Antonio Cuellar

Injerencias

Darle al gobierno en turno la posibilidad de calificar qué es “intervención” garantiza la invalidez de todas las elecciones por venir en las que no tenga un resultado favorable a sus propios intereses.

Injerencia se define por la Real Academia de la Lengua como la acción o el efecto de injerirse; y encuentra como sinónimos a las siguientes palabras: intromisión, intrusión, entremetimiento, entrometimiento, mangoneo, curiosidad, descaro o fisgoneo.

Uno se entromete en algo cuando interviene en asuntos ajenos sin tener derecho, necesidad o invitación para hacerlo.

México tiene en su mandato constitucional una forma de gobierno democrática, a través de la cual reconoce la participación directa de sus ciudadanos en la elección de sus gobernantes.

No se trata de una idea aislada, es una determinación nacional que armoniza con compromisos asumidos por el país en el ámbito internacional.

La Carta de la Organización de Estados Americanos, la Carta Democrática Interamericana, la Carta de las Naciones Unidas y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos comprometen a México a respetar la democracia como modelo de vida, sin intervención ni injerencia externa que afecte los procesos de elección que lleve a cabo para definir su sistema político, económico y social.

La injerencia o intervención de todo Estado extranjero en la vida interna de cualquier país es vista, desde luego, como una afectación natural a la soberanía y al principio de autodeterminación de los pueblos; pero es este último principio, el de la autodeterminación, el que en estas fechas cobra especial relevancia.

En un mensaje que el secretario de Estado de los Estados Unidos de América, Marco Rubio, dirigió la semana pasada al pueblo cubano, hizo una explicación breve aunque suficientemente detallada de lo que es la compañía GAESA; una empresa privada en manos de las Fuerzas Armadas Cubanas, que tiene bajo su encargo la administración de los ingresos que representan el 70% de la economía de la isla. Es ese mecanismo el que ha impedido a los cubanos gozar de auténtica libertad.

El conflicto de interés es clarísimo, al apreciarse cómo es que la organización de defensa del Estado en la que se confía el monopolio de la violencia legítima para imponer el orden público se involucra simultáneamente en el control total de una economía.

Si la isla tuviera un auténtico sistema democrático y se autodeterminara, el pueblo habría revocado la encomienda y arrebatado tal riqueza de las manos de tan corrupta corporación.

De ahí que, ante el pronunciamiento anónimo de los diputados que conforman el “Grupo de Hermandad México-Cuba”, en el que condenaron las acusaciones que el Departamento de Justicia de los EU fincó contra Raúl Castro por el derribo de aviones en 1996, admita el legítimo cuestionamiento elevado por el exembajador de los EU en México, Christopher Landau.

¿Hay un ejercicio real de autodeterminación del pueblo cubano frente a una dictadura que no ha permitido elecciones libres a lo largo de sesenta y siete años? ¿Puede hablarse de injerencia internacional contra el gobierno de Cuba cuando mediante el ejercicio ilegítimo del poder público ha mantenido sometida a una nación entera?

La iniciativa que ha presentado el senador Ricardo Monreal, a través de la cual pretende imponer un candado constitucional para que cualquier elección sea inválida si llegara a existir injerencia internacional, es terriblemente peligrosa, como simultáneamente inconvencional. Está inmersa, precisamente, en la problemática que arrojan las consideraciones anteriores.

¿Hasta qué punto una participación de extranjeros se definirá como acción de intervención? La legislación electoral vigente permite la participación de visitantes internacionales y observadores que, sin contradecir la competencia gubernativa en el ramo electoral, den testimonio de la legalidad de los procesos electorales que se realicen en México.

Darle al gobierno en turno la posibilidad de calificar qué es “intervención” garantiza la invalidez de todas las elecciones por venir en las que no tenga un resultado favorable a sus propios intereses, por la mera asistencia de visitantes internacionales y observadores.

Las reformas constitucionales que impulsa la mayoría gobernante en el Congreso tienen impresa la idea de que será el mismo grupo el que mande a perpetuidad. ¿No les estorbará a ellos mismos su propia reforma, si pierden la elección? Fue la izquierda mexicana la que impulsó la creación misma del andamiaje institucional electoral que hoy se mantiene vigente y la llevó al poder. ¿Cuál es el sentido o propósito subyacente de alterar dicho sistema?

El punto clave es que, ante la posibilidad de que un régimen de gobierno se enquiste, con la connivencia de las Fuerzas Armadas, el régimen democrático que consagra la Constitución se habrá violado y trascenderá al ámbito de las convenciones internacionales que hoy nos interesan.

Una simulación de democracia, claramente, no es democracia. Conforme a los tratados internacionales firmados por México, la comunidad internacional sí podría y debería involucrarse y entrometerse en la vida interior del país para lograr rescatar, en un momento dado, a un pueblo sometido por su propio gobierno, si ese llegara a ser el caso. El rescate de la nación no es intromisión ni injerencia.

Visto desde un punto de vista internacional, la iniciativa de reformas que anunció el senador Monreal sólo muestra desnudo al emperador, y nos obliga a mirar hacia nuevos rumbos, en los que la evolución de la comunicación y la vida global conmina a que la humanidad entera se involucre activa y afirmativamente en la conservación de la democracia como modelo institucional de vida para todo el planeta.

Increíble es que, en esta etapa de la historia de México, tengamos que estar pensando en tan oscuras disyuntivas y posibilidades.

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