Benjamin Hill

Impuesto global corporativo: ¿El fin de los paraísos fiscales?

Puede ser el principio de la adopción global de criterios sobre movimiento de capitales, identificación de beneficiarios finales, elusión fiscal, recuperación de activos y lavado de dinero.

A lo largo de dos años, un grupo de países han estado discutiendo en la sede de la OCDE en París, la creación de un impuesto mínimo global a las empresas trasnacionales. De ser adoptado este impuesto mínimo global corporativo, será posiblemente el avance más importante en la historia para acabar con los paraísos fiscales. El debate central sobre la creación de este impuesto tiene que ver con que las nuevas tecnologías han facilitado la elusión fiscal de empresas multinacionales, que transfieren sus beneficios a países con bajos impuestos. El acuerdo negociado por la OCDE, al que ya se han sumado 134 países que representan más de 90 por ciento del producto mundial, busca que todas las grandes empresas multinacionales paguen un impuesto efectivo mínimo por sus ganancias. Hasta ahora se habla de una tasa mínima de 15 por ciento. Se cree que esa tasa será efectiva para generar más recaudación sin afectar la inversión y sin eliminar la competencia por capitales. Los países estarían en libertad de cobrar impuestos por encima de esa tasa si lo desean.

La globalización y las nuevas tecnologías han facilitado que muchas empresas generen ganancias en un lugar, pero las declaran en países en los que los impuestos son más bajos. Los esquemas bajo los cuales se hace esa transferencia de beneficios pueden ser muy complejos, pero no necesariamente son ilegales. No se trata de evasión sino de elusión fiscal internacional. Esta búsqueda para eludir impuestos ha generado una competencia entre países por atraer las ganancias corporativas en una suerte de ‘carrera hacia el fondo’, en la que contienden por ver quién baja cada vez más los impuestos que le cobran a las empresas. Esto afecta en especial a países en desarrollo, pues al bajar impuestos pierden oportunidades para generar ingresos fiscales que ayuden a construir infraestructura, educar y dar salud a su población y promover el crecimiento. En suma, en los últimos treinta años los incentivos perversos generados por la globalización, las nuevas tecnologías y la competencia entre países por recibir las ganancias de las grandes corporaciones han creado una dinámica que es concentradora del ingreso de esas empresas, que afecta las oportunidades de crecimiento de países en desarrollo y alimenta una creciente desigualdad.

Esta iniciativa se sustenta en dos pilares. El primero de ellos busca la correcta redistribución de algunos derechos impositivos y moverlos de los países de origen de las empresas hacia los países donde efectivamente generan sus ganancias. El segundo pilar es el establecimiento del impuesto mínimo global corporativo de 15 por ciento que termine con la carrera hacia el fondo y proteja la base impositiva de los países. Se espera que los detalles restantes para darle forma a esta iniciativa se terminen de afinar en octubre de este año y que la implementación efectiva de este impuesto se haga en 2023. Hasta ahora, los países que se han opuesto a esta iniciativa han sido Irlanda, Estonia, Hungría (miembros de la OCDE), Barbados, Kenya, Nigeria, Sri Lanka y San Vicente y las Granadinas. Perú por ahora se abstuvo, pero se espera que crezca la presión política para lograr un consenso global.

Los posibles beneficios de la adopción de este impuesto son enormes. Se tendrá un sistema internacional impositivo consensuado, predecible, más eficiente y que se sostiene mediante un mecanismo de coordinación internacional. Esto eliminará las diferencias y discusiones entre países y las soluciones unilaterales parciales o de ‘parche’, que al final impedían una mejor coordinación de acciones y no permitían avanzar en este tema. Una de las consecuencias de la implementación de este acuerdo será que las grandes empresas de tecnología (Google, Amazon, Apple y Facebook) pagarán al menos unos 100 mil millones de dólares más al año en impuestos, en especial en aquellos países en donde efectivamente generan sus ganancias. El acuerdo también afectará a algunas farmacéuticas, empresas de transporte internacional de mercancías y compañías de bienes de lujo. Sin embargo, este impuesto global no está libre de posibles efectos negativos. Aquellas empresas que dependían de utilizar los países con bajos impuestos a las ganancias corporativas como plataformas para crecer e internacionalizarse, se verán afectadas y eso podría tener un efecto adverso sobre el crecimiento y la inversión.

En principio, este impuesto global puede representar una fuente adicional importante de ingresos fiscales para México, como lo espera la Secretaría de Hacienda, pero tal vez sea necesaria una discusión más profunda sobre sus consecuencias. Como sea, esta iniciativa puede ser el principio de la adopción global de criterios más robustos sobre el movimiento de capitales, la identificación de beneficiarios finales, la elusión fiscal, la recuperación de activos y el lavado de dinero. En ese sentido, no solamente es significativa en términos de su objetivo central, que es evitar la elusión fiscal, sino también en cuanto a la lucha contra el crimen trasnacional, la corrupción y el financiamiento al terrorismo.

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