El problema de ver todo a través de los lentes de una ideología determinada es que distorsiona la visión y nos impide observar los hechos como son. Esto aplica en el monumental desabasto de medicamentos que estamos viviendo como país desde inicios de 2019, dado que, como hemos advertido en este espacio muchas veces, el problema ya rebasó al sector público, y ahora el mercado privado también lo padece, por lo cual ya todos somos víctimas de esta gran bola de nieve.
En esta columna hemos tratado de explicar cómo funciona, o funcionaba al menos, la industria farmacéutica, la cual tiene un probado expertise en la investigación y desarrollo (IyD) de medicamentos, pero no necesariamente en la logística de distribución. Por ello, los mayoristas siempre habían sido parte de la cadena, pues son empresas que compran grandes cantidades de medicamentos, que después comercializan con distribuidores más pequeños, cadenas de farmacias, tiendas departamentales y farmacias de barrio.
Los mayoristas existen casi en todos los mercados del mundo, en algunos más, en otros menos. En nuestro país durante décadas dominaron el mercado Nadro, Saba, Casa Autrey, Marzam, Maypo y Fármacos Especializados, entre otros, aunque los tres primeros eran los más grandes.
Pero cuando llegó la 4T al poder, acusó que el mercado farmacéutico estaba concentrado en pocas manos y que había mucha corrupción, de lo cual hasta la fecha no ha dado ni una sola prueba ni hoy en día hay alguna persona que esté en prisión por este asunto.
Esta lucha encarnizada del gobierno de la 4T contra la industria farmacéutica, como todos sabemos, derivó hace casi un año en la firma de un acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), con el fin de hacerse de medicamentos en el exterior, cuando en el país existe todo un sector, serio y con décadas de experiencia, que puede proveer de dichos productos, como ha sucedido por décadas.
Pero el gobierno de la 4T ha tratado de inventar ‘el hilo negro’ y la verdad todo le ha salido mal, porque no solo no ha podido surtir de medicamentos al sector salud, como hemos reseñado reiteradamente en este espacio, sino que ahora esto ya está afectando al mercado privado, como seguramente todos hemos comprobado en las últimas semanas, cuando hemos hecho algún pedido de fármacos a nuestra farmacia de confianza y no los hemos conseguido.
De ahí que el coordinador de Abastecimiento del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), Adalberto Javier Santaella, enviara, a finales de febrero de 2021, a los directores de los principales institutos de seguridad social la famosa circular conocida como ‘sálvese quien pueda’, donde recomienda a los funcionarios responsables comprar los medicamentos donde sea, como sea y al precio que sea.
El director general del Instituto de Investigación Farmacéutica (Inefam), Enrique Martínez Moreno, precisa que ante el fracaso de la compra consolidada, cada institución de seguridad social “está haciendo sus propios procesos de compra”, sobre todo mediante adjudicaciones directas. Es decir, justamente lo que según el presidente Andrés Manuel López Obrador iba a combatir, tanto para ahorrar como para no entrar al juego de las farmacéuticas, siguiendo la narrativa de la 4T.
Con ello, más las asignaciones directas en la compra de medicamentos que hemos visto en los últimos meses, el asunto de la transparencia que supuestamente se buscaba en esta administración está más lejos que nunca. Por el contrario, lo que ahora reina en este juego de vencidas es la opacidad y los sobreprecios exorbitantes.
Según una investigación reciente del portal Latinus, hay medicamentos que se han comprado hasta siete mil por ciento más caros, lo cual tira de inmediato el argumento del supuesto ahorro en la compra de estos productos.
Lo cierto es que el tema del desabasto está lejos de resolverse y, de hecho, la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma) recomienda ya mejor pensar en el abasto de fármacos para 2022, porque este año ya lo perdimos y se curará con puros parches de aquí y de allá… Así que, como aquella famosa circular que referimos párrafos atrás, mejor “sálvese quien pueda”.
El botiquín
Una más del subsecretario Hugo López-Gatell, quien este fin de semana, en un programa de TV, se atrevió a decir que el reclamo de medicamentos para niños con cáncer tiene “tintes golpistas” y advirtió que el caso de la escasez de fármacos para niños con cáncer “son un tipo de narrativas de golpe”, que en América Latina se traduce en un “golpe de Estado”, lo cual, valga decir, lo ha vuelto a poner en el ojo de la polémica y ha irritado a más de uno. Como sea, es una tristeza que este caso se haya politizado en vez de poner al paciente en el centro de la atención.