Benjamin Hill

El miedo al conocimiento externo

La cultura, igual que la ciencia, se benefician del intercambio, el contraste y la discusión. Cerrarse a ideas e influencias de fuera significa asfixiar la posibilidad de crear, de innovar.

En 1559, el rey de España Felipe II publicó un decreto en el que prohibía a sus súbditos castellanos estudiar en las universidades de Aragón, Nápoles, Portugal e Italia. El motivo de esta prohibición fue en parte, mercantilista: las universidades castellanas se estaban quedando sin estudiantes. Pero esa decisión también estuvo motivada por prejuicios en contra de la influencia de culturas extranjeras, miedo a la influencia de las ideas reformistas anticatólicas y a la impresión de que los estudiantes castellanos que atendían universidades extranjeras no iban más que a divertirse. Este decreto ha sido señalado por muchos como el inicio de la decadencia del humanismo español que despuntó en el siglo XV. El oscurantismo cultural, en efecto, tiende a generar el estancamiento de las ideas y la repetición de tesis anticuadas que no se fertilizan con nuevas propuestas, lo cual termina viciando la atmósfera intelectual de una sociedad. La cultura al igual que la ciencia, se benefician del intercambio, el contraste y la discusión. Cerrarse a ideas e influencias de fuera significa asfixiar la posibilidad de crear, de innovar, de imaginar otra realidad y de echar a andar la inquietud natural de las personas por mejorar el estado de cosas. Mientras en las universidades de la España de Felipe II se machacaban las mismas ideas de forma repetitiva y se censuraban libros, en Italia se vivía un ambiente intelectual dinámico y fluido. Se publicaban obras griegas y latinas con libertad, así como textos científicos que hablaban de descubrimientos no inspirados por revelaciones divinas, sino por la observación y la razón. Fue ese ambiente de curiosidad y libertad intelectual que cobijó la originalidad de Galileo. Algo parecido ocurría en la Inglaterra de Newton y la Francia de Descartes (El error del rey prudente, José Luis Pinillos, El País, 27-11-1998).

La cultura y la ciencia, al igual que el comercio, florecen en un ambiente de polinización cruzada. El intercambio y comunicación con otras sociedades, el aprovechamiento de ventajas comparativas y la creación de redes de intercambio intelectual y comercial es lo que permite hilar una red, crear un entramado mutuamente complementario para todos los que participan en él. Ese entramado es necesario para el desarrollo de un ambiente propicio para la cultura y la ciencia, pero también es indispensable para una economía con posibilidad de crecer y de separarse del subdesarrollo.

Hace unos días se hicieron públicas declaraciones que no hacen justicia a la valiosa aportación que han hecho a nuestro país los mexicanos egresados de la Universidad de Harvard y en general, a quienes hemos estudiado fuera. Se antoja no tomar estas declaraciones en serio, dado el gran número de egresados de esa universidad que colaboran para el gobierno federal en posiciones de muy alta responsabilidad. Si tomamos en cuenta que el gobierno continúa de forma persistente con una política de contratación de cuadros burocráticos de mexicanos que estudiaron en Harvard y otras universidades extranjeras, es necesario concluir que las declaraciones en las que se les ataca no forman parte de una política de cerrazón intelectual a la manera de Felipe II, sino que son sólo comentarios al vuelo, que tienen como origen un lugar ocupado por prejuicios alimentados con información parcial e impregnada de complejos ideológicos. Sin embargo, creo que los señalamientos en contra de mexicanos egresados de universidades de otros países, por su amplia difusión y contenido, son muy graves y merecen ser tomados en serio. Se trata de afirmaciones que alimentan la división y la polarización que tanto daño han hecho a la vida pública en los últimos años. Son comentarios que van en contra de una forma de vernos a nosotros y de ver al mundo que sea más abierta, cosmopolita y sensata en tiempos de una amplia globalización e intercambio cultural y comercial.

Es imposible separar este ataque a los egresados de universidades extranjeras de las declaraciones recientes de un funcionario del sector educativo acerca de que la lectura placentera era una especie de vicio capitalista. Imposible dejar de pensar tampoco en los estudiantes mexicanos que dependen de becas públicas y que han tenido que enfrentar situaciones extremas de angustia económica por errores administrativos y el abandono del gobierno. Esos tres asuntos reflejan un rechazo, un miedo, un desdén o tal vez mejor dicho, una falta de entendimiento sobre la necesidad y la importancia que tienen la apertura, la diversidad, la curiosidad intelectual y la libertad para buscar y cultivar el conocimiento, aun cuando venga de fuera o incluso a través del placer de la lectura. México será un mejor país en la medida en la que más mexicanos tengan la oportunidad de salir y vivir la experiencia de estudiar en el extranjero. México no podrá desarrollar a plenitud su verdadera grandeza si no alentamos a más estudiantes a que descubran nuevos horizontes de desarrollo intelectual, ya sea dentro o fuera de nuestro país.

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