Benjamin Hill

El ‘Doing Business gate’ y el futuro de los índices de gobernanza

El hecho de que el intento de manipulación del reporte ‘Doing Business’ del Banco Mundial se haya identificado y hecho público debe darnos confianza.

Como lo reportó El Financiero el pasado 28 de agosto, el Banco Mundial ha decidido suspender la elaboración y la publicación del reporte Doing Business hasta no concluir con una auditoría, debido a que se identificaron “modificaciones a los datos que no corresponden con la metodología” (https://www.elfinanciero.com.mx/economia/informe-doing-business-del-banco-mundial-es-suspendido-hasta-nuevo-aviso-por-irregularidades/). Una investigación realizada por el despacho Wilmer-Hale encontró que entre 2017 y 2018, China, Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Azerbaiyán habían presionado a la oficina del entonces presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, para mejorar su calificación en el reporte, utilizando como mecanismo de coacción los donativos y proyectos que esos países financian para el Banco Mundial.

El reporte Doing Business se publica cada año desde 2003. En este reporte se hacen mediciones sobre la regulación que afectan la apertura de empresas en 190 países. Este reporte se creó bajo la idea de que la actividad económica se facilita cuando existen reglas claras y coherentes sobre derechos de propiedad, resolución de disputas y salvaguardas al cumplimiento de contratos. Los indicadores que genera el reporte permiten hacer comparaciones entre países por tema y dar seguimiento a lo largo del tiempo de la evolución y los cambios en esas reglas. Con la calificación en cada uno de estos indicadores y la calificación global, se buscaba motivar a los países para emprender reformas que mejoren el ambiente de negocios mediante el establecimiento de parámetros para hacer comparativos y promover una suerte de ‘competencia sana’ entre los países evaluados.

Desde un principio, el reporte Doing Business tuvo una enorme influencia en la orientación de las reformas sobre regulación de negocios en todo el mundo. Sus indicadores fueron utilizados como fuente confiable por un sinnúmero de investigaciones académicas. Esos datos también se incluyeron en muchos otros índices de gran peso en el mundo regulatorio, por ejemplo, el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial. Además, este reporte era la base sobre la que muchos países justificaban sus propuestas de reforma regulatoria, por no mencionar que sus datos han sido el fundamento de gran parte de los documentos internos del propio Banco Mundial. Muchos países, entre ellos México, dedicaban un esfuerzo relevante de sus gobiernos cada año para tratar de mejorar la regulación de negocios, impactar de forma positiva los indicadores y crear un mejor ambiente para la inversión. En suma, la cancelación de este reporte, por la gran influencia que tenía, es de una enorme importancia y tendrá un impacto muy grande.

Tal vez la mayor tragedia en todo este escándalo es que Doing Business destacaba entre otros reportes, informes e índices que miden aspectos de la gobernanza, en el sentido que era un reporte que utilizaba información de primera mano, esto es, recolectada por el mismo Banco Mundial en los países evaluados, sin echar mano de terceras fuentes. Esta era una excepción en el mundo de los índices que miden aspectos de la gobernanza, la mayoría de los cuales están compuestos de información de tercera mano aglutinada bajo criterios que a veces son muy cuestionables.

Alina Mungiu-Pippidi, una influyente investigadora de temas de corrupción, compara los índices de gobernanza con los derivados del mundo financiero. Por regla general, los índices de gobernanza son como muñecas rusas, cada índice encierra información levantada por terceros y esa información a su vez está compuesta con datos de otras fuentes. Muchas veces esos índices se alimentan de información subjetiva, de encuestas o de opiniones de expertos, lo cual limita la confiabilidad de los datos y deja a esos índices muy vulnerables a influencias ideológicas y otros ruidos estadísticos. En ausencia del reporte Doing Business, la calidad de estos índices de gobernanza compuestos que utilizan alguno o algunos de sus indicadores necesariamente va a verse más comprometida de lo que ya está. Esa es una razón para apoyar la continuidad del Doing Business y que este escándalo sirva para revisar los procesos con los que se alimenta el reporte, proponer mejores controles que eviten su manipulación en el futuro, pero no eliminarlo.

A pesar de que este escándalo revela vulnerabilidades del reporte a influencias externas, el hecho de que este intento de manipulación se hayan identificado debe darnos cierta confianza en que los mecanismos de control del propio Banco Mundial funcionan, al menos ex post facto. Podemos estar seguros de que siempre habrá intentos por manipular los resultados de este y de otros índices que miden aspectos de la gobernanza que son importantes para los países, eso es natural. Pero que estos intentos de manipulación hayan salido a la luz es una buena noticia. Habla de la fortaleza institucional del Banco Mundial y de su capacidad para recomponer el camino cuando se desvían.

Va a ser difícil sin duda, que el Banco Mundial recupere la confianza en este reporte y reconstruir su propia autoridad institucional en este tema. Sin embargo, vale la pena fortalecer y darle continuidad al reporte Doing Business, pues ha tenido un papel muy importante en el impulso a reformas regulatorias en todo el mundo para promover el desarrollo y el crecimiento económicos.

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