Benjamin Hill

Los años de la muerte

El exceso de mortalidad es la mejor forma de conocer la dimensión del reto que ha representado para México enfrentar la pandemia por Covid-19.

Este año que transcurre y el anterior han sido los años de la muerte en México. En estos dos años se han presentado 41 por ciento más muertes (por cualquier causa) comparado con el promedio de años anteriores. En 2019 en México hubo 747 mil 784 fallecimientos; en 2020 esa cifra creció en un solo año a un millón 86 mil 94 fallecimientos, 338 mil 310 más muertes; es seguro que para finales de 2021 la cifra total de muertes sea parecida a la de 2020, quizá un poco menor por los esfuerzos de vacunación y las medidas preventivas contra el Covid-19, pero aun así esos dos años marcan en conjunto una de las más grandes tragedias que haya vivido nuestro país en su historia.

El exceso de muertes nos habla de la disparidad entre la tendencia normal de fallecimientos registrados en años anteriores, y las muertes adicionales o excesivas, de acuerdo con la tendencia histórica. Sobra decir que muchos de esos muertos en exceso son por causa directa de la pandemia por Covid-19, pero también están ahí las personas que murieron por causas indirectas, como quienes teniendo otra enfermedad no pudieron ser atendidas debido a la saturación de los hospitales y centros de salud. Habría que sumar a esa cifra a los que fallecieron por otras circunstancias presentes en estos últimos dos años, como el desabasto de medicamentos o la insuficiencia de insumos diversos en hospitales públicos para atender enfermedades y que no pudieron adquirirse por las medidas de austeridad.

Andrés Gallardo hizo para Nexos una aproximacion al efecto específico del Covid-19 sobre la expectativa de vida al nacer (https://datos.nexos.com.mx/efecto-del-covid-19-en-la-expectativa-de-vida-al-nacer-en-mexico/). Gallardo encontró que “En el escenario bajo, el impacto de (las) muertes (por Covid-19) en la expectativa de vida en México es de una reducción de 0.51 años para mujeres y 0.86 para hombres (expectativa de 77.54 y 71.46 años respectivamente)”. En otras palabras, se retrocedió en la expectativa de vida que se tenía en 1997 para los hombres y en 1999 para las mujeres. Un retroceso de más de veinte años. Y eso es sólo el efecto específico de las muertes causadas por Covid-19.

Digamos, de forma conservadora, que las muertes en exceso de 2020 y 2021 sumarán al final entre 600 y 700 mil personas, y comparemos esa cifra con los fallecimientos en eventos catastróficos del pasado. En la guerra de Independencia, sobre la cual no existen cifras exactas de fallecimientos, se calcula que aproximadamente murieron entre 250 y 500 mil personas. Se estima que en la guerra entre México y Estados Unidos murieron unos 25 mil soldados mexicanos. El historiador Will Fowler de la Universidad Saint Andrews de Escocia calcula que en la guerra de Reforma murieron unas 200 mil personas. El historiador mexicano Javier Garciadiego calcula que la cifra de muertos en la Revolución mexicana fue de un millón 400 mil por causa directa del movimiento armado y unos 2 millones 100 mil de fallecimientos por causas vinculadas a la guerra, una parte sin duda por la influenza española, que por sí sola cobró la vida de aproximadamente 300 mil mexicanos. En suma, sólo la Revolución mexicana es comparable en número de muertes a las que se han registrado en exceso en 2020 y 2021. Sólo que la Revolución mexicana duró unos once años, con unos 190 mil muertes por año en promedio, por lo que la mortandad registrada en 2020 y 2021 por consecuencia directa o indirecta del Covid-19 y otras causas que eran evitables representa una catástrofe humana nunca vista en nuestra historia.

El exceso de mortalidad es la mejor forma de conocer la dimensión del reto que ha representado para México enfrentar la pandemia por Covid-19. Ningún otro indicador de desempeño sobre lo que hemos hecho precisamente para evitar la muerte innecesaria de mexicanos es tan elocuente ni tan directamente clara en cuanto al resultado de nuestros esfuerzos. Es una cifra que es difícil de maquillar y de manipular. Es lo que es, sin ambigüedades.

En el futuro, una vez que dejemos atrás este episodio y podamos gracias a la frialdad que ofrece la distancia, valorar con sobriedad lo que nos ha pasado en estos dos años, quizá nos demos cuenta de la gravedad de lo que ha pasado. Hoy en día que recurrimos tanto al revisionismo histórico, debemos considerar darle a esta tragedia la dimensión que merece, dedicando tal vez un día del año a recordar a quienes murieron en esta pandemia, ofrendar una plaza, un monumento, una calle, o al menos unos párrafos en los libros de historia. Porque eso es lo que tenemos ante nosotros, una tragedia de proporción histórica.

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