Antonio Cuellar

El efecto de la dilución. ¿Cómo la manada enfrenta el peligro?

¿Es posible que, después de haber demostrado hasta ahora una lealtad inquebrantable al líder del movimiento, la presidenta haya roto acuerdos o relaciones a causa de la decisión “unilateral” de Rocha Moya de regresar al gobierno?

El fin de la opereta todavía no se vislumbra. Los números musicales que hasta ahora se han representado sólo dejan ver desorientación, preocupación y, por momentos, desesperación. El público espera que, cuando finalmente caiga el telón, la protagonista imponga la ley —que sí es la ley— y la haga valer frente a todos los integrantes del elenco que decidieron quebrantarla.

A pesar de que la tesis predominante sobre los hechos ocurridos el viernes pasado apunta a una fractura al interior de Morena, existen indicios que la contradicen y obligan a explorar otras explicaciones.

¿Es posible que, después de haber demostrado hasta ahora una lealtad inquebrantable al líder del movimiento, la presidenta haya roto acuerdos o relaciones a causa de la decisión “unilateral” de Rocha Moya de regresar al gobierno? ¿Es creíble que el “destape” de Omar García Harfuch en Argentina haya provocado tal malestar en el expresidente como para desencadenar una intentona de golpe político en Sinaloa? ¿Es verosímil que, justamente el día en que todo ocurrió, la presidenta haya enfermado de gripe?

Otros dos cuestionamientos alrededor de esta misma trama vienen a la mente: ¿por qué ya nadie habla de la carta que Andy dirigió al presidente Trump? ¿Qué orilló al “gobernador” de Sinaloa a solicitar nuevamente licencia poco más de un día después de haber retomado el cargo?

Es posible, desde luego, que exista una fractura al interior del grupo; sin embargo, tampoco puede descartarse una maniobra dirigida a proteger al sucesor y distraer al público, a un costo que todos los mexicanos podríamos terminar pagando: la relación de nuestro país con los Estados Unidos de América.

En el estado actual de las cosas, conviene analizar la trama que se desarrolla entre el partido, el gobierno y los Estados Unidos de América, así como el rumbo al que podrían conducir al país entero. Dos asuntos resultan particularmente delicados: la carta que Andy dirigió al presidente estadounidense y la acusación formulada por un gran jurado del Distrito Sur de Nueva York contra Rocha Moya y otros funcionarios y exfuncionarios sinaloenses, por una presunta conspiración para importar narcóticos a los Estados Unidos y delitos relacionados con armas.

Sobre la carta y lo ocurrido el viernes pasado, viene a la memoria la vieja historia del boi de piranha. Se cuenta que algunos boiadeiros amazónicos hacían entrar al río un animal viejo, enfermo o de escaso valor, al que incluso herían, lejos del punto por el que debía cruzar el resto del ganado. Mientras las pirañas se concentraban en esa presa, los animales más valiosos atravesaban el río con mayores posibilidades de sobrevivir.

Ante la rapidez con la que crece la corriente, la intempestiva ausencia de la presidenta de la conferencia mañanera y la condena prácticamente unánime de los gobernadores morenistas contra Rocha Moya, resulta inevitable pensar en él como ese boi de piranha: el animal que se sacrifica para proteger al resto de la manada. Una estrategia que, en este caso, habría servido para proteger al sucesor, borrar el mal sabor de boca dejado por la carta y trasladar la atención hacia un terreno mucho más escandaloso, aunque quizá menos peligroso para el núcleo del movimiento.

El punto es que algo debió salir mal. La inmediata marcha atrás revela que la función no siguió el libreto previsto. ¿Actuó por cuenta propia y recibió después la instrucción de abandonar una estrategia mal recibida por la opinión pública? ¿Llegó algún mensaje desde Washington que obligó a corregir el rumbo? Son preguntas que, por ahora, siguen sin respuesta.

Ante la necesidad de superar el peligro que representa la eventual revocación de más visas, o la apertura de nuevas investigaciones y procesos ante los tribunales estadounidenses, la imagen del boi de piranha resulta insuficiente.

El presidente Trump no se distrae tan fácilmente y, en este caso, el grupo ya no espera en la ribera para cruzar el río: está atrapado en una isla, rodeado por el agua y obligado a escoger un rumbo preciso si quiere sobrevivir. Si la brújula falla, no perecerá en la orilla, sino en aguas abiertas, buscando una salvación que nunca encontrará.

En la sabana africana, los ñus enfrentan un desafío semejante. Cada año deben cruzar ríos caudalosos infestados de cocodrilos para llegar a las llanuras donde encuentran alimento. La biología ha desarrollado una estrategia distinta de la que la tradición atribuye a los boiadeiros brasileños: la seguridad por número, conocida como el efecto de la dilución.

Para un ñu aislado, cruzar el río es casi una sentencia de muerte. Pero cuando cientos lo hacen al mismo tiempo, la capacidad de los depredadores resulta insuficiente para capturar tantas presas. Aunque algunos individuos mueren, la probabilidad individual de ser capturado disminuye conforme aumenta el tamaño del grupo. En el interior de esa masa, algunos individuos quedan menos expuestos a los depredadores que aquellos situados en la periferia.

La naturaleza enseña que, cuando el peligro amenaza la supervivencia de la manada, el instinto no siempre consiste en salvar a todos, sino en proteger aquello que resulta insustituible para preservar al grupo.

Si la protagonista conserva la capacidad de definir el desenlace de esta opereta, bien podría optar por esa lógica: cerrar filas, concentrar la protección sobre el núcleo esencial y dejar expuestos, en la periferia, a quienes hoy representan el mayor costo político.

La narrativa de la honestidad ha dejado de ser suficiente para contener la crisis, mientras la desorientación del liderazgo se hace cada vez más visible. “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación”; “el poder que olvida al pueblo termina enfrentándose a la historia”.

La respuesta no estará en esas frases, sino en las decisiones que se adopten cuando la corriente obligue a escoger quién permanecerá en el centro de la manada y quién será abandonado a su suerte.

¿Elegirá la presidenta a los miembros de la manada que deberán quedar en la periferia para salvar al grupo? Todo parece indicar que, si no lo hace, será ella quien termine enfrentándose a la historia.

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