El entorno político y económico internacional ha cambiado de manera drástica en los últimos meses y no es muy obvio lo que sucederá en el futuro. Como México es un país con una economía abierta al comercio con otras naciones, pero al mismo tiempo es deficitario en muchos e importantes productos, como son la gasolina y petroquímicos, el maíz y diversos alimentos, así como insumos para la industria, etc., es muy sensible a los cambios en el exterior.
Por ejemplo, el incremento en el precio del petróleo cercano al 50% en los mercados internacionales ya tiene un fuerte impacto en los costos de las compañías aéreas en el mundo, lo que ha propiciado la suspensión de actividades de una aerolínea en México en los pasados días, perjudicando a quienes ya habían adquirido sus boletos.
Para enfrentar estos cambios es frecuente que los distintos gobiernos decidan apoyar o subsidiar a los consumidores o a las empresas, para que sean menos perjudicadas por las variaciones en precios o en la disponibilidad de los productos en los distintos mercados. Sin embargo, el subsidiar o proporcionarlos “gratis” tienen costos, los cuales no siempre son visibles.
Así, obligar a las empresas a otorgar sus productos por debajo de sus costos, significa que las mismas tendrán menores utilidades o incluso pérdidas en sus operaciones. Hay diversas maneras de enfrentar este desequilibrio, como subir los precios de otros productos que vendan; por ejemplo, los supermercados que venden tortillas o panes con precio controlado por debajo de su costo tienen perdidas que pueden absorber subiendo los precios de los demás productos. Esto beneficia a los consumidores de estos alimentos, pero no es tan claro quienes pierden. En primer lugar están aquellos que adquieren otras mercancías y que las pagan a un precio ligeramente superior; otros que pierden son aquellos que solo producen estos productos alimenticios y que sus perdidas no pueden sen absorbidas por otros artículos que ofrezcan a sus clientes. En este caso su alternativa es cerrar su establecimiento o buscar otros productos que vender. Esto explica en gran parte la gran cantidad de tortillerías y panaderías que han dejado de existir en todo el país, impactando también en el empleo.
Sin embargo, quienes más pierden son los productores de las materias primas que no pueden absorber los menores precios de sus productos, como son el maíz, el trigo y otros mas, ya que sus costos siguen elevándose como son los fertilizantes, los salarios, la electricidad, etc. Esto explica que nuestro país importa más del 50% del maíz y de la gasolina que se consume aquí.
Por lo anterior, es importante que cuando se tomen decisiones de controlar los precios de diversos productos y servicios es fundamental entender quiénes son los que van a pagar los costos de estas medidas. Por lo mismo, es fundamental partir del supuesto de que los gobiernos no tienen ingresos propios, sino los obtienen de aquellos que pagan impuestos o de un mayor endeudamiento, que es igual que decir que lo pagarán los causantes fiscales del futuro o sea nosotros en los próximos años o nuestros hijos y nietos, lo cual reducirá el crecimiento futuro.
Algunos piensan que en el corto plazo se regresará a la situación previa de alto crecimiento económico y restablecimiento de las cadenas productivas internacionales, por lo que el impacto de mayores subsidios y controles de precios tendrá poco impacto y su costo será reducido.
Sin embargo, esto no parece probable y la situación no regresará a la situación anterior, debido a que muchas bases en que se sostuvo el crecimiento de las pasadas décadas han sido destruidas. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial se crearon decenas de instituciones globales que tenían como objetivo crear un entorno que fomentara el comercio internacional y el modelo de mercado. Se partía del supuesto de que la interacción entre las naciones fomentaba el desarrollo económico, pero hoy están destruidas. Además, la destrucción de instituciones dentro de nuestro país agravará aún más el entorno para las empresas y para los consumidores. México deberá prepararse para un medio más difícil en los próximos años, por lo que deberá tomar las decisiones que fomenten el crecimiento sólido de la economía.