son personas que ostentan el apoyo político de un poderoso, que tienen fama pública, que tienen una carrera política o profesional destacada, que pertenecen por vínculos familiares a alguna dinastía política, que tienen poder económico, o incluso, que cuentan con muchos seguidores en redes sociales.

No es suficiente ser muy conocido o tener una amplia fama pública para contar con una plataforma sólida que permita el despegue de una candidatura exitosa o incluso, para hablar con autoridad de asuntos públicos. Dicen que en una fiesta hace décadas, Mario Moreno ‘Cantinflas’ hablaba enfático como líder sudoroso sobre los problemas del país cuando fue interrumpido por Gonzalo N. Santos, quien le reclamó que hablara de política sin saber del tema. Cantinflas le respondió “Perdón pero yo conozco al pueblo”, a lo que Santos respondió “Tú no conoces al pueblo; tú conoces al público”. Es verdad que Cantinflas regularmente obtenía algunos votos en las elecciones presidenciales, pero siempre fueron marginales.

Esa distinción que hace Santos –personaje abominable pero sin duda perspicaz–, entre la fama que da el trabajo en cine y teatro, y la capacidad de hablar de política con autoridad y –también– de lanzar una candidatura viable y creíble, es una cualidad a la que Michael Ignatieff llama political standing, y que uso a falta de una traducción satisfactoria en castellano.

Para Ignatieff, el principal determinante del political standing es la habilidad del candidato para afirmar su pertenencia a la comunidad a la que busca representar. En ese sentido el political standing es una cualidad esencialmente democrática, pues es difícil de comprar o de ganar por medio de malas mañas; no se trata de un privilegio que se arrebata o compra, sino de una concesión social que se adquiere en acuerdo con los ciudadanos por vía de la confianza ganada y la creencia extendida en la capacidad del candidato de encontrar soluciones a los problemas de su comunidad. Sin political standing, un político puede hablar pero no será escuchado; no podrá ganar un debate ni tampoco una elección. El political standing no se traspasa ni se hereda; más bien se cultiva, se cuida y se mantiene, como un árbol.

En muchas ocasiones, los partidos políticos han caído en la confusión cantinflesca de suponer que la fama o la popularidad –que no son lo mismo–, son fuentes de political standing. Por eso las candidaturas de personas que deben su fama a actividades que están fuera de la política, salvo honrosas excepciones, suelen terminar en sonoros fracasos.

Idealmente, una candidatura fuerte y exitosa debe estar encabezada por una persona que tenga esa cualidad crítica y huidiza de ‘elegibilidad’ fortalecida por la validación que da la congruencia de los hechos y la historia personal con las propuestas y plataformas que defiende, por testimonios sobre su capacidad de organización, por el apoyo de líderes relevantes y por otros rituales que alimentan el standing. Necesitamos, sobra decirlo, más políticos con standing. Tal vez la ausencia de líderes políticos con esa cualidad sea un fenómeno de la modernidad, por la desalineación de la sociedad en su identificación con partidos políticos, y por la incapacidad de los políticos para resolver problemas clave como empleo, reactivación económica, combate a la pobreza, corrupción e inseguridad, en los que hay una responsabilidad colectiva de toda la clase política sin excepción.

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