La economía norteamericana, que es nuestro principal mercado externo, mostró un crecimiento de 2.2% en el año pasado, a pesar de su desaceleración en el último trimestre; por su parte, la mexicana tuvo un incremento menor de 0.8% durante todo el año. Esto contrasta con lo que ocurría en sexenios anteriores, cuando nuestra economía era más dinámica que la de Estados Unidos.
Por otro lado, los datos publicados en las semanas pasadas por el INEGI muestran que continúa el deterioro de la economía de México. Por ejemplo, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) tuvo en el mes de enero pasado datos negativos con respecto al mes inmediato anterior (-0.9%). Dentro de las mismas destaca la fuerte reducción de las actividades primarias (-3.7%); por su parte, las actividades secundarias también se redujeron (-1.1%). E incluso el sector terciario, que había mantenido crecimiento, ya muestra una disminución mensual (-0.6%), en donde destaca la caída de los servicios de esparcimiento, culturales y deportivos (-8.5%) e incluso el comercio minorista mostró una disminución de 0.4%.
Por su parte, el consumo privado se redujo en enero del presente año con respecto al mes inmediato anterior en 1.6%. Si la comparación se hace no con respecto al mes anterior, sino al mes de enero de 2025, es decir doce meses antes, el consumo privado de bienes nacionales fue de -1.2%, mientras que los bienes importados tuvieron un fuerte incremento de 8.7%. Esto es resultado, en gran parte, de la apreciación del tipo de cambio que abarata los productos producidos en el exterior.
Por su parte la Formación Bruta de Capital Fijo o sea la inversión, siguió reduciéndose en enero pasado respecto al mes inmediato anterior, es decir de diciembre de 2025, en 1.1%. Es preocupante que la inversión privada se redujo en 4.5% y la inversión pública subió en 3.8%. Sin embargo, es posible que este último gasto no debería registrarse como inversión en la medida en que los proyectos públicos no sean rentables en el mediano y largo plazo. En este caso no debería registrarse como inversión, sino sería gasto público.
Otro elemento que está afectando a la economía mexicana es el incremento de la inflación y un posible cambio de su tendencia. El índice de precios al consumidor en la primera quincena de marzo creció en 4.46%, respecto a la misma fecha del año anterior. Por su parte, el índice subyacente del índice de precios al consumidor se elevó hasta 5.18% anual, que son muy superiores a la meta impuesta por el mismo Banco de México de 3% máximo. En los próximos días se conocerá el dato de inflación de todo el mes, en donde ya se incorpore el impacto de la guerra de Medio Oriente, lo que afecta distintos productos como petróleo, fertilizantes, gas y diversos productos plásticos, así como transporte marítimo y aéreo y otros servicios.
Algunos analistas consideran que el incremento en el precio del petróleo en los mercados internacionales debería de beneficiar a México porque somos exportadores de este energético. Sin embargo, esto no es totalmente correcto, porque nuestro país es importador de otros productos derivados del petróleo como gasolina, gas y otros más. Si se toma en cuenta toda la balanza petrolera de México, la misma fue negativa el año pasado, cuando se exportaron productos petroleros por 21,246 millones de dólares, mientras que las importaciones en el mismo plazo fueron más de lo doble, es decir 46,797 millones de dólares. Esto da un déficit de la balanza petrolera de 25,552 millones de dólares en todo el año de 2025, lo que tiene un efecto negativo en el país. Si a esto se le agrega el apoyo que el Gobierno Federal anunció que dará al precio de la gasolina al público, el impacto neto en las finanzas públicas sería negativo.
Es importante que se tome en cuenta lo que ocurre en el resto del mundo, para poder comprender lo que está sucediendo en nuestro país. Una correcta política económica y la sobrevivencia de muchas empresas depende de esto.